(7 años de extravagantes aventuras)

domingo, 20 de mayo de 2012

El gitano hipnótico


"Black magic" es una producción épica de Edward Small basada en la novela de Dumas "Joseph Balsamo, mémoires d'un médecin". Se empezó a rodar en Octubre de 1947 pero, por continuos retrasos en la producción, no se estrenó hasta Agosto de 1949.

El indiscutible protagonista es Cagliostro, un farsante del siglo XVIII que decía haber vivido cientos de años y tener poderes más allá del entendimiento humano. Un tipo muy salado que existió en el mundo real y del cual se sabe muy poco. No es esta la primera aparición cinematográfica del susodicho personaje, pues hay tres versiones mudas previas. Más tarde, ha aparecido esporádicamente en el audiovisual. Incluso sale en una espantosa infraproducción de Jess Franco. Allí era una especie de supervillano pervertido con un montón de extraños fetiches sexuales.

En el filme que hoy nos ocupa, el rol de tan ilustre hechicero lo interpreta nada menos que el glorioso Orson Welles, que pone cara de "yo molo y usted no" durante todo el metraje. Es hecho conocido que el propio Welles dirigió parte de la peli. Aunque yo quisiera saber que partes excáctamente, por que el resultado es tremendamente impersonal. ¡Supongo que es imposible tener a Orson Welles de estrella y esperar que no toque las pelotas...!

Llegados a este punto, un hermoso resumen del argumento que he elaborado yo mismo:

Joseph Balsamo es un gitano francés que observa como sus padres son injustamente condenados por un noble local, el Vizconde de Montagne. El muchacho escapa, ayudado por los miembros del clan, y huye a Alemania.

Años después, Balsamo, junto con una morenaza y un colega gordo (lo único que hace falta en la vida) se gana la vida con un espectáculo de magia ambulante. El tipo es un experto charlatán. Pero lo que no parece saber es que tiene auténticos poderes relacionados con la hipnosis. El doctor Franz Mesmer observa como el gitano salva la vida a una anciana con el poder de su mente y decide llevárselo a su casa, para que pruebe suerte con alguno de sus pacientes. Balsamo tiene un talento natural que fascina a Mesmer y este le propone que trabajen juntos por el bien de la humanidad. Pero el gitano, ahora que sabe usar su don, decide usarlo para ganar fama y fortuna. Cambia su nombre por el de Conde Cagliostro y empieza a ganar cantidades indecentes de oro ayudando a la alta nobleza.

Nuestro héroe acaba de este modo reencontrándose con el pérfido Montagne. Pero, en lugar de ejecutar su venganza, decide ayudarle. Pues él tiene bajo su poder una mujer, llamada Lorenza, con un sorprendente parecido a la reina Maria Antonieta. Juntos parten a París, a la corte de Luis XV, dispuestos a llevar a cabo la estafa definitiva. En el camino, Cagliostro se enamora de Lorenza, lo cual provoca los lógicos celos de su morenaza y el descontento del amigo gordo. ¡Ay, que rápido los héroes se convierten en villanos!

Lo que pasa es que Lorenza tiene de noviete un joven soldado que luchará por recuperarla.

A partir de aquí la trama da muchas vueltas y las intrigas palaciegas se suceden sin orden ni concierto. Los personajes dedican su tiempo a traicionarse, diseñar planes la mar de descabellados y demostrar sus habilidades dialécticas en tediosos duelos de ingenio. Muy complicado todo.

Finalmente, la estafa fracasa. Luis XV muere y los tres personajes principales acaban en presidio. Esto es, el Vizconde, el soldado y Cagliostro. Pero el brujo, en realidad, esta ahí por que quiere y usando sus poderes logra que el guarda le libere para matar a Montagne. Tras esto, regresa a su celda.

El plan de Joseph Balsamo va más allá de ganar unas monedas. Él desea instigar una revolución que le ponga como líder supremo, al frente de la nación más poderosa de la Tierra. Durante el juicio, utiliza su carisma y sus dotes como charlatán para confundir a los jueces y avivar la ira del ejército de campesinos que escucha sus parlamentos.

En ese momento, llega Franz Mesmer, que cuenta toda la verdad. Y con sus propios poderes hipnóticos, consigue que Cagliostro confiese sus planes, ambiciones y orígenes.

Viendo que ha perdido, Balsamo huye con Lorenza, cargándose todo lo que se encuentra en su camino. Ni King Kong. En el espectacular desenlace, el joven soldado mantiene un duelo de sables con el protagonista en la cúpula del edificio más alto de la ciudad. A la vista de toda la población, obviamente. La destreza de ambos contendientes es realmente admirable pero, finalmente, el vigor de la juventud se impone sobre la veteranía... y Cagliostro es atravesado por dos palmos de acero.

Orson Welles se estrella contra los adoquines y fin.


Cuando uno escribe películas sobre nombres del pasado con un cierto halo mítico, siempre existen dos caminos a seguir. Uno de ellos es optar por la veracidad histórica y construir a un personaje humano y falible. Destapar el fraude y mostrarnos a la persona que hay detrás. El otro camino es zambullirse en las leyendas. Decir, "todo cuanto has oido es cierto" y dejarse admirar por las fantásticas cualidades de un hombre que, en realidad, nunca existió.

Lo curioso es que este título opta por ambas vertientes al retratar al Conde Cagliostro. Por un lado, es ilusionista y embaucador. Por otro, tiene auténticos dones preternaturales. Como idea, también resulta interesante un enfoque que trate de coger "lo mejor" de los dos mundos. Pero resulta muy difícil que funcione. El experimento suele quedar atrapado en la frontera. ¿Y que pasa con "Black Magic"? ¿Triunfa o fracasa? Pues ni una cosa ni la otra.

Ahora la visión crítica del asunto. La película... está bien. Sin más. Es decir, podría usar muchas palabras y sacar significados ocultos a cosas que no lo tienen. Pero, la verdad, es que esta cosa no es ni especialmente ni buena ni especialmente mala. Del montón, digamos. Un entretenimiento de aventura cuya condición de clásico le proporciona cierta dignidad.

Vamos primero con lo que no me ha gustado:

-Hay un prólogo con Alejandro Dumas que sobra totalmente.

-Salvando el clímax final, los (escasos) combates con armas blancas están rodados sin demasiado arte ni emoción. Tampoco hay explosiones, por cierto.

-Tras un buen principio, el argumento se vuelve algo pesado y errático en su parte central. De repente, las cosas parecen no ir a ningún sitio. Y el plan del protagonista no me queda nada claro, la verdad. Igual es que soy tonto.

Ahora lo que sí me ha gustado:

-Welles domina la escena cada vez que aparece. Sus miradas de pícaro sinvergüenza tienen un encanto rara vez visto en el cine. Su voz iracunda es un regalo de los dioses.

-El propio personaje de Cagliostro tiene un arco claro de "héroe del pueblo" a "hijoputa sin escrúpulos" muy conseguido. Esto se ve muy bien reflejado en la relación que mantiene con su novieta de toda la vida, a la cual acaba tratando con total desprecio por una rubia de la que se ha encaprichado y a la cual tiene esclavizada bajo su poder.

-Hay un par de escenas con Joseph Balsamo de una fuerza dramática sobrecogedora. Por ejemplo, cuando se presenta por primera vez en la corte de Luis XV. Tras sufrir las burlas de los nobles, logra humillarles a todos usando sus extraordinarias habilidades. Otra ocasión memorable es cuando cuenta sus siniestras maquinaciones a un buen amigo gitano, mientras realiza extraordinarios juegos de manos. De los labios de Cagliostro sólo surge ponzoña, asesinato y traición. Pero a ojos del niño que les acompaña, son simpáticos trucos de magia.

-¿He dicho ya que sale Orson Welles?

Resumiendo: la película se mantiene sólida cual diamante mientras el buen Cagliostro permanece en pantalla. Nunca nos cansamos de las peripecias de este trágico farsante. En cuanto la acción se centra en cualquiera de los otros personajes, la cosa se cae como un castillo de mantequilla bajo el sol de verano. Las vidas de esos fantasmones no tienen el menor interés y algunos diálogos provocan auténtica vergüenza ajena.

Pero no me puedo despedir sin el detallito frikoso del día. Al parecer, Small gastó una cantidad indecente en promoción, adelantándose a su tiempo con algunas técnicas de "publicidad viral" insólitas en los años 40. Y es que, para promocionar el filme, se hizo un número especial deSuperman protagonizado por el propio Welles disfrazado de Cagliostro. Con marcianos, por supuesto. La hostia.