(7 años de extravagantes aventuras)

lunes, 6 de agosto de 2012

El príncipe de las zorr...


"El  príncipe de los zorros" es un filme de 1949 basado en la novela de Samuel Shellabarger y dirigido por el prolífico Henry King. Sus protagonistas no son otros que Tyrone Power como el héroe Andrea Orsini y Orson Welles como el pérfido César Borgia.
 
Se trata de un drama de aventuras histórico ambientado en la italia renacentista. Es interesante ver como la historia evoluciona desde una suerte de "cine de gangsters" ambientado en la edad moderna hasta abrazar el género épico. Al parecer la mayor parte de las secuencias se rodaron en localizaciones reales de italia, con los interiores en los estudios Cinecittá, proporcionando de este modo mayor veracidad a las imágenes.

El protagonista es un emisario de César Borgia, Andrea Orsini, un inteligente muchacho nacido en la pobreza que cree que escalará en la sociedad si se codea con el malvado señor de Roma. Al principio, todo funciona las mil maravillas, y Orsini resulta ser un siervo excelente en la guerra, la política e incluso las artes. Las cosas cambiarán cuando este vividor sin principios se enamore de una noble dama de cabellos dorados...

A partir de aquí veremos traiciones, cuchilladas, duelos, intentos de asesinato, mentiras, cargas de caballería y... amor, claro.

Los valores de producción, como se exige de un título de estas características, son grandiosos. En ningún momento sentimos que los conspiradores sean fantoches disfrazados en escenarios de cartón piedra. Muy al contrario, nos sentimos transportados al siglo XVI.

Pero lo mejor de la película es, como cabría esperar, el villano interpretado por Orson Welles. Su César Borgia, muy alejado de interpretaciones posteriores del personaje, no sólo resulta cruel, mentiroso y despreciable sino, además, un cínico tremendamente elegante y cautivador.


Las escenas de acción son escasas y no demasiado largas, pero extremadamente intensas y muy bien rodadas. Mención aparte merece el espectacular asedio que tiene lugar hacia el último tercio de la película, en el que veremos cientos de balas de cañón bolando, combates en las almenas y hombres gritando de dolor bajo el aceite hirviendo. El blanco y negro, como de costumbre, limpia un poco de violencia la secuencia, pero sigue siendo una de las recreaciones mas reales de "asalto a un castillo" que he visto.

Como suele ocurrir en estas superproducciones de antaño, el elemento romántico es el rey absoluto de la trama. La pareja protagonista no tiene demasiada química, pero la chica es guapísima y, a medida que avanza el metraje, te crees un poco mas su (castísima) relación.

Quiero destacar el papel de Everett Sloane como Mario Belli, el asesino. Un magnífico secundario que en ningún momento bien sabes si cuenta como "aliado" o "enemigo". Divertido, a la vez que peligroso, patético a la vez que astuto. Cuando aparece pro primera vez, uno no piensa que su rol vaya a ser fundamental... ¡pero vaya si lo es!

El final es bastante decepcionante, eso sí. No lo revelaré aquí, pero debo decir que no propone ningún giro a nivel argumental, ignora al personaje de César y, además, incluye uno de los clímax más sosos de la historia del cinematógrafo.

Supongo que a los aficionados a este tipo de filmes no les sorprenderá lo mas mínimo el devenir de los acontecimientos. Uno sabe como suelen empezar estas cosas, como siguen y como acaban, no nos engañemos. Quizás no haya un justiciero musculoso pero, al final, gana quien gana y pierde quien pierde y no se puede decir que exista un gran suspense en eso. Aun con todo, hay que señalar lo bien que se ha construido la trama, haciendo uso de unas brutales elipsis y sin abusar del diálogo explicativo (uno de los grandes males de nuestro tiempo).

Recomendada. Aut Caesar, aut nihil.


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