(7 años de extravagantes aventuras)

sábado, 5 de mayo de 2012

¿TE ACUERDAS DE... BALLENAS BALCÁNICAS?

No han pasado muchos años, pero lo cierto es que ya nadie recuerda a aquella banda que murió a tan sólo unos centímetros de la orilla llamada Ballenas Balcánicas y cuyo legado, a pesar de haber sido sepultado por toneladas de arena, polvo y hollín, sigue perdurando en el corazón de muchos de nosotros. Julián Hoces, Manuel de la Reina, David Ayuso y Joseba Sánchez-Picón eran un bólido perfecto que saltó por los aires apenas unos minutos antes de que el tiempo de la ilusión fuera enterrado por el del cinismo.

Julián y Manuel crecieron juntos en el barrio de La Rada, siempre codo con codo en una época en la que no convenía ir solo por ahí. Mientras ellos jugaban a las chapas, los chicos unos años mayores descubrían la heroína. Nos robaban a diario, te lo quitaban todo -cuenta Julián. En verano salíamos a la calle en bañador para que vieran que no llevábamos nada y nos dejaran en paz. Ni siquiera usábamos calcetines, nos sangraban los pies jugando al fútbol en el descampado. Unos años después nos vengamos, el barrio se convirtió en un zombieland y hacíamos lo que queríamos con ellos, les vendíamos analgésicos machacados como si fuera cocaína y al día siguiente ni siquiera se acordaban. No les colocaba mucho pero a ningún yonqui en todo San Marcos le dolía la cabeza.

Uno de esos chicos murió de sobredosis y su familia tiró todas sus cosas a la basura, entre ellas una guitarra destartalada. Manuel se levantó de madrugada sin que su familia pudiese oirle y la cogió. Tuvo que hacerlo a escondidas porque aunque el barrio era un manicomio, había una ley no escrita según la cual se respetaban las pertenencias de los que morían por la droga. Era un código de respeto, un luto. Manuel restauró la guitarra y la dejó irreconocible. su padre, que era conserje en unas oficinas, hacía barquitos de madera en su tiempo libre, así que tenía el material y sabía cómo hacerlo.

De repente los dos chavales desaparecieron de la calle y aprendieron a tocar juntos machacando los discos de Dylan y los Rolling Stones del hermano de Manuel a quien habían destinado a Cartagena a hacer la mili. Mi abuela y mi madre estaban empeñadas en que hiciera la confirmación, unos meses antes las había dado largas pero vi que no podía desaprovechar esa oportunidad y accedí a hacerla a cambio de una guitarra eléctrica y un amplificador. Sonaban a rayos pero ya había subido a otro nivel - recuerda Julián. Echábamos muchas horas en mi casa porque no había nadie durante el día y aprendimos a tocar y cantar casi de un día para otro. También empezamos a hacer nuestras propias canciones, aún eran en inglés porque estábamos enganchadísimos a Chuck Berry. Pero cuando escuchamos a Leño por primera vez... aquello fue una revelación, nunca he vuelto a sentir nada parecido. Tenían el sonido que nosotros andábamos buscando y las letras hablaban de un mundo que era el nuestro. El primer disco de Barón Rojo también fue importante.

Un día apareció por la avenida de Vizcaya un chico con una camiseta de Kiss, se trataba de David Ayuso, un joven tímido de clase acomodada que había llegado al extrarradio en busca de algo que meterse. La familia de David vivía en la calle Murillo, cerca de la glorieta de Espronceda y tenía un estanco, su padre trabajaba en él por cuidar del negocio más que por necesidad ya que el establecimiento era una enorme caja registradora. Al padre de David no le preocupaba que estudiasen pero siempre alentó a sus hijos a que tuvieran sus propios negocios, de hecho su hermana Maríángeles abrió un restaurante en Santa Cecilia. Sin embargo, David nunca pareció proclive a dedicarse a lo que a su padre le hubiera gustado, era extremadamente introvertido y sus únicos amigos eran los libros de Salgari y Mark Twain que su madre le regalaba y que él se encargaba de ilustrar en cuadernos durante horas. 

Todo cambió el día en que vio la portada del nuevo disco que su hermana había comprado: Dynasty. Kiss suponían para él una evasión como lo habían sido antes las novelas de aventuras y se obsesionó tanto con los personajes como con la música. En especial con ese demonio creado por Gene Simmons, de manera que quiso tener un bajo antes de saber lo que era. Lo vimos bajar por el parque con la cabeza gacha y nos pusimos a hablar con él. Le costaba mucho mirarte a la cara y casi no le oíamos de lo bajito que hablaba.

Con la confirmación recién hecha, Julián no tuvo ningún problema para que les dejasen ensayar en uno de los locales de la parroquia. Con la ayuda de Gregorio López, un camarero veinte años mayor que ellos y que había tocado en orquestillas, empezaron a crecer como músicos mientras esperaban ansiosos una primera actuación. A pesar de que las cosas empezaban a funcionar, tenían muy claro que aún faltaba una pieza para terminar el puzzle... continuará...

¡Y la próxima semana... más Poder Friki!

Ernestone