(7 años de extravagantes aventuras)

domingo, 12 de febrero de 2012

Vives hasta que te mueres

Estimados lectores:

Con los datos analizados hasta el momento, he conseguido perder masa capilar, masa cerebral, masa de croquetas que tenía congelada, y, como guinda, no tener vida social, pero también he podido realizar un árbol genealógico del apellido Impetuoso y asociados, para que nadie se pierda:

El árbol genealógico de los Impetuoso.
En sus círculos sociales cuenta con amistades bastante variopintas: un compendio de ex esposas que haría palidecer a Charlie Chaplin (Rosa Flingrins, Gertrudes Amparo, Sebastián Sinazúcar “Sebas”, Massogui Alpunto, Ambrosio Estupendamente “Lord WoW”), y un currículum plagado de amantes que haría encocarse por vez última a Charlie Sheen (Roberta Malentrante o Luisa Lipimienta son algunos ejemplos), también goza de colegas de toda índole y condición social (Michael Douglas, Kike, Bigas Luna, Vicente Aranda, Adrian Lyne, Madonna, Sonny “El Chorreras”, Obama, Napoleón Bonaparte, Terrence Malick…), así como lo que él llama “amigos de un día”, entre los que me incluyo.
VIVES HASTA QUE TE MUERES
(no hay vuelta de hoja)

Cuando se me encomendó la ardua misión de bucear entre los archivos de Frenillo, jamás sospeché que encontraría tanto material con el que trabajar. La primera decisión lógica fue ponerme en contacto con Escroto Punzante. Conocí a Escroto cuando era niño. Durante un año fue mi pediatra, justo antes de que lo dejara para ampliar horizontes en el mundo de urología. Sé que, tanto a él como a Frenillo, les ha unido siempre una especial relación medicopacientedemencial. Pero nunca me pareció una buena influencia para Frenillo. No pretendo escandalizar a nadie, tanto Escroto como yo conocemos nuestras posturas, y pese a que él ha intentado reconciliarse conmigo en numerosas ocasiones, jamás le perdonaré convencerme para aceptar entrar en aquel proyecto fallido de lactancia masculina al que me sometió a mí, a miembros de mi familia, e, incluso, a Kike. Cuando le llamé se encontraba en medio de una operación de ensamblamiento genital a una ballena que había resultado herida tras una discusión con el chef de un conocido restaurante de Japón, pero me atendió gustosamente.

Al parecer, Frenillo había estado dedicando sus ratos libres a la gestación de sus memorias, bajo el título provisional y, por desgracia, ahora definitivo, “Vives hasta que te mueres (no hay vuelta de hoja)”. Un compendio vital que abarca desde su llegada al mundo hasta, prácticamente, el fin de sus días. Todo ello resumido en cinco volúmenes de no más de 900 páginas, relatando de forma concisa y chascarrillil sus mejores aventuras, su anecdotario más infame, pensamientos y elucubraciones, ensayos económicos, fantasías sexuales y recetas de cocina.

La idea, querido lector, es transmitir sus mejores pasajes empleando esta vía, y como a él le hubiera gustado: de forma desordenada e inconclusa. Sacando lo peor de su persona y, en la inmensa minoría de los casos, sus momentos de lucidez supina.

Junto a sus memorias no publicadas en vida, he recibido esta misma semana un baúl lleno de documentos relacionados con Frenillo, fotografías y dibujos, tickets de restaurantes y material pornográfico autofilmado que iré compartiendo con el mundo, de forma directa y sin más censura que la empleada por alguien de la catadura moral que pueda tener un político cualquiera.

Espero saber transmitirlo todo de forma amena, educativa y edificante. Saber deshacerme de lo importante dejando sólo la más absoluta pachanga. Espero, a fin de cuentas, llegar a vuestros corazones como él llegó al mío. Sonrisas y lágrimas. ¿Acaso no es eso la vida?

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