(7 años de extravagantes aventuras)

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Con lo fácil que es y nadie se entera


En 1898 el gran Herbert George Wells completa su cuarta novela. Aquella que le proporcionará mayor fama. Me refiero, obviamente, a LA GUERRA DE LOS MUNDOS.

Como supongo que todos sabréis ya, el libro fué llevado por primera vez al cine en los años 50 en una superproducción producida por George Pal y dirigida por Byron Haskin. La película es buena pero, desgraciadamente, también es ponzoñosa. Por culpa de su popularidad, se ha perdido gran parte de lo que Wells trataba de decir.

Para dejar clara mi postura, nada mejor que recordaros a todos el mítico desenlace:

El fin llegó súbitamente, sus aparatos en todo el mundo dejaron de funcionar. Después de que todo lo humano fracasara, los marcianos fueron destruídos y la humanidad salvada por las cosas más pequeñas que Dios, en su infinita sabiduría, había puesto en la Tierra...

La reciente adaptación de Steven Spielberg tiene un final muy similar (por no decir idéntico), en el que las fuerzas invasoras caen de repente, con una vaga explicación dada por un narrador omnisciente. Ni que decir tiene que se trata de una película que no sólo no hace justicia al original literario sino que, además, resulta muy inferior a la versión previa. Aunque prefiero dejar los juicios de valor a un lado.

Lo cierto es que en ambos casos, vemos como el enemigo exterior se relaciona claramente con los terrores del ciudadano americano del momento. En 1953, la rusia comunista. En 2005, fundamentalistas islámicos. Y en ambos casos vemos como esos poderes maléficos son rechazados violentamente por fuerzas divinas.


Pues bien, esta famosísima escena no sólo atenta directamente contra el mensaje del relato sino que presenta una filosofía radicalmente opuesta a la de su autor (H.G. Wells era socialista y ateo militante).

En principio, el fragmento parece bastante fiel al original. El texto en el que se basa es el siguiente:

¡Todos muertos! Destruidos por las bacterias de la corrupción y de la enfermedad, contra las cuales no tenían defensas; destruidos, como le estaba ocurriendo a la hierba roja... derrotados, después que falló todo ingenio humano, por los seres más humildes que Dios, en su sabiduría, ha puesto sobre la Tierra.

¡Vaya! ¡Pero si prácticamente no hay cambios! Es que, amigos míos, la cosa sigue. Y de forma mucho menos mística:

Los gérmenes de las enfermedades han atacado a la humanidad desde el comienzo del mundo, exterminaron a muchos de nuestros antecesores prehumanos desde que se inició la vida en la Tierra. Pero en virtud de la selección natural de nuestra especie, la raza humana desarrolló las defensas necesarias para resistirlos. No sucumbimos sin lucha ante el ataque de los microbios, y muchas de las bacterias, como aquellas que causan la putrefacción en la materia muerta, no logran arraigo alguno en nuestros cuerpos.

Pero no existen las bacterias en Marte, y no bien llegaron los invasores, no bien bebieron y se alimentaron, nuestros aliados microscópicos iniciaron su obra destructora. Ya cuando los observé yo estaban irrevocablemente condenados, muriendo y pudriéndose mientras andaban de un lado para otro. Era inevitable. Con un billón de muertes ha adquirido el hombre su derecho a vivir en la Tierra y nadie puede disputárselo; no lo habría perdido aunque los marcianos hubieran sido diez veces más poderosos de lo que eran, pues no en vano viven y mueren los hombres.


Como se puede comprobar, el triunfo de la humanidad NO SE DEBE A UN TODOPODEROSO DIOS REDENTOR sino, precisamente, a LOS PRINCIPIOS DARWINIANOS DE LA EVOLUCIÓN. No es nuestra piedad lo que nos otorga el derecho a sobrevivir, sino la lotería genética. ¡Se trata de una reflexión diametralmente opuesta!

Pero eso no es todo. "La guerra de los mundos" es una novela que siempre se ha analizada de una forma tristemente superficial. Pero no se trata, únicamente, de un relato de aventuras bélicas y ciencia ficción. Es una crítica feroz a la politica imperialista propia de la inglaterra victoriana.


Originalmente, el escritor se plantea toda su historia como una parodia de las numerosas "novelas de invasiones" que pobablan el mercado. Un género que hoy, afortunadamente, podemos considerar desaparecido. Básicamente, se trataba de panfletos ultrapatrióticos en los cuales valientes guerreros ingleses combatian contra una potencia enemiga en suelo propio. Como es lógico, su valor e inventiva les permitian aniquilar al despreciable rival extranjero en una espectacular batalla final. Para más información, artículo de la wikipedia aquí.

En su curiosa versión protagonizada por marcianos, nuestro amigo Wells sustituye el amor hacia la bandera... por un desprecio manifiesto hacia la poderosa máquina militar británica. En la guerra mueren muchos hombres pero nunca parece existir la menor oportunidad de triunfar por la fuerza de las armas. El protagonista es un ciudadano anónimo que se limita a sobrevivir. Hace un curioso amigo, el artillero, cuya actitud empieza siendo desesperadamente derrotista y acaba siendo ridículamente esperanzada. El momento de mayor heroismo de la novela, el enfrentamiento del Thunderchild contra los trípodes, se salda con una clara derrota humana.

La muerte de los visitantes de Marte no se trata, como muchos han querido indicar, de un "absurdo Deus Ex Machina". Es una resolución perfectamente lógica que aparece sugerida varias veces en el libro. Y, lo que es más importante, se complementa con esa ironía burlona que impregna todo el texto, convirtiendo a los soldados en víctimas y a sus generales en criaturas tan inútiles como invisibles.

Podemos leer claramente "las criaturas más pequeñas que Dios, en su sabiduría, ha puesto sobre la Tierra". Pero esto no es más que una típica figura literaria decimonónica. ¿No veis la desgracia? ¡Los yanquis han convertido una figura literaria en el meollo del asunto!


La cosa no acaba ahí. Hay otra cosa MUY importante que me gustaría remarcar.

La forma que tienen de "desembarcar" los marcianos, su desprecio hacia los nativos, sus tácticas de combate, su método de construcción de campamentos, su rápida asimilación del terreno conquistado... son detalles basados en el modo de operar de los ejércitos de la reina.

Como debería resultar obvio para cualquier lector con dos dedos de frente, la amenaza alienígena es un reflejo de las acciones emprendidas por la europa colonial a lo largo del siglo XIX. No, no son comunistas soviéticos. Ni terroristas islámicos. SON INGLESES. Es decir: nosotros, los lectores. No existe honor en la guerra y en ella sólo pueden disfrutar los monstruos genocidas. Hay que conocer pero, sobre todo, comprender, para que no se repitan los horrores del pasado.

Los espantosos trípodes de metal plateado deberían hacernos reflexionar sobre nuestros cañones. El terrible rayo abrasador debería hacernos odiar nuestros fusiles. El hecho es que los marcianos no son sino una aberrante caricatura de aquello en lo que puede llegar a convertirse el ser humano. No feos monstruos del espacio puestos ahí para que aplaudamos con su repentina muerte. ¿¿Tan difícil es esto de entender??

Y, antes de marcharme, quiero recordar una cita de este buen hombre con bigotón:

"Toda religión es un insulto a la dignidad".

13 comentarios:

SuperSantiEgo dijo...

De hecho la mayor parte de las versiones de "la Tierra invadida" son claramente adaptaciones de La guerra de los mundos. Wells, es rojazo, fue contemporáneo, además, de las Guerras Negras de Tasmania y leyó de primera mano en los periódicos de su país justificaciones de matanzas en nombre de la civilización y de la superioridad de la raza, o llamadas al genocidio, que poco tenían que envidiar a los discursos nazis. Pero bueno, ahora incluso los conspiranoicos ultraconservadores leen algunos de sus ensayos en clave de que predice la dominación darwinista de la sociedad de los ricos, cuando en realidad Wells habló, efectivamente con esas palabras, de un Nuevo Orden Mundial, pero diciendo que había que evitarlo. Tampoco hay que olvidar que Wells era un fabiano.

La última adaptación, bastante vergonzosa, es esa cosa de Batalla por la Tierra, donde los marines derrotan a unos extraterrestres superpollas que, como siempre, tienen la buena idea de no proteger su "único" lugar estratégico, a ver si hay suerte y se lo vuelan.

Hace unos meses hablé en el blog de La batalla de Dorking, la novelita que inició el género de literatura de invasión. Es curiosa. En películas Amanecer rojo sería un buen exponente de ese género.

Sinuhloa dijo...

Vaya, es una novela que me encanta desde hace mas de quince años, pero nunca me puse a plantearme el final de esta manera... siempre lo vi como un final sorpresa inesperado e ingeniosísimo. Pensé que el meollo profundo de la historia estaba principalmente en el 'Hombre libre' y el 'Párroco'.

Por cierto, supongo que lo conoceréis todos el audiolibro, yo lo llevo en el MP3 permanentemenete. ^^

Ronin dijo...

Siempre he creido que la única persona con autoridad para explicar el contenido de una obra, y su presunto mensaje o moraleja , es el propio autor. El resto solo nos limitamos a aplicar nuestro propio punto de vista sesgado sobre la obra a nuestra conveniencia, ya sea de forma consciente e inconsciente,tal como hicieron los americanos en su versión de la obra de Wells... o tú mismo Kike (lo que no quiere decir que no comparta gran parte de lo que has dicho)

Kike dijo...

Supersantiego: De hecho, la masacre de Tasmania se menciona por encima en el primer capítulo de la novela, dejando muy claro por donde van los tiros. La película que dices, por cierto, se llama "Battle L.A.", traducida en España como "Invasión a la Tierra". Y sí, es espeluznante.

Ronin: Es que Wells ya dejó muy clarito de que trataba su novela. Yo me limito a sintetizar. NO estoy especulando. Te recomiendo leer el primer comentario, el de Supersantiego, por que complementa bastante bien la información que he dado en el post.

Sinuhloa: Efectivamente, el capítulo del encierro en la granja es clave para entender la filosofía de Wells. Me parece increíble que todo el mundo lo pase por alto. Yo audiolibro no tengo, pero soy muy fan de la versión de Jeff Wayne.

WOLFVILLE dijo...

Se puede decir más alto pero no más claro. Ni mejor. Un 10 por la reflexión -por no decir verdades como puños- que sueltas en esta gloriosa entrada. Y añado que existen especímenes por ahi que consideran que este final es una mierda propia de una obra de ciencia ficción primeriza ("¿Y los marcianos se ponen a invadir y no investigan lo de las bacterias?"), cuando evidentemente ese desenlace tiene toda la intención y la mala leche del mundo.

¡Un saludo, Kike! Con esto te has redimido de las críticas positivas de "El Capitan Trueno" y de "Piratas del Caribe 4" XDDDD

J dijo...

Por este tipo de entradas vale mucho la pena este blog.
Saludos, sigue asi :).

Kike dijo...

En realidad las críticas de Capitán trueno y Piratas 4 no eran positivas... sólo estaban matizadas...

Roy D. Mustang dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Roy D. Mustang dijo...

De los mejores artículos que he leído en este blog. La verdad es que con reflexiones como esta, no me extraña que este blog sea de mis favoritos. Me alegra saber que no soy el único al que el final NO le pareció algo absurdo. Aunque no lo interpreté como tú lo has relatado en esta reflexión, pero sí de una forma algo similar.

De hecho, una de las cosas que más me apasionaron de la novela son sus distintas interpretaciones. Cuando uno la lee de crío, la interpreta de una forma, de la forma más ingenua/superficial posible. De adolescente, de otra distinta (la del típico sabiondo que menosprecia una obra de la literatura); y de adulto, pues de una forma similar a lo que tú has dicho.

Un saludo.

Kike dijo...

Entonces, ¿como lo interpreta usted, ahora?

Anónimo dijo...

Lo de la adaptación estadounidense era de esperar, no iban a poner el discurso original darwiniano para no ofender a ese importante porcentaje de la población estadounidense creacionista.

Pese a ser la cuna de la democracia moderna y el país que inspiro al resto del mundo a abrazar la libertad Estados Unidos tiene el defecto de ser muy anticuado en cuanto a la religión. Para hacerse una idea los ateos tienen la misma consideración que los violadores y los pedófilos.

Kike dijo...

Hombre, eso también es un cliché, tampoco vamos a exagerar... ¡en Boston, por ejemplo, no creo que te traten de VIOLADOR por no ser cristiano!

Red One dijo...

Hombre, por fin alguien que aclara el punto más tergiversado de la novela original. No es dios el que nos da el derecho a vencer a los marcianos a través de las bacterias sino que dicha resistencia que los marcianos no tienen es un derecho evolutivo que ha ganado la especie humana durante miles de años de muertos y selección natural.