(7 años de extravagantes aventuras)

viernes, 31 de agosto de 2012

La batalla de los cinco ejércitos (de nerds) PARTE I

Hacía mucho tiempo que quería contar esta anécdota... pero hasta hace poco no me he atrevido a plantarme frente al teclado y narrarla como se merece. Me parece especialmente pertinente ahora que Peter Jackson ha decidido hacer "El Hobbit" y, ya de paso, adaptarlo en nueve putas horas cargándose toda la magia y sentido de la obra original. No, mi historia no tiene nada que ver con el cine.

Esta gran aventura tuvo lugar hace muchos, muchos años, cuando vuestro narrador era un tímido adolescente con poco dinero y una admiración no correspondida hacia el sexo opuesto (cosas que, en realidad, no han cambiado demasiado). En aquel entonces, tenía aficiones un tanto extrañas. Una de ellas me atormenta. Y ha llegado ya el momento de confesarla.

Lo cierto es que consumía todo tipo de productos de entretenimiento relacionados con el infame universo de la fantasía chunga. Primero los libros, más tarde películas, comics e incluso música. Luego vinieron los juegos. Juegos de ordenador, juegos de cartas, juegos de mesa y, obviamente, juegos de rol. Pero, claro, para un yonqui del frikismo como yo, aquello no era suficiente. No me bastaba con mi dosis habitual de warhammer para cubrir mis antinaturales necesidades. Una tarde de Dungeons & Dragons apenas me colocaba. Necesitaba algo más fuerte. Y lo encontré. Resumiendo, así es como entré, junto con mis bienintencionados colegas, en un universo sórdido y tenebroso. Me refiero obviamente a...

EL ROL EN VIVO

Decidimos empezar fuertecito. Si íbamos a meternos en esto había que hacerlo en serio. No íbamos a comenzar nuestras hazañas con batallitas de un día ni mariconadas de recreaciones históricas. Queríamos espectáculo, queríamos implicación, queríamos peligro. Queríamos sentirnos, de verdad, en la piel de un héroe perteneciente a otro tiempo y otro lugar. Nos fijamos en un evento de fin de semana que estaba siendo organizado por la "Sociedad Tolkien española" (una secta que da más miedo que la del emperador Xenu).

Nos enteramos de todo el percal por internet, obviamente. Estábamos suscritos a la lista de correo oficial. ¿Os acordáis de las listas de correo? Madre de Dios. Que espanto. Aquella era, también, la época del "modem". ¿Os acordáis de los "modem"? Madre de Dios. Que espanto.

Echando la vista atrás, no sé como perdí tanto tiempo con semejantes gilipolleces. Aunque lo más probable es que, dentro de unos años, piense exáctamente lo mismo de este puto blog.

¿De qué estaba hablando? Oh, sí.

La puñetera "Sociedad Tolkien española" estaba organizando un macro-evento épico del rol en vivo. Basado en uno de los pasajes más celebres de "El Hobbit". Hablo, como no podía ser de otra forma de...

¡¡LA BATALLA DE LOS CINCO EJÉRCITOS!!

Más adelante descubriríamos que el 90% de los participantes nos doblaba la edad. Pero voy a dejar este tipo de revelaciones para el segundo capítulo.

Hicimos nuestra reserva con celeridad. Pero se conoce que nos enteramos tarde del asunto, por que ya no quedaban papeles molones. En total éramos cuatro friksi sedientos de emociones fuertes. Y tres de nosotros tuvimos que lidiar con humanos apestosos. Granjeros de las afueras de la ciudad o algo así, no me acuerdo muy bien. Lo cierto es que no prestamos mucha atención a los resúmenes que nos mandaron por email ni a las fichas de personaje que nos dieron. En parte por que nuestros nombres eran jodidamente impronunciables, en parte por que nuestras habilidades eran inútiles y en parte por que nuestro trasfondo parecía escrito en quince minutos por un lemur puesto de crack.

Sin embargo, un miembro del grupo sí consiguió un rol relevante. El compañero se hizo nada menos que con el senescal de los elfos. Ahí es nada. Esta persona está ahora, atención, en HARVARD. De forma que, probablemente, acabaría con mi vida si diera su nombre. Pero sí, empezó su carrera política disfrazado de mamarracho entre gente que le sacaba quince años. Sólo diré esto: hasta la más hermosa perla no deja de ser el vómito de un molusco repugnante.

Ahora debíamos fabricar nuestros ropajes medievales y (atención, que viene la parte más divertida) nuestras espadas.

El combate era "real", pero debían utilizarse siempre armas acolchadas, se prohibían los impactos en la cabeza y era necesario retener los golpes. Nosotros, que éramos unos putos salvajes, creímos que bastaría con llevar espadas de esgrima recubiertas de cinta aislante o algo así. Pero, al parecer, esta gente tenía una política muy estricta con respecto a los artefactos podían llevarse al campo de batalla. Ningún arma que no pasara un concienzudo test podía entrar en el juego.

De forma que había que fabricar el arsenal desde cero. ¡No es problema!

Nunca he presumido de mi destreza como artesano. Básicamente, por que soy un negado total en la mayor parte de los trabajos manuales. ¿Sabéis eso que dicen, de que lo único importante es la paciencia y las ganas? ¿Que si pones esfuerzo en algo siempre lo conseguirás, sin importar la suerte o tus aptitudes? Pues no es el caso.

Yo decidí forjar un mandoble fotorealista con láminas de cartón superpuestas, pegadas con superglue. Pasé varias semanas diseñando el invento y, mas adelante, construyéndolo. Recubrí el puñetero cartón con gomaespuma y, tras esto, decoré la espada. Para este último paso utilicé tela plateada en el filo y tela blanca en la parte roma (pues me permitía pintar originales diseños con rotulador). Más tarde, tuve un último contratiempo. El mango se dobló al terminar el invento. No hay problema. Lo "soldé" con un pedazo de madera y cubrí el remiendo con una cuerda bien ajustada. Ni Hattori Hanzo, amigos.

Asi nació "la espada de He-man", un vergonzoso artilugio con aspecto de varano muerto que había que agarrar como si se tratase de un cartón de leche. No sólo era fea, sino incómoda de manejar, poco resistente y, contra todo pronóstico, letal cual motosierra.

Pero, asombrados lectores, "la espada de He-man" no era rival para lo que uno de mis amigos había preparado. Un tubo metálico recubierto de varios centenares de capas de cinta americana blanca, con una pelota en la punta a modo de glande. Y pintado en tonos violáceos. El resultado era una descomunal abominación más dura que el diamante y más antiestética que un cáncer de páncreas. Todos cuanto la han visto han sido incapaces de sacarla de sus pesadillas. Bautizamos esta cumbre de la ignominia como "la polla morada".

Lo de los disfraces no fué difícil. Todo el mundo sabe que una tunica y un gorro valen para prácticamente cualquier mundo de fantasía.

¡¡Ya estábamos pertrechados!! La epopeya daría comienzo muy pronto...

CONTINUARÁ...

5 comentarios:

Lycos dijo...

Se me saltan las lágrimas!!!

Kike dijo...

Y a mi, te lo aseguro.

Ash dijo...

Que no, que no. Que este blog es una buena aportación al universo, no una gilipollez. Maldice De antemano levantando el puño al Kike del futuro por si piensa así.

Y aquí falta alguna imagen del evento. La narración es muy buena, pero queremos material gráfico.

Erekíbeon dijo...

Santo Crom, y ésto solo es la primera parte...

Y aunque no he visto la polla morada, que sepas que su mera descripción ya me ha costado 1d6 puntos de COR.

Pandiko dijo...

Ver a alguien blandir La Polla Morada y que no sea esquimal debe ser la leche