(7 años de extravagantes aventuras)

viernes, 6 de abril de 2012

¡Cetros y bastones!

Es bien sabido por todos, que reyes, generales, ministros, nobles y demás figuras de autoridad no tienen dicha autoridad que tienen por que se la merezcan, por estar especialmente cualificados, respaldados o incluso por derecho divino. Nadie duda de esta realidad. Perom entonces, ¿en donde reside la fuente de todo su poder y regia autoridad? ¿Porque tienen derecho a ser los que mandan? ¿Que les diferencia de los pobres y miserables miembros del vulgo? La respuesta nos es familiar a todos, en la misma manera que lo son sus cargos y, a pesar de estar ante nuestras narices, pasa desapercibida.


                                                     "¡Y así os coronamos  reina de Aquitania!"


Son objetos de poder los que otorgan a estos individuos su autoridad. presencia y poderes quasi magicos. Estos artilugios han tomado muchas formas a lo largo de la historia, adaptándose a sus funciones, cargo, cultura... Desde bastones, cetros, varas y martillos, a carteras, coronas y cinturones. Desde el principio, los ojos  y entendimiento del incauto les atribuyen unas cualidades superiores. Que pronto se descubren como completamente ciertas. Estos artefactos de poder (representaciones y concentraciones de una fuerza y autoridad sobre ámbitos de la vida humana), han de ser respetados por todos los seres humanos, con la excepción de aquellos que sean poseedores de otro artefacto de mayor nivel. Son la extensión de la voluntad del portador, una herramienta de mando única en su especie, a pesar de su aparente falta de uso practico. Allí donde son transportados, envuelven a sus poseedores de una aureola de magna autoridad que a los simples mortales nos es imposible ignorar.


                               "¡Menuda presencia que tengo en el espejo! Todo gracias a ti, querido cetro!"




Si todas esas cosas son ciertas, los generales, déspotas, grandes caudillos, reyes y ministros de hoy (y ayer), hacen uso de estos objetos para alcanzar sus infames objetivos. Pero lo que pocos saben es que estos objetos, en realidad, no proporcionan cualidades mágicas. Sus portadores se creen poseedores de un gran poder y creen emplearlo para el propio beneficio, y eso basta para otorgarle valía y liderazgo. El mas claro ejemplo para los no entendidos en esta ciencia es el martillo. Sí, el martillo. Con solo sostenerlo, el portador puede sentir como su mismo ser se imbuye en una  rabia homicida y adquiere la necesidad de abrid y aplastar los cráneos de todos aquellos que le rodean, mucho mas si no se atienen a su "divino mandato". En manos de alguien que carezca de la mas férrea voluntad, el martillo terminara por poseer la mano que lo aferra, dando así rienda suelta a su recientemente adquirida necesidad de matar. Es por ello que solamente aquellos individuos con experiencia  de años y nervios de acero son capaces de sobreponerse a estos instintos y emborracharse en una sensación mucho mejor y adictiva: el saberse capaz y no hacerlo. Siendo conscientes, de este modo, de que pueden aplastar las cabezas de sus congéneres de un solo golpe y sin embargo, han tomado la elección de no hacerlo.





Pero todos ellos, todos y hasta el ultimo de los usuarios de objetos de poder, se ven corrompidos en mayor o menor medida por los mismos. Y es que estos poseen vida y voluntad propias, manipulando constantemente a sus "dueños". Hasta el día de hoy no ha quedado claro cuales pueden ser las ambiciones y planes de estos entes, lo único que queda claro es que están en todos los escalones de autoridad en todas las sociedades, de una u otra forma. Así pues recordad la próxima vez que estéis en presencia de dichos objetos... respetadlos a ellos y a sus portadores si en algo apreciáis vuestra vida. Y no, no tratéis de empuñarlos, al menos si no tenéis una voluntad de acero. Ya lo decía Sindri Myr en sus Reflexiones sobre el Universo "Todo poder requiere sacrificio y dolor, a ser posible el de otros"




                                                            "Yo tengo uno de cada, jejeje"

Como ya nos indicaba nuestro amigo Don Juan de Austria en su obra conjunta con  Philippe Pétain, Pedagogía en tiempos del Helenismo "No hay mejores juguetes y centros de ocio para un niño que aquellos hechos por el  mismo, palos afilados, barcos de corcho, cabañas y fogatas clandestinas. Han de ser cuando menos incentivadas por los padres, así como su libre uso por los jóvenes"

Hoy dos citas, que son mejor que una.


                                                                
                                                                       "Weeeeeeeee!"

2 comentarios:

Moniruki dijo...

¡Qué interesante, me ha gustado muchísimo!

Sonja dijo...

Pues sí, muy interesante, estoo y no sabrás por dónde anda la lanza de Longinos verdad?