(7 años de extravagantes aventuras)

miércoles, 29 de febrero de 2012

Extorsión emocional

Las musica en las películas es el primer y más obvio recurso de las artes cinematográficas; nos permite introducirnos en el mundo de ficción como si formáramos parte de la historia y así suplir las carencias de ambiente que puede llegar a tener una única imagen. Hasta aquí bien, ¿no? Es decir, que sería de Jurassic Park sin esa música épica... pues que no tendría tal grandiosidad la isla. ¡O que sería de una película "de tensión" sin una música adecuada!

Todo esto me hace pensar que una buena banda sonora es absolutamente necesaria para que la película quede redonda. Eso sí, la banda sonora no sólo es la música que acompaña las escenas, sino la linea de sonido entera, incluyendo los ruidos de pedos.

Aquí viene algo que me saca de quicio: cuando una escena que no tiene la carga emocional precisa (bien sea porque los personajes no tienen carisma, o no tienen peso en el argumento, o la situación es ridícula) y se usa una canción supuestamente "bonita". Esto se convierte en una mezcolanza verdaderamente intragable. Una ñoñez obvia, sensacionalista y ofensiva para la inteligencia.



Y claro, hay veces que uno en ese momento se emociona. Pero no porque la situación lo merezca. No porque te importe una mierda la vida de esa gente. Sólamente porque hay música y un chico y una chica besándose, o alguien corriendo por la calle, o alguien aprendiendo a pilotar un ave de otro planeta (te odio, James Cameron).

Esto provoca que la película este vacía. La historia no te ha afectado lo más mínimo. Cuando se apaga el televisor o se sale del cine, en nuestro corazón solo quedan un cúmulo de sensaciones completamente superfluas que se van perdiendo lentamente a cada minuto que pasa, para, después, olvidarse por completo.

En cambio, si la situación planteada tenía profundidad, peso o interés, el resultado es totalmente distinto. Después del largometraje, lo visto en la pantalla pasa a formar parte de uno mismo. Como una aventura vivida en nuestras propias carnes.

Te quiero, John Williams. Pero a veces me hace falta algo más que una orquesta para emocionarme.

2 comentarios:

Sonja dijo...

Yo solo soy consciente de las músicas cuando la peli es mala, en esos caso resulta que la música hace las escenas aún más ridículas.

La oveja roja dijo...

Claro, cuando está perféctamente escogida se integra y es parte de la ambientación.