(7 años de extravagantes aventuras)

miércoles, 15 de febrero de 2012

Vacaciones en Bruselas

Estimados lectores:

Debido a motivos ajenos a la empresa, me veo en la obligación de solicitar unas, por otra parte, merecidas vacaciones, después de una dura semana de trabajo.

Espero que podáis aguantar este tiempo sin mis mamotretos. Pero no creáis que por ello abandonaré mi causa... Siento deciros que durante estas vacaciones aprovecharé para visitar el archivo general de la memoria histórica de Frenillo, localizado desde la semana pasada en la Universidad de Columbia, en Nueva York, donde seré ponente, junto con otros colegas historiadores, durante un número indefinido de semanas. Quien vaya a estar por allí y quiera una invitación, con derecho a consumición (snacks de bolitas de queso), que hable con Kike.
Frenillo se asombra ante el diminuto tamaño del "niño meón".
VACACIONES EN BRUSELAS

Aprovechando esta desagradable coyuntura vacacional, comparto hoy con vosotros la imagen superior, descubierta hace sólo unos días, cuando olfateaba en una vieja caja de latón con fotografías y dibujos de la familia. En la imagen podemos ver a Frenillo en Bruselas, durante su único viaje de vacaciones.

Y digo único, porque en todos los archivos que he analizado hasta ahora es la única referencia que he encontrado en la que sea mentado un período vacacional. Desconozco si nadie le informó en su momento de que tenía derecho a vacaciones, pero lo cierto es que en toda su vida laboral únicamente solicitó éstas.

El viaje tuvo lugar en 2001, durante su etapa de técnico informático, y he de decir, de igual modo, que según la información que manejo, dichas vacaciones constaron de un sólo día. Sí, un sólo día. Día en el que agarró a su compañero de departamento, Grasilla McHiggings, y se fueron a Bélgica. Para no faltar a la verdad, y por mucho que me duela decirlo, también comparto con vosotros que, una vez analizadas sus nóminas, este día de vacaciones disfrutado fue restado de su salario en el cómputo mensual, y amonestado con un aumento de tres horas más de trabajo diario. A estas alturas a nadie debería sorprender que siempre se acabe abusando de los más débiles, de los más inocentes.

Fechorías infrahumanas aparte, Frenillo cumplía de esta forma un sueño de su infancia: comprobar in situ que el "niño meón" existía, y que la gente peregrinaba para verlo.

La razón por la cual volvió al avión con la ropa húmeda, causante de uno de los peores constipados que tuvo (en su caso le solían durar entre tres y cinco meses), continúa siendo un misterio para todos..., y mucho me temo que Grasilla se lleve también este secreto al mismo lugar donde quiera que haya ido nuestro héroe.

Espero volver a veros pronto, amigos.