(7 años de extravagantes aventuras)

jueves, 3 de noviembre de 2011

Cabezas de col y agujas cerveceras


¡Ay, la ciencia ficción de los 50! ¡Que joyas nos ha dejado! La mosca, Planeta prohibido, Ultimátum a la Tierra...

Pero hoy voy ha hablar de otra cosa. Una divertida comedia espacial de 1957 que, parodiando a las multitudinarias invasiones de la década, casi acaba con el género, reduciéndolo a un tópico gracioso. "Invasion of the saucer-men" es su título.

El director no es otro que Edward L. Cahn, que también rodó "It, terror beyond the space" (la fuente de inspiración primaria del clásico "Alien") y "Invisible invaders" (la fuente de inspiración primaria del clásico "Plan 9 from outer space").



Los efectos especiales son de Paul Blaisdell, habitual creador de bichos de goma para Roger Corman que en ocasiones incluso se ponía sus propios disfraces ante la cámara. Blaisdell murió el 10 de Julio de 1983, de cáncer de estómago... aunque según reza la leyenda, se ahogó mientras probaba su último traje de monstruo acuático en un río.

Supuestamente, la historia está adaptada de un relato de Paul W. Fairman llamado "The Cosmic Frame", aunque poco queda del texto original.

Una pareja de jóvenes atropellan accidentalmente a un espantoso extraterrestre proveniente de un platillo volante. Los muchachos avisan a la policía, pero los diabólicos hombrecillos verdes han sustituido el cadáver de su compañero por el de un hombre. Mientras tanto el ejército descubre el aterrizaje de la nave espacial pero de lo único que se preocupa es de ocultar el asunto. Así, la pareja es acusada de un crimen que no ha cometido.

Claramente dedicada a un público juvenil (los protagonistas absolutos de la cinta son dos adolescentes a los que nadie cree) esta es una película que se nutre de la complicidad del espectador. Los guionistas no se cortan un pelo a la hora de hacer picaruelos guiños a los chavales que han asistido al autocine (y que, probablemente, no atiendan a lo que ocurre en pantalla, ocupados como están en otros menesteres).

Así, los bajitos y poco agraciados hombres del espacio se dedican todo el metraje a atacar a la población civil, inyectándoles una extraña sustancia en las venas... ¡¡alcohol!!



Por supuesto, que nadie espere grandiosas batallas ni edificios emblemáticos siendo destrozados. Esta es una película más pequeña, sobre gente hablando, como las de Isabel Coixet.

Las criaturas, cabezonas, verdes y pequeñas, recuerdan ligeramente a los diseños usados en “Mars Attacks”... lo cual sería una referencia factible, ya que la colección de cromos original en la que se basó Burton es de 1962. Posiblemente el diseño de dichos marcianos fué, originalmente, una mezcla entre estos y el mutante de Metaluna de “This island earth”.

También hay que resaltar que encontramos generosas dosis de sexo y violencia, o al menos todo el sexo y toda la violencia que se permitía mostrar a una serie B de los años 50 rodada en escala de grises. Gran parte del diálogo son claras referencias al coito, bellamente maquilladas, mientras que la mayor aprte del gore va dirigido contra los desgraciados invasores de goma.



Sigamos con el argumento. Poco a poco, todos los jóvenes de la ciudad se unirán para combatir con la amenaza alienígena y descubrirán el punto débil de sus enemigos: la luz. Utilizando los faros de sus flamantes cochazos, los chavales destruyen a las criaturas de una vez y por siempre.

“La invasión de los hombres del espacio” (como se llamó en España), resulta un entretenimiento pueril que no se avergüenza de serlo. Y eso es honroso. El mayor defecto de la cinta es, quizás, que en ocasiones da la sensación de que se alarga demasiado la broma (y eso que el metraje apenas llega a 69 minutos).

Absolutamente necesario para todo completista del género sci-fi. Consumir preferentemente junto a grandes dosis de sentido del humor.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ya tengo las palomitas listas para verla.