(7 años de extravagantes aventuras)

viernes, 1 de julio de 2011

CONCURSO DE RELATOS COLOSALES: "El último viaje del Venture" de Gelovic



Al fin habían llegado a su destino. Desde que zarparon hacía dos semanas desde el puerto de San Francisco, rumbo al Pacífico Sur, a bordo del Venture, habían tenido que soportar todo tipo de inclemencias. El barco estuvo a punto de partirse en dos cuando cruzaron una gran tormenta hacía unos días. Uno de los motores había sufrido un sabotaje, perdiendo quince horas en repararlo y valiosas piezas de repuesto. Un tercio de la comida se había echado a perder sin explicación alguna. Pero lo peor no había sido eso. Esta mañana habían lanzado por la borda al último de los marineros que había muerto a causa de esas extrañas fiebres que el doctor no había sabido tratar. De hecho, ahora era el doctor el que estaba postrado en la cama de su camarote debatiéndose entre la vida y la muerte. Era como si el destino quisiera mantenerlos alejados de ese espantoso lugar del océano. Algunos lo pensaban así, pero sólo unos pocos se atrevían a manifestarlo.

El mar estaba en calma, rodeados por una densa bruma, tanto que parecía que navegaban de noche, no podían hacer otra cosa que sondear la profundidad y rezar para no encallar. La tripulación estaba en silencio, mirando al exterior con la esperanza de avistar algún escollo antes de que fuera demasiado tarde y chocaran contra el. El capitán había hecho apagar las luces del puente para que la luz no se reflejara en la niebla. Únicamente el sonido de los motores a media potencia les acompañaba.

- Veintidós brazas, capitán. ¡He tocado tierra! – La voz de un marinero venía de algún lugar del lado de babor, rompiendo con la calma reinante.

- ¡Aguas someras! – acertó a decir el contramaestre mientras se ajustaba su desgastada gorra.

- ¡Avante poca! ¡Quince grados a estribor! – dijo el capitán, un curtido alemán, mientras hacía girar el timón con rapidez. El metal del cascarón gruñía mientras poco a poco se escoraba hacia estribor, avanzando a ciegas entre las olas.

Decker estaba apoyado distraídamente en la oxidada baranda de la cubierta de estribor, abrigado por un viejo gabán de color gris, aunque ya de poco le valía, el frío había calado en sus huesos. El vaho salía de su boca formando extrañas figuras. Las manos empezaban a dolerle, entumecidas, pero había decidido que no podía pasar un minuto más dentro de su apestoso camarote. Llevaba un rato intentando sin éxito encenderse un cigarrillo con su encendedor, pero el viento y la humedad complicaban la tarea, así que desesperado lanzó el cigarrillo por la borda. Metió nuevamente la mano dentro de su gastado talego de cuero y sacó una vez más “la piedra”. Retiró cuidadosamente la tela en que envolvía “la piedra”, mientras observaba como esta volvía resplandecer tímidamente con ese mortecino brillo verdoso. Tenía forma de huevo de un palmo de grande, completamente plana por un lado, y estaba hecha de un mineral verde oscuro, casi negro. Pensaba en qué tipo de material sería ese, al mismo tiempo que pasaba la yema de sus dedos por los glifos grabados en la alisada roca. Cuanto más tiempo miraba “la piedra” más pesada la notaba… cada vez le atraía más y más.

- Que me aspen si entiendo que función tiene este trozo de roca en este lugar recóndito – pensó para sí mismo. – ¿Qué es lo que me dijo el profesor que significaban los símbolos? – Volvió a meter una mano en el talego y sacó un diario esta vez, mientras con la otra sujetaba cuidadosamente la piedra. Recorrió una a una las páginas con el dedo hasta encontrar lo que buscaba. – Aquí está: «Que no está muerto lo que yace eternamente, y con los eones extraños incluso la muerte puede morir.» No sé qué demonios significa todo esto, desvaríos de un loco moribundo… supongo.

En esa misma página había un cuidado dibujo de una figura aberrante. Una criatura recordaba a un dragón, con alas de murciélago, pero la cabeza era más bien la de un pulpo o calamar… de cualquier modo, era una visión desagradable. Anotada a mano había una leyenda: “Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu Colossa wgah´nagl fhtagn – En la Isla de Colossa, el difunto Cthulhu, espera soñando.” El dragón, por así llamarlo, estaba sentado sobre un montículo de guijarros, mientras rodeaba las rodillas con sus brazos, parecía estar dormido…

- ¡Rocas, rocas a ambos lados… capitán! – gritó el grumete desde lo alto en la cofa.

- ¡Paren máquinas, mantenemos la dirección! – se apresuró a decir el capitán. – ¡Llevad lámparas a proa y estad atentos!

Al momento, media docena de marineros llenaron la cubierta, portando linternas sordas en las manos, oteando el vacío. De repente, como si de una aparición fantasmal se tratara, un grupo de afiladas rocas ennegrecidas aparecieron, a través de la niebla, a sendos lados de la nave. Decker, que tenía medio cuerpo asomado por la borda mientras intentaba ver algo con la luz de su encendedor, tuvo que retroceder de un salto para no ser aplastado por una de esas rocas. A punto estuvo de dejar caer la curiosa “piedra” al mar. Una vez repuesto, mientras la guardaba otra vez en el zurrón, se acercó se fijó en las extrañas formas que la erosión había formado en los pedruscos. Le pareció ver sonrisas desdibujadas y caras agónicas en la superficie de aquellas rocas que habían emergido de repente, que ahora se alzaban como pilares por doquier.

- ¡Echen anclas! – el capitán salió del puente a toda prisa hasta a cubierta superior. – No podemos avanzar más, continuaremos a remo. Señor Weston, prepare los botes – dijo dirigiéndose al contramaestre.

- Ya lo habéis oído chicos, bajad los botes. ¡No quiero ver a nadie parado!

Poco a poco la bruma se fue diluyendo y el cielo comenzó a abrirse… Allí estaba, la imponente isla de Colossa apareció ante ellos como si hubiera sido reclamada. Sus montañas ahora se alzaban grandiosas, mientras algunas aves revoloteaban sobre la diversa vegetación todavía lejana. Se hallaban a pocos cientos de metros del lugar donde unos meses antes había desaparecido la expedición al completo del profesor Lindstrom, mientras buscaban ruinas de civilizaciones perdidas. Sólo este último había logrado regresar con vida de ese maldito lugar, aunque había perdido la cordura en el intento. ¿Cómo había podido aquel anciano atormentado atravesar los escollos él solo entre la tormenta para ser encontrado más tarde en alta mar por un barco ballenero? Antes de morir, le había hecho prometer que vendría a investigar la suerte del resto de aventureros, por eso estaba allí.

Cargaron los botes con cuerdas y algunos fardos pesados. Decker iba en el mismo bote que el capitán, junto con algunos marineros armados con fusiles y aquel hombre equipado con la aparatosa cámara, que aunque parecía el más asustado, no dejaba de filmar ni por un momento. Avanzaban penosamente por un agua repleta de algas viscosas. Decker se dio cuenta que las columnas de piedra parecían ahora inmensos colmillos de una boca en la que se adentraban temerariamente. Rebuscó nuevamente en su talego y sacó el diario, que abrió por la página del dibujo. Comprobó aterrado que lo que aquel monstruo parecía tener bajos sus pies era la mismísima Isla Colossa.

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Al final de esta misma entrada podréis ejercer de jueces en esta emocionante contienda literaria... ¡el destino de Colossa está en vuestras manos!

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9 comentarios:

Polidero dijo...

Todo en lo que salga Cthulhu me gusta...

Harryhausen +2

Moniruki dijo...

Harryhausen +2

Drawler dijo...

Arriba Chtulhu!!

Harryhausen +2

Pero... un momento... no nos vais a dejar así, ¿¿no?? queremos la continuación!!

Muy buena.

Loscercarlos dijo...

Lovecraft siempre es una buena elección!

Harryhausen +1

El Tipo de la Brocha dijo...

El "que me aspen" le vale un digno Harryhausen +2.

Gelovic dijo...

Joer, vuelvo del fin de semana y me encuentro con una puntuación casi perfecta, gracias por los votos.

Al principio tenía reparos en escribir la historia, pero me puse a ello, me entusiasmé y me pasé por más de 400 palabras! Tuve que dar tijeretazo para que entrara dentro de las condiciones.

Haderak dijo...

Buenas, me encanta el estilo Lovecraft, solo reprochar la poca presencia de elementos de Colossa.
Harryhausen +1

Fenix Oscuro dijo...

Harryhausen +2

Gelovic dijo...

Haderak tienes razón, la isla aparece solo de refilón. La verdad es que quería dejar algo de misterio en el relato para la isla, pero tuve que dar tijeretazo a algunos párrafos porque las 1200 palabras se me quedaron cortas y el relato me quedó "raruno". Me di cuenta después de enviarlo, pero total, lo escribí en un par de horas y además me divertí con la experiencia.

En todo caso, gracias por votarme chicos/as.