(7 años de extravagantes aventuras)

viernes, 24 de junio de 2011

CONCURSO DE RELATOS COLOSALES: "La cúpula de cristal" de Carlos Loscertales



Ukkar se abrió paso por la espesa selva de Colossa con ayuda de su espada. Su frente estaba perlada de sudor por el calor húmedo de la jungla, pero también por la inquietud de encontrarse solo en territorio desconocido. ¡En qué mala hora había hecho caso al charlatán de su amigo Bodb el Halcón, cuando le habló de los maravillosos tesoros que escondía la legendaria isla de Colossa! Casualmente, no se había acordado de mencionar ni a los cíclopes, ni a los dragones, por no hablar del brujo malvado y de quién sabe cuántas cosas más, hasta que ya estaban desembarcando. Bodb había reunido a un buen grupo de cazafortunas y aventureros y los había embarcado en el barco volador del mago Flegias, capaz de surcar los cielos gracias a una piedra mágica. Ukkar recordó lo que sintió al ver por primera vez Colossa, con sus majestuosas montañas y sus frondosas selvas, explanadas interminables y acantilados impracticables. Parecía la clase de lugar en la que un bárbaro como él se sentiría a gusto, un lugar donde vivir mil aventuras y enfrentarse a otros tantos peligros.

Pero todo eso cambió en cuanto Bodb ordenó echar unas sogas para descender del barco de Flegias a la selva de Colossa. Mientras Ukkar y otros cinco hombres descendían, el vigía dio la voz de alarma. Ukkar, con la espada sujeta entre los dientes, miró en la dirección que señalaba el brazo del vigía. Unas siluetas se acercaban volando. «¿Qué tiene de particular?», se dijo Ukkar, «son sólo unos estúpidos pájaros». Sin embargo, a medida que las aves se acercaban su tamaño aumentaba y aumentaba, hasta que pudieron ver que se trataba de cinco monstruosos buitres de un tamaño similar al del barco de Flegias. Todo acabó en cuestión de segundos, el barco fue despedazado y la mayor parte de sus compañeros devorados por aquellas bestias. Ukkar se soltó de la cuerda y quedó inconsciente por el golpe contra el suelo. Se había despertado hacía una hora, con la espada intacta, por suerte. Él desconocía la isla y su única oportunidad era encontrar a Bodb, si seguía con vida.

Una rama seca se partió entre unos árboles. Ukkar tomó la espada con ambas manos y se acercó despacio. Alguien salió de la espesura. Era Bodb, algo magullado pero vivo.

-Bodb, en menuda nos has metido.
-¡Ukkar! ¡Amigo mío, estás vivo!
-Aparte de eso, poco más. Ni barco, ni compañeros, ni tesoro. Sólo jungla, mosquitos y amigos estúpidos.
-Vamos hombre, alegra esa cara. ¡Así tocamos a más por cabeza! Aquí tengo el mapa de la isla, con la posición del tesoro.
-Déjame ver….
-Anda, no me seas desconfiado. Deja de quejarte y sígueme, es por aquí.

Ukkar y Bodb siguieron atravesando la jungla. Ukkar abría la marcha, despejando el camino con su espada, y Bodb le seguía, consultando el mapa. El arco le colgaba del hombro, y su carcaj estaba repleto de agudas flechas de plumas negras. La selva se terminó de pronto, dando paso a una ancha corriente de aguas moradas y burbujeantes. Las piedras de la orilla estaban erosionadas y ennegrecidas, y no había rastro de peces ni de plantas, nada en dos metros a la redonda. El agua venenosa se filtraba en la tierra e impedía el crecimiento de los árboles. Ukkar pensó que lo más sencillo para vadearlo sería utilizar un tronco a modo de puente, y así lo hicieron. Bodb y Ukkar cruzaron con cuidado, observando preocupados cómo las ramas en contacto con las «aguas» del río ardían y se desintegraban rápidamente, amenazando incluso al tronco del árbol. Por suerte, pronto estuvieron a salvo en la otra orilla del río.

Más allá ya no había selva, sino dos montañas gemelas que se alzaban hasta tocar las nubes. En medio, al pie de ellas, había una estructura de cristal. Los dos aventureros se acercaron. La estructura era una cúpula totalmente transparente, a través de la cual pudieron ver a cuatro muchachas hermosas y desnudas, retozando y jugando sobre una montaña de oro y joyas. Las muchachas advirtieron que estaban siendo observadas, e hicieron sugerentes gestos a los aventureros, incitándolos a atravesar el cristal y reunirse con ellas.

Ukkar blandió la espada con un potente grito y la clavó en el cristal. O más bien lo intentó, porque la espada resbaló por la superficie y arrastró con ella al bárbaro, que se dio de bruces. Las jóvenes se rieron entre dientes, burlándose de Ukkar. Bodb también probó suerte, tratando de escalar la cúpula para llegar al orificio superior que permitía respirar a las chicas. Sus botas no conseguían agarrarse al cristal. Bodb cogió carrerilla, echó a correr y saltó lo más alto que pudo. Por supuesto, se dio un golpe aún mayor que el de Ukkar.

-¡Ya lo tengo! –dijo el bárbaro.- Sólo tenemos que subir a las dos montañas grandes, tender unas cuerdas entre ellas y desde ahí sacar a las chicas y el tesoro. ¿Llevas cuerdas, Bodb?
-Siempre. ¡Vamos allá!

Después de una hora de difícil escalada por paredes de rocas sueltas y escasos asideros, tanto Ukkar como Bodb encontraron lugares adecuados para atar las cuerdas. Así lo hicieron, y cuando Bodb, el más ligero de los dos, cruzó y se colocó en medio para atar otra cuerda con la que descender, se dio cuenta de que debajo de ellos, donde antes había una extraña cúpula de cristal irrompible con apetecibles mujeres y tesoro para pagar el rescate de un rey, ahora no había más que una montaña de huesos blanqueados al sol. Bodb observó a su amigo, que no le devolvió la mirada, ya que su vista estaba fija en algo que había tras él. Bodb, en su precaria posición, suspendido sobre el vacío, se preguntó cómo habían llegado a parar aquellos huesos allí, cuántos como él se habían encontrado en su misma situación. Ukkar gritó:

-¡Dragón!

Efectivamente, un dragón alado, no excesivamente grande, se acercaba volando directamente hacia Bodb. Los dragones son también grandes hechiceros, y sin duda el truco de la cúpula le servía para atrapar presas fácilmente. Bodb estaba perdido. Ser devorado o matarse en la caída. De pronto, vio que la silueta de Ukkar saltaba hacia el dragón y caía sobre su lomo. El bárbaro, blandiendo la espada, trató de atacar al monstruo, que a su vez intentaba sacudirse al bárbaro de encima. El peso de Ukkar desequilibró al dragón, que terminó por precipitarse contra el suelo.

Allí continuó la pelea, en la que el dragón llevaba las de ganar. Ukkar ya estaba lleno de mordiscos y arañazos, y en una voltereta que dio para evitar un coletazo, perdió la espada. Bodb se deslizaba por la cuerda para poder ayudar a su amigo con el arco, pero no llegaría a tiempo.

El dragón rugía triunfalmente, pero sin previo aviso su tamaño se redujo progresivamente hasta no ser mayor que una manzana pequeña. Un hombre con una vara negra y una túnica roja se acercó y aplastó al dragón con su sandalia. Era Flegias el mago.

-Llevo horas vagando por la isla, y para una vez que encuentro a alguien con vida, está a punto de morir a manos de un dragoncillo de nada.

Ukkar, Bodb el Halcón y Flegias, los únicos supervivientes de la partida de aventureros, se adentraron en Colossa en busca de aventuras algo más fructíferas.

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Al final de esta misma entrada podréis ejercer de jueces en esta emocionante contienda literaria... ¡el destino de Colossa está en vuestras manos!

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15 comentarios:

Polidero dijo...

Muy dungeons & dragons. Me gusta.

Harryhausen +1

Moniruki dijo...

Iba a mandarte uno, pero después de leer esto me lo he pensado mejor. Qué nivel tiene el personal ¿no?

Harryhausen +1

Kike dijo...

Mónica... ¡¡MÁNDAME UNOOOOO!!

Kike dijo...

Como ves, no te lo pido: te lo exijo.

Tosi dijo...

Buen comienzo, por los palidos dioses olvidados...tendremos que contraatacar con otro relato.

Harryhausen +1

Lycos dijo...

Supongo que es un prerrequisitio que las aventuras se desarrollen en esa isla no?

Kike dijo...

Es, de hecho, el ÚNICO requisito.

El Tipo de la Brocha dijo...

Pues mira, creo que voy a retirar lo dicho y enviarte algo. Me ha picado el gusanillo.

Alma Cubrae dijo...

¡¡Si parece de Robert Howard!!

Harryhausen +2

Furgo dijo...

Harryhausen +2

Gorgo dijo...

¡Gran historia!

Harryhausen +1

Dragones y mazmorras dijo...

Harryahusen +1

Evidentemente

Gelovic dijo...

Esta historia tiene de todo: casquería, tías en bolas, peleas slow-motion con criaturas de plastilina y un cierto tufillo a D&D que tira para atrás... Ya me estoy imaginando la peli, con atrezzo de cartón piedra, nada de esa tontería del "chroma key" que tanto gusta ahora.

Harryhausen +2

Loscercarlos dijo...

Me ha quedado todo un pelín apretado, pero el límite de palabras manda.

caenea dijo...

Harryhausen +2