(7 años de extravagantes aventuras)

martes, 3 de abril de 2012

Cabreo de Cretinos



He ido a ver hostias y monstruos. Y eso me lo han dado. Más o menos.

Hostias hay para dar y tomar, eso es innegable. Pero vamos con los bichos. Después de ver el trailer uno esperaría, por lo menos, ocho variedades distintas de monstruos. La película ofrece, prácticamente, la mitad. Entre los que se incluye un cíclope disfrazado de Gandalf y un minotauro con síndrome de down.

En ninguna de las dos versiones previas de "Furia de titanes" sale ni un solo titán. Ahora tenían la posibilidad de solucionar ese fallo. Curiosamente en "Ira de titanes" TAMPOCO sale ningún titán. Con dos cojones.

No existe el menor "sentido de la maravilla" en esta chunguez de fantasía macarra. Los dioses carecen de grandiosidad, la antigua Grecia parece montada sobre una cantera de Soria, los príncipes visten sacos de patatas, los enfrentamientos con las bestias mitológicas se resuelven de formas tontísimas y, como era de esperar, los personajes humanos resultan bastante aburridos.

No queda nada de Harryhausen aquí. Pero nada de nada. "Ira de titanes" es un subproducto industrial del peor Hollywood. El largometraje (construido a toda prisa en una cadena de montaje) se asemeja mucho más a las películas de Maciste o un episodio especialmente disparatado de "Hércules, los viajes legendarios". Eso sí, con efectos especiales buenos, lo cual, como ya sabemos, quita la mitad de la diversión. Por otra parte, la dirección del señor Liebesman busca la veracidad de un documento bélico agitando la cámara constantemente e, incluso, metiendo unos cuantos zooms. Una decisión artística apropiada, original y tremendamente ingeniosa. Quizás nos encontremos ante el nuevo Stanley Kubrick, amigos.

La historia goza de una lógica de Super Nintendo que asusta. Las escasas escenas que no involucran colosos iracundos o combates a muerte son diálogos que explican el argumento en voz alta. Uno se pregunta por que no puedo pulsar "start" para saltar estas escenas por que, francamente, importan un carajo. También hay un poderosísimo artefacto mágico que sólo se puede reconstruir juntando otras tres reliquias perdidas por el mundo. Como es lógico, una vez tienes todos los componentes, la fabricación de dicha mega-arma consiste en poner las piezas en fila india y esperar un resplandor.


De la anterior entrega queda muy poco, a parte del soso protagonista y un par de diálogos chuscos que nos recuerdan la derrota del Kraken.

Vuelve la reina Andrómeda, interpretada por una rubia totalmente inútil cuyo único papel a lo largo del filme es alzar la espada con fervor para, instantes después, recibir una hostia. La chica o es masoquista o gilipollas por que esto le pasa como doce veces. Por cierto, ella y el hiératico Sam Worthahfyntapdounton protagonizan el peor romance de la historia helénica. También hay un graciosete que prefiero olvidar.

Al final sale Chronos, padre del TIEMPO que, evidentemente, es un bicho de lava gigante. Más que el dios de todos los dioses parece una versión churruscadita del muñeco de los mashmallows. No habla y casi ni se mueve, pero le da tiempo a cargarse una mansión señorial romana que, muy inteligentemente, estaba construida sobre el Tártaro. Al final, el valiente Perseo tendrá que destruir esta terrible amenaza. Es una escena que nos retrotrae a nada menos que la Estrella de la muerte. Lo cual no se sabe si es ya por falta de ideas o por que todos los implicados son unos cachondos mentales.

Que sí, que es una mierda. Peor aún que la anterior. No sé si peor que Immortals. Probablemente la respuesta sea SÍ, pero la verdad es que Immortals a mi me aburrió muchísimo.

¿Me arrepiento de haber pagado por ver esta cosa en pantalla grande? Por supuesto que no.

Antes he dicho que quería ver hostias y monstruos. Mentí. También quería ver a LIAM NEESON (el todopoderoso Zeus) y RALPH FIENES (el siniestro Hades). Y aquí viene lo bueno.

Durante el estrafalario clímax de la peli, un ejército de guerreros con cuatro brazos hace picadillo a las disciplinadas falanges de espartanos que Andrómeda compró de oferta por ebay. Hades se arrepiente de todos los males que ha provocado a los hombres y no puede evitar sentir piedad hacia Zeus, que yace moribundo en una tienda de campaña (sí, Zeus yace moribundo en una tienda de campaña). Entonces decide transferir parte de su poder divino a su hermanito, para curar de este modo todas sus heridas.

Zeus sonríe, abraza a Hades y le dice: "vamos a divertirnos un rato". Las superestrellas olímpicas se plantan entonces en el campo de batalla y empiezan a lanzar relámpagos de colores contra el enemigo.

Me levanté y aplaudí.

La escena apenas dura unos minutos, pero se recuerda toda la vida. Sólo por este momento, absolutamente delirante, ya merece la pena pagar la entrada. Y es que la línea que separa lo "increíblemente molón" de lo "extremadamente ridículo" es fina cual hoja de cáñamo.

2 comentarios:

El Tipo de la Brocha dijo...

Vamos, que con efectos especiales chuscos saldría ganando.

Pastel Jam, dijo...

"...busca la veracidad de un documento bélico agitando la cámara constantemente e, incluso, metiendo unos cuantos zooms... ...ante el nuevo Stanley Kubrick, amigos."

Mi medidor de ironías ha entrado en barrena.