(7 años de extravagantes aventuras)

viernes, 20 de abril de 2012

¡Cetros y Bastones! (Expansión): Los Sellos.

¡Muy bien! Continuemos con nuestras maravillosas mamarrachadas y completemos vuestra erudición en el tema de los símbolos de poder.


Resumiendo el capitulo anterior, para aquellos que se hayan olvidado (Como yo): en el mundo hay objetos que reúnen y simbolizan poder y autoridad, otorgan místicos poderes a sus portadores y en ultima instancia, tienen voluntad propia adueñándose de estos y siguiendo sus propios fines. O algo así.


          "Y tras serle entregada, el santo Varón procedió a incendiar la aldea al tiempo que gritaba ¡Yo tengo Bula!!"

Dicho esto, pasemos al apartado de hoy. Tema que obvié en la primera entrega a causa de sus singulares características. Los puñeteros sellos.

Los sellos, dependiendo del tipo que sean, pueden incluso extender su autoridad e influencia mas allá de donde están físicamente. La versión mas conocida son aquellos que portan aquellas personas de gran temple y abundante suerte en sus manos. Esta clase de sellos no solo reúne las características de un objeto de poder corriente, también aplica otras tantas que ahora procederemos  a explicar:

  •     Son usados por sus portadores para asegurar el sometimiento del vulgo y de aquellos cuyos objetos son de menor poder, teniendo que reconocer la superioridad del mismo.
  •      Pueden transmitir su presencia através de cera y tinta sobre el papel, con diluidos pero igualmente eficaces efectos sobre aquellos pobres miserables sobre los que se usa.
  •     Aquellos que busquen la aprobación o perdón de su portador, en mas de una ocasión, se encontraran hincando la rodilla y besando con la mayor devoción el sello.

 
El otro caso y mucho mas especial en mi opinión (ya que ejemplifica la naturaleza y voluntad propia de los objetos de poder), son los sellos y Bing Fu Chinos. Los Sellos chinos  tienen una serie de ligeras diferencias con aquellos a los que estamos mas acostumbrados. No representan solo el poder de un individuo, sino el poder y propiedad sobre unas tierras. En tiempos de la antigua china, Las principales ciudades y cargos poseían sellos que otorgaban y representaban la autoridad de su portador sobre las mismas, para gobernar y administrarlas lo mejor posible (esto solía traducirse en como les viniera en gana). Al igual que los sellos que muchos monarcas y nobles europeos llevaban en la mano, los sellos chinos también eran otorgados a oficiales y cargos de importancia en el Imperio, y eran usados para transmitir la autoridad a través de escritos.



Son innumerables los casos en los que, tras un largo asedio, los gobernantes de la plaza sitiada huían con el sello de la misma, que les representaba como legitimo dueños de la ciudad... dejando virtualmente con las manos vacías a aquel miserable que se atrevió a tomar las murallas sin preocuparse de capturar el sello también. O los casos en los que, por azares del destino (o la voluntad de estos fascinantes artefactos), eran encontrados por terceros. Individuos que, con dichos objetos de poder en sus manos, veían nacer alocadas ambiciones y quiméricos planes para apoderarse del universo. Pobres diablos.

Ahora bien, pasemos a los Bing Fu, o Autoridad de Mando. Son pequeños objetos de Jade u otras piedras preciosas, en dos mitades, que solían tener la forma de un animal feroz. Son objetos de poder, como ya hemos dicho, ya que le otorgaban al general que los portaba la autoridad para dirigir cuantas tropas su Bing Fu en cuestión le permitiese. Una parte del Bing Fu era entregada al oficial en cuestión por el mismísimo Emperador y la otra se la quedaba él (probando su legitimidad como monarca). El Bing Fu permite al general  reclutar tropas de cualquier ciudad, base o campamento militar, además de los pertrechos necesarios para estas. No solo eso, el general no tenia que dar explicación alguna de sus intenciones o planes para los cuales requería esas tropas, y aquel al que se le pedían tenia dos opciones: entregarlas o sufrir la ira del Imperio.


Ahora bien, el general DEBÍA tener un Bing Fu para dirigir tropas o movilizar cualquier clase de formación militar. Sin uno de estos juguetes estaba prohibido. Se consideraba alta tración. Ejemplos de Bing Fu son, por ejemplo, el Halcón Negro (30.000 hombres) o el Zorro Volador (8.000). Las tropas reclutadas con los Bing Fu debían obedecer a su portador como si lo hablasen con el propio Emperador, lo cual no es ninguna tontería si tenemos en cuenta que los castigos que se aplicaban por desobediencia. Muerte, Tortura, Castración... era así hasta tal punto que en numerosas ocasiones un general fué capaz de apoderarse del trono imperial con un Bing Fu lo bastante poderoso y un Emperador lo bastante necio.



El otorgarle un Bing Fu a un general, representaba una arriesgada apuesta y muestra de confianza del Emperador al oficial en cuestión. Una vez entregado, el agraciado podía quedárselo hasta que el Emperador le llamase a la corte para retirárselo.

Obviamente, si esto le ocurría a un general de alto rango, no solía sentarle bien y le decía bastante sobre la opinión y confianza que el Emperador tenia de él. Normalmente un general era poseedor de un único Bing Fu, no se acumulaban para sumarlos (¡Yo tengo la Tortuga Agachada repe y la Serpiente Enroscada! ¡Suman 30.000 hombres! Idiota, dame todo eso y toma el Halcón Negro por el mismo valor) Al recibir uno de mayor poder, el general debía devolver al Emperador el previo.

Así pues, como cromos y estampitas, estos especiales símbolos de mando eran entregados a lo largo del Imperio para decidir su destino y el de todos aquellos miserables que estaban sometidos a ellos. Como observó con gran acierto el gran Tamerlán "Objetos de poder, auténticos soberanos de los pueblos."

Meditad y observad lo dicho, y como  apunta el ilustrado Sultan Beyazid I en el cuarto libro de sus memorias "Siempre que abro el brick de leche me salta a la cara."

 





1 comentario:

Manu dijo...

Muy interesante, pero por favor: Halcón, no "alcón". Que me duelen los ojos :-(