(7 años de extravagantes aventuras)

martes, 13 de marzo de 2012

Tu amigo, el típico tópico


El uso deliberado de tópicos parece pertenecer únicamente al territorio de la ironía. Su mayor baluarte sería el cine post-moderno de autor. Bien. Un escritor tiene el deber de conocer los tópicos del género que está trabajando y esquivarlos en la medida de lo posible. Pero su utilización consciente es un recurso como cualquier otro.

Yo, por mi parte, no creo en la "post-modernidad", ni siquiera como término calificativo. Del celebérrimo Tarantino me gustan las primeras películas, cuando ponía algún esfuerzo en contar una historia. Hoy por hoy, sólo construye sus largometrajes a base de homenajes, escenas clásicas descontextualizadas, meta-ficción, meta-meta-ficción, ideas originales totalmente desaprovechadas y toneladas de humor autoreferencial. Lo cual es una práctica perfectamente lícita aunque, a mi, no me estimule.

A cualquier espectador mínimamente educado, le molestan las frases lapidarias o los giros totalmente predecibles. Obviamente. Esta clase de tópicos genéricos incluidos sin ingenio, garra ni oficio siempre resultan dolorosos (y ofensivos) cual colonoscopia. Por otro lado, no creo que una situación o diálogo "tópico" sea por naturaleza o bien un error o bien un golpe de sarcasmo. Ni siquiera creo que se use la palabra correctamente la mayor parte del tiempo.

En "2001" encontramos multitud de lugares comunes (incluso para 1968). Especialmente en su segmento más celebrado, el enfrentamiento entre Hal y la tripulación del Discovery. Stephen King (autor al que, normalmente, profeso un gran respeto) dijo que la versión de 1980 del "Resplandor" era un disparate repleto de clichés, escrita y dirigida por alguien no sabía nada sobre el cine de terror. En parte, tenía razón: el uso del "Dies Irae" en la banda sonora, las facilonas conversaciones entre el pequeño Danny y el señor Halloran, la propia interpretación de Nicholson en el último tercio... pero existía un propósito detrás. Kubrick estaba construyendo algo totalmente nuevo utilizando piezas bien conocidas. Sus imágenes y subtexto ontológico han demostrado tener un poder evocador que trasciende los detalles del argumento.

También hay que tener en cuenta que soluciones antaño brillantes se convierten, necesariamente, en tópicos con el uso. Y, asimismo, al pasar las décadas y dejar de usarse dichas fórmulas, estas pueden volver a parecer frescas.

Personalmente, creo que el género con más tópicos de la historia del cine es el "drama social español". Lo odio. A muerte. Soy de la opinión de que Fernando León de Aranoa sólo ha escrito una película y que no habríamos perdido demasiado si "El bola" nunca hubiese existido. La diferencia radica en que muchos de esos momentos que a mi me parecen bochornosos, sus admiradores los ven como tremendamente evocadores. Muchas cosas que a mi me suenan a violines desafinados, a muchos otros les parecen notas necesarias y hermosas. En ocasiones, aplicamos la etiqueta de "tópico" a ideas que, en realidad, son decisiones de guión perfectamente válidas.

Me gusta mucho la ironía, pero sólo como herramienta humorística pasajera, no como discurso de fondo. No creo, francamente, que tenga ningún sentido escribir un relato sintiéndose superior a autores pioneros. Un ejemplo de ironía bien utilizada se encuentra en las películas de Pixar. Nunca se aplica como vehículo para desligitimar el valor de sus héroes, reírse del trabajo ajeno, o hundir la historia en la sorna ácida... sino como guiño al espectador atento.

Por otro lado, muchas veces asumisos que el humor, sobre todo el más absurdo, genera un distanciamiento con respecto a la narrativa. ¡Nadie se va a preocupar por un esperpento!

¿Es el ridículo una herramienta que, necesariamente, nos aleja de los personajes? ¿Seguro?

Recordemos el clásico de culto "Los Cazafantasmas". Cuando somos impresionables prepúberes, nos quedamos fascinados con una aventura colosal repleta de elementos tétricos. Al crecer, uno descubre que moquete nunca pretendió dar miedo y que el muñeco de los marshmallows era un chiste malo. Poco importa. Amamos a esos héroes y necesitamos ver como triunfan. A pesar de que nos reimos, no existe ningún tipo de "alejamiento irónico". Estamos dentro del relato, exáctamente igual que si fuera un drama o puede que incluso más.

En la versión musical de "La pequeña tienda de los horrores", la insoportablemente cursi Audrey y el desaliñado Seymour se enfrentan a una monstruosa planta carnívora que canta rock & roll. Los responsables de la producción asumieron que se trataba de una comedia disparatada y, por tanto, no importaba el destino de sus protagonistas. En el final original de la cinta, estos eran devorados por el vegetal que, minutos después, conquistaba la Tierra. Tras unos cuantos pases de público, los ejecutivos se dieron cuenta de que nadie esperaba ni deseaba semejante desenlace. Se rodaron nuevas escenas en las que la epopeya terminaba más felizmente. La película fué un éxito.

En la serie de animación de 2009 "Batman: the brave and the bold", se recuperan tramas, mundos y personajes del DC de los años 50. Historias que han sido siempre denostados por aficionados y neófitos como bochornosos pastiches infantiloides sin pies ni cabeza. En la propia serie, los villanos pueden detenerse a cantar o los superhéroes cuentan a cámara sus problemas con la parienta. La regla es que no hay reglas. Y lo más curioso de todo es que, tras 65 capítulos, ha quedado demostrado como una premisa estúpida puede llevar a provocar empatía. Porque nos recuerda a nuestra infancia o, sencillamente, por que la locura es tal que no sabemos que esperar. Es curioso como este producto, pensado para menores de 12 años, ha acabado siendo consumido preferentemente por mayores de 40.

Situaciones o personajes pueden parecer totalmente ficticios, inverosímiles e incluso absurdos pero, aun con todo, atrapar al espectador. Esto tiene mucho que ver con el tema que nos ocupa.

Parece ser que, bajo cualquier circunstancia, hay que esquivar los "lugares comunes" o relegarlos a la metanarrativa satírica. No estoy de acuerdo. Creo que el tópico deliberado puede ser usado por el autor para aliviar tensiones, recordar al espectador tiempos más inocentes o recrear universos de ficción desaparecidos. Por supuesto, hablando siempre de decisiones intencionadas del guionista y la existencia de un pacto tácito con su público.

La mayoría de la gente arranca de raíz las malas hierbas. Pero a algunos también nos gustan los jardines de bledo.

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