(7 años de extravagantes aventuras)

sábado, 28 de abril de 2012

ENCUENTRO CON MIGUI MIRANDA 1ª parte

Nos reunimos para comer, como muchos otros viernes, en el Bar Asturias de Canillas. Miguel hace gala de su cambio de hábitos presumiendo de haber recorrido por la mañana la Casa de Campo en bici y utiliza para demostrarlo una aplicación de su flamante smartphone. Pide para comer una ensalada acompañada de una jarra de cerveza... con Casera.
¿Estamos ante un nuevo Migui? Mientras dejamos que el tiempo pase y dicte sentencia y por si acaso añoramos un día de estos al locuelo irresponsable que fue nos disponemos, con un espíritu genuinamente antropológico, a hacer acopio de todos los recuerdos que aún puedan quedar en un rincón de su calavera. Escuchémosle:



La primera vez que pensé que acabaría tocando en un grupo fue con doce años o trece años cuando escuchaba los cassettes de Loquillo y Gabinete de mis hermanos. El bajo me tocó cuando unos amigos decidimos hacer un grupo, a Tuli le apetecía mucho tocar la batería y la guitarra tenía muchas cuerdas, yo aún no sabía tocar ningún instrumento y pensé que el bajo sería el más fácil. Ni me planteé cantar, era incapaz de hacerlo y tocar a la vez.
Conozco a Tuli desde los seis años, íbamos a la misma piscina, allí conocí también a Rebeca y Natalia. Así que con el tiempo empecé a salir por la Alameda. Cuando empezamos con el grupo, ensayábamos en los locales de las Mamis y allí conocí a la gente. Un día, yo llevaba una camiseta de los Black Crowes y un chaval se me acercó a decirme que le molaban y que si quería tocar el bajo con él, era Leiva. Él tocaba la batería y su primo Víctor la guitarra, ahí empezó Malahierba. 
Leiva era encantandor, durante años fue uno de mis mejores amigos. Víctor era como es ahora, una vez casi llegamos a las manos, rompió una ventana de un puñetazo y nos puso perdidos de sangre.


En esa época yo me dedicaba a repartir propanganda, me pagaban cincuenta mil pesetas sin contrato. Me echaron del Instituto San Isidro por no ir a clase, me pasaba el día bebiendo litronas en Puerta de Toledo. Mi padre hizo una cola superlarga para apuntarme en una FP de imagen y sonido y de allí también me echaron. Acabé siendo vigilante de los repartidores de propaganda. Me pasaba el día en la calle y me hice amigo de muchos vagabundos y yonquis.
Como no quería hacer la mili, me hice objetor de conciencia porque en aquella época la gente iba a la cárcel si eras insumiso. Me mandaron  a un ambulatorio de la Seguridad Social por Plaza de Castilla, me hicieron firmar un papel y a los dos minutos me fui porque tenía que empujar la silla de ruedas, estar con enfermos y cosas así, le dije a mis padres que no tenía que hacer nada y a los seis meses llegó una carta donde decían que había sido declarado insumiso. Al final llegó el ejército profesional y no pasó nada, pero mis padres estuvieron pagando mil pesetas al mes a unos abogados durante tres años.
No aparecía por casa y la relación con mi familia se hizo un poco tensa porque mis cuatro hermanos mayores cumplían con su hora de llegada y tenían carrera. 



Malahierba metimos a una chica que se llamaba Pilar, no duró mucho en el grupo pero su padre trabajaba en una empresa que pintaba las líneas de las carreteras y dio trabajo a Nico, Alfredo, Rubén, Leiva, Diego y nosequién más. Este señor era alcohólico perdido y una noche se subió al carrito de pintar las rayas y la calle Goya apareció por la mañana llena de eses y líneas torcidas.
Entonces metimos a Pitu y el grupo empezó a ser la ostia. Veíamos que Buenas Noches Rose hacían su propio material y empezamos a cambiar las versiones tipo Green Day por canciones propias. Sobre todo las hacía Leiva, yo escribí alguna letra. No pensaba en la música, en aquella época tenía mucha más imaginación que ahora. Una de esas se llamaba "Cuéntame mentiras", la tengo por ahí grabada.

La Alameda empezó a sonar por ahí porque Buenas Noches Rose ya habían sacado su primer disco y todo el mundo tocaba en El Camping. Entonces llegó un tío que dijo que tenía un sello y que quería grabarnos a Yoghourt Daze, Cabeza de Canoa, La Caseta del Perro y Malahierba. Al final, no supimos que pasó, algunos grupos grabaron pero todo se fue a la mierda.


Yo tenía un amigo que tenía una tienda de instrumentos en la calle Fernán González y nos puso en contacto con un tío que tenía un puesto en el rastro que se llamaba Johnny y quiso ser nuestro mánager. Consiguió que grabásemos una maqueta con un productor famoso, no me acuerdo del nombre. El caso es que al final nunca pasaba nada, así que me fui a Edimburgo...

Aquí termina el primer capítulo de las andanzas de Migui, en las próximas semanas conoceréis el desenlace... ¡Poder Friki!

Ernestone.

3 comentarios:

Gonza dijo...

Me excita, es poco.

Anónimo dijo...

¿Cuándo el segundo capítulo? Me excita bastante.

Ernestone dijo...

El próximo capítulo muy pronto, en cuanto Migui recupere la memoria.