(7 años de extravagantes aventuras)

lunes, 14 de noviembre de 2011

Pagando fantas al unicornio


Pues bien. Resulta que el otro día me puse a ver el clásico de fantasía de 1982 "El último unicornio". Y descubrí algo muy curioso.

La película trata de una unicornia increíblemente cursi con la vocecilla de Mia Farrow. Una mañana, se entera de que es la última de su especie. Incrédula de tal afirmación, decide abandonar la seguridad de su bosque encantado para partir en busca de otros unicornios apestosos.

En el camino le pasan miles de horribles desgracias. Parece que todo Cristo quiere matarla o capturarla. ¡Vaya país! ¡Ni Libia! Afortunadamente, también queda gente buena en el mundo. Y en el camino, nuestra heroina se cruza con el mago Schmendrick, un atolondrado jovenzuelo que desea ser hechicero. A pesar de que en su interior guarda "un gran poder", de momento el muchacho sólo es capaz de realizar trucos de magia y algún conjuro ocasional que surge más por fortuna que por esfuerzo. La cuestión está en que, a pesar de una terrible falta de confianza en sí mismo, Schmendrick no es especialmente feo: sólo tiene la nariz un poco gorda. Y se comporta con la unicornia esta con una simpatía y lealtad absolutamente inauditas.


El bueno de Schmendrick promete que lo de seguir a la Farrow hasta el fin del mundo se debe, únicamente, a que mantiene un respeto absoluto hacia las escasas criaturas mágicas que quedan en la Tierra. Los cojones. Nadie supera semejantes peligros sólo por "respeto". Al tipo este le veo ENAMORADÍSIMO. Ha sido encontrarse con el bicho y quedarse prendado, así de simple. Si hasta le brillan los ojos cada vez que habla de ella.

¿Cual es su problema principal? Que está mal visto tirarse a equinos. Uno puede casarse con una gorda, una no-muerta o un semiorco travestido. Pero, ¿una yegua? Eso ya es cruzar la última frontera. Aunque no sería el primer mago que lo hace. En cualquier caso, nuestro héroe no es fan de la zoofilia y se ve obligado a mantener una relación puramente platónica.

Pero hete aquí que, afortunadamente para el esforzado Schmendrick, la trama guarda un sortilegio sorpresa. Y es que, hacia la mitad del metraje, la unicornia del título se transforma en UNA TIA BUENA. Como y por qué es lo de menos. La cuestión está en que el único obstáculo que tenía el muchacho para consumar su hermoso romance ha desaparecido. Dónde antes había unas patas peludas con cascos ahora hay unas largas piernas depiladas terminadas en hermosos pies femeninos. Dónde antes había un hocico de caballo ahora hay una naricita respingona y unos atractivos labios rojos. ¡Sí! ¡Al fin triunfará el amor en su forma más pura!


Pues bien, es convertirse la protagonista en hembra humana... y volverse una auténtica ZORRA. Así, con todas las letras. Lo primero que hace es quejarse por todo y llorar amargamente cual Frodo pelando cebollas. Inmediatamente después, manda a la porra a Schmendrick, que a partir de este momento se dedica a poco más que a mirar. ¡Después de todo lo que han pasado juntos! Por si todo esto fuera poco, aparece, de ninguna parte, un puto príncipe. Como era de esperar, la muy cerda SE ENAMORA DE ÉL sin ningún motivo. Demontres, me han engañado. Está película no es de "fantasía". Es real como la vida misma.

Es que no me lo podía creer. A partir de este momento ya me daba exáctamente igual como terminara la puñetera aventura. Lo único que quería era ver MORIR a esa criatura desagradecida, insensata, cruel y clasista.

Por cierto, por si alguien tenía la menor duda, el príncipe en cuestión es un puto psicópata sin nada en la cabeza y, para más inri, hijo primogénito del malo maloso del relato (que tiene la voz de Christopher Lee, como no podía ser de otra forma). Pero claro, es que es rico, vive en un castillo y tiene un caballo superchulo. Un chico majísimo. Tú que no le entiendes.

Me cago en los unicornios. También me cago en Arthur Rankin y en Jules Bass, evidentemente.

11 comentarios:

El Tipo de la Brocha dijo...

Pero imagínate que la tipa acaba casándose (o lo que sea) con Schmendrick, y los niños les salen con la nariz de él. ¡Todos se meterían con ellos en clase! Y luego los chavales preguntarían a su madre si no podría haber aspirado a alguien mejor (léase más guapo), y ella tendría que contarles aquello de que fue un unicornio. No hay por dónde cogerlo.

Eterna Lolita dijo...

Jajajajaja

Anónimo dijo...

No se por qué te sorprendes, si se convierte en una mujer lo lógico es que se comporte como una mujer.

hermanastra dijo...

No te creas. Pobre unicornia, me siento dolorosamente identificada. En el pecado lleva la penitencia

Anónimo dijo...

La culpa es de Schmendrick por malvenderse, si hubiera manipulado psicológicamente a la tía como a ellas les gusta no se vería en esa situación.

Dr. Freud dijo...

Uy ,uy,uy alguien está empezando a proyectar sus propios problemas

Moniruki dijo...

Con lo del Radclief (o como se escriba) casi me muero de risa.

Daniel Rodríguez Peña dijo...

Como dice el viejo adagio en inglés "Where the money goes, the pussy follows." Incluso en los mundos de fantasía.

Anónimo dijo...

Vamos a verlo desde el punto de vista de ella:

La unicornia se vio transformada en contra de su voluntad en una criatura completamente distinta, de ser una de las pocas criaturas magicas que quedaban paso a ser una vulgar y debil humana. Esto debio ser muy traumatico, no es de extrañar que no tenga ningun deseo de corresponder a los deseos del majadero que la puso en esa situacion.

Por otra parte aunque tenga una inteligencia similar a la humana, un unicornio no deja de ser un animal magico que se mueve mas por instintos que por la racionalidad asi que se perfectamente logico que se sienta atraida por el macho mas fuerte y vigoroso en los alrededores.

Kike dijo...

Evidentemente, usted no ha entendido absolutamente nada.

Francis Bonnefoy dijo...

La verdad es que me gusta mucho la pareja de Schmendrick y Amalthea *//^//* , asi que tienes toda la razón del mundo, ¡Es un asco! D':< (Pero no todas somos así D:)