(7 años de extravagantes aventuras)

sábado, 10 de julio de 2010

Vaya fantasmada


Amigos, los remakes hollywoodienses cutres e insulsos distan mucho de ser un invento actual. Ahora abundan como la rabia entre las ratas de cloaca, pero desde el principio de la era del cinematográfo ya era común "re-hacer" el trabajo de otros. Hoy vamos ha hablar de una película que quizás no sea especialmente antigua pero sí un gran ejemplo de como se destruye el cine desde hace ya incontables décadas:

-Cogiendo una buena historia y mutilándola hasta que quede totalmente irreconocible.

-Anulando cualquier signo de violencia o posible referencia sexual para que el público infantil pueda asistir a la sala. También ayuda incluir toques de humor lo más estúpidos posible (nada de ironía, por favor).

-Obligando a los guionistas que simplifiquen la psicología de los personajes hasta convertirles en aburridos maniquíes a los que en espectador más tonto pueda vestir con sus propias miserias.

-Incluir con calzador elementos que han funcionado bien en taquilla a los demás (por ejemplo, números musicales totalmente gratuitos). ¡A ver si el tonto vas ahora a ser tú!


-Anulando cualquier posible signo de ambigüedad moral o temáticas mínimamente intrigantes. No vaya a ser que la gente se lie.

-Consiguiendo que miles de personas en todo el mundo vayan a ver tu montón de escoria... pasando por caja, claro. Esto valida todos los puntos anteriores y hace posible que la operación completa vuelva a repetirse en el futuro.


Seguro que se os ocurren cientos de ejemplos en los últimos quince años que cumplen con estas características... ¿pero ya era posible en los años 40? Sí, hijos míos. Cuando nuestros abuelos eran jóvenes alocados ya había superproducciones basura. Ni siquiera la guerra puede detener la imparable mugre de un blockbuster prefabricado.

Hoy vamos ha hablar de "El fantasma de la ópera", de Arthur Lubin.


La idea de Universal era aunar en un solo filme los dos géneros que más pelas generaban: el terror y el musical. Por otro lado, el estudio quería que la calificación por edades permitiera a la chavalería asistir y, por último, no podían usarse óperas de verdad debido a la dificultad de negociar los derechos (¿¿quizás por que había UNA GUERRA MUNDIAL??). También era imperioso contar con gente guapetona para los papeles principales y Claude Rains para el fantasma del título. La gente guapetona resultaron ser actores pésimos y el gran Rains decidió que no quería forzar la voz como en "El hombre invisible" ni llevar demasiado maquillaje encima, que él era un actor serio. Concluyendo: así es como nace una verdadera ABOMINACIÓN audiovisual, producto de la brujería y la falta de talento. Ni una sola de las decisiones tomadas tiene la menor lógica lo cual queda bien reflejado en el resultado final.

Supuestamente, estamos ante un remake del exitoso clásico de terror de 1925 (no una adaptación directa de la novela). Aquello sí era un peliculón que merece ser recordado por la raza humana. Hasta un simio lobotomizado puede ver que el filme protagonizado por Lon Chaney es muy superior en todos los aspectos. Sólo la escena del desenmascaramiento del fantasma ya vale su celuloide en oro. Pero el hecho es que las similitudes entre ambos títulos son tan escasas que resulta difícil de creer que nadie de los que han participado en la producción hayan acaso visto la versión previa.


A estas alturas de la vida ha habido ya cerca de cincuenta adaptaciones del mítico libraco de Gaston Leroux... casi todas insoportables. Esta de 1943 no es, necesariamente, la versión más famosa pero, por desgracia, SÍ la más influyente. Lo cierto es que la razón de por qué una emocionante novela policiaca con tantísimos matices ha sido convertido de forma habitual en vómito de perro es que los guiones, por alguna razón inexplicable, se han inspirado más en las situaciones y personajes del filme de Lubin antes que en el original.

Incluyendo, por supuesto, el célebre musical de Broadway.


El trabajo de Andrew Lloyd Weber no me dice nada. Además, la idea se le ocurrió viendo otro musical del fantasma de la ópera y nunca dijo nada a nadie al respecto.

Si ya me cuesta bastante soportar los musicales, su versión de la novela de Leroux (eso sí, bastante fiel) me parece excesivamente edulcorada. Y las canciones son tan sosas... sólo soy capaz de soportar el tema principal y aun me cuesta entender ese amor por los sintetizadores chungos y las voces afectadas.



La peli que hicieron con Leónidas de fantasmita ya es sencillamente horrorosa. Muy en la línea de su director, Joel Schumacher. Que, recordemos, ya nos regaló "Batman y Robin".

De todos los largometrajes que han imitado tontamente los errores de la Universal sólo salvaría la versión de Terence Fisher de 1962 ya que, aunque tiene un último tercio un tanto irregular, logra mantener la tensión en todo momento y tanto héroes como villanos poseen una psicología interesante.


¡¡Ya me estoy desviando del tema!! Volvamos a lo que nos interesa: esa ruina total dirigida por Arthur Lubin en 1943. No pienso tener piedad.

El propio fantasma tiene más minutos de metraje que Lon Chaney, pero eso no lo convierte en una figura de más peso. Más bien al contrario: le priva de todo misterio e interés.

El filme comienza de la forma más anodina imaginable: un espectáculo que termina. Gente con joyas sale del teatro, alguien comenta la representación, la orquesta recoge sus cosas... Descubrimos como la fémina protagonista, Christine, se reencuentra con Raoul, un viejo amor que ahora es nada menos que inspector de policía. Por desgracia para Raoul, la muchacha lleva un tiempo ya flirtreando con el tenor de la Ópera de París y no tiene intención de dejar de hacerlo. Pero bueno, tampoco se lo ha tirado asi que decide que tendrá forever a los dos hombres pagafanteándola, que es algo muy agradable.


Y uno se pregunta... ¿¿No debería haber aquí una presencia misteriosa acechando a los personajes?? Pues no. A ver que me explico.

Uno de los violinistas, Erique Claudin (evidentemente, Claude Rains), está mayorcito ya. El director de orquesta nota como falla en un par de notas y decide mandarle a la puta calle. El probecillo Erique vive en un ático sucio, frio y muy, muy pequeño. Jamás paga el alquiler, ya que se gasta todo su dinero en un profesor de canto para Christine (sin que esta sepa nada). Que mono. Cuando se le acaba el dinero, trata de convencer al profesor que le ayude un poco pero este le manda a la porra. ¡Este es el único personaje que actúa con sentido común, y no sale ni un minuto!

Conclusión. Que el señor Claudin está muy depre y lo único que le apetece es ir a la imprenta a ver si ya ha salido su "concierto para piano". Allí, nuevamente, le tratan como a un montón de mierda. Harto de esperar, el tío se salta las normas y entra a hablar con el encargado, ¡hombre ya! El encargado es un señor calvo que, atención, pasa el rato con una FURCIA... jugueteando con una puñetera bandeja llena de puñetero ácido. Como no, lo más normal del mundo. Erique insiste en ver sus partituras pero el calvo está muy ocupado con su FURCIA. En ese momento, suena en la habitación contigua el "concierto para piano" de Claudin. Básicamente por que hay dos tios que lo han visto, les ha parecido bonito y se han puesto a tocarlo. Erique, en una reacción de lo más lógica y humana, decide que le han robado la música y estrangula ahí mismo al encargado de la imprenta, por ladrón y por no tener pelo. La FURCIA, en lugar de salir corriendo, mira muy seria al asesino y, con una determinación aterradora, le arroja el ácido a la cara.


Tras esta improbable epopeya, nuestro amigo Erique se esconde en las alcantarillas (todo el mundo sabe que lo mejor para las quemaduras abiertas son aguas fecales) y empieza a vestir con una capa y un sombrero negro. Ha nacido un mito. O más bien un mico (que ingenioso soy).

En la novela, Erik es un hombre que se ha hecho a sí mismo y ha viajado por todo el mundo hasta encontrar una "residencia" digna de su grandeza. En la versión muda, se trata de un genio del crimen que lleva toda la vida escondido de la civilización. Aquí tenemos a un parado viejuno con la cara achicharrada.


Comenzar cualquier versión de "Le Fantôme de l'Opéra" contando, en tiempo real, como el pobre Erik (o Erique, o Enriquín, ya que estamos) queda desfigurado, es tan ingenioso y sugerente como empezar una película de Hercules Poirot con el asesino mirando a cámara y comentando paso a paso como ha cometido el crimen. Vamos, un despropósito. Pero es que, encima, la historia contada tiene más bien poco sentido (creo que esto ha quedado claro de sobra en mi sinopsis). Por no hablar de que, tal y como se desarrollan los acontecimientos, el villano carece absolutamente de cualquier poder o conocimiento. Y descubrir su auténtica identidad parece más fácil que averiguar la receta del "sandwich de queso".

Hay que admitir que la fotografía es magnífica. No muy adecuada para el género de "horror" pero sí espectacular, contando con un contraste de matices maravilloso. Aunque recordemos que en la versión muda, la escena del baile de máscaras ya estaba brillantemente filmada a todo color. Esto nos permitía asombrarnos con el acojonante disfraz de la Muerte Roja que lleva Erik, fantasía cosplay de todos los asistentes al expomanga desde 1925.


Christine está interpretada por una preciosa Susanna Foster cuya encantadora elegancia y radiante sonrisa sólo provoca un sentimiento: repulsión. Por que detrás de esos hermosos peinados, ese cuidado maquillaje, esa voz angelical, esas manos delicadas, esos labios ardientes, esa mirada seductora y esas caderas contoneantes no hay ABSOLUTAMENTE NADA. Su rol es de una niña pija de la peor calaña imaginable cuya única motivación es TRIUNFAR mediante el menor esfuerzo posible y tener loquitos a los jóvenes que haya a su alrededor. Desea ser una famosa cantante de ópera por que vive a finales del siglo XIX, pero si viviera a principios del XXI, desearía salir por la tele y tendría una cuenta en el tuenti llena de fotos suyas en el baño con la leyenda "sHA_cHRISSSS".


Aunque más allá de los problemas obvios del argumento o las caracterizaciones, quizás lo más grave en el guión sea una carencia total de sutileza. Todo lo "mágico", todo lo "misterioso" que pudiera haber en la historia original es convertido en una burda parodia. Así, las lecciones magistrales que el "Ángel de la música" otorgara a Christine a través de un espejo aquí son, como ya se ha comentado, clases de canto. O la tragedia de la lámpara de araña, que en lugar, sencillamente de "caer", es cortada con un serrucho por el pesado de Erique (en una escena con tanta tensión dramática como un episodio de Pocoyó). El mero hecho de cambiar el nombre del monstruo de "Erik" a "Erique Claudin" muestra también una preocupante falta de imaginación. De una palabra antigua, ajena (escandinava), extrañamente simple e icónica, pasamos a un nombre y un apellido de lo más corrientucho.


Este fantasmas carece ab-so-lu-ta-men-te de personalidad. Es un desequilibrado sin el menor ingenio o habilidad que busca la simpatía del espectador con su desgracia, pero que únicamente causa vergüenza. Un asesino imbécil cuyos éxitos se deben únicamente a golpes de suerte.

Luego tenemos a nuestros "héroes", el inspector de policía Raoul y el cantante Anatole. La idea de tener dos protagonistas masculinos tan similares en apariencia y personalidad, no tiene absolutamente ningún propósito narrativo lógico. De hecho, ambos hombretones se limitan a repetir LAS MISMAS FRASES y realizar LAS MISMAS ACCIONES constantemente.

Hay otro personaje femenino, Carlotta, al cual todos desprecian... aunque en realidad, NO es mucho más ambiciosa que Christine ni tampoco menos atractiva. De hecho, la pobre Carlotta suele tener razón en casi todas sus reivindaciones. Pero da exáctamente igual, está condenada a morir de forma absurda (y fuera de campo, of course).


Como es lógico, Christine no llega a sentir esa atracción insana hacia una figura terrorífica pero fascinante... es que ni siquiera llega a sentir lástima, diantre. Sencillamente, le da exáctamente igual el origen y destino de su benefactor. Sólo se preocupa cuando ve que su vida puede peligrar y, aun así, tiene tiempo de arrancar la máscara al villano. No por esa curiosidad letal que nos traslada al mito de Eros y Psique (como sí ocurre en la novela de Leroux y la versión de Lon Chaney) sino, sencillamente, por capricho. Como TODAS las acciones que emprende este personaje. No hablemos ya de la "deformidad" de Erique: apenas cuatro ridículas cicatrices incapaces de impresionar a un crío de tres años.


Curiosamente, en el guión original, la dinámica entre Christine y Erique tenía muchísimo más sentido. Al parecer, el anciano es nada menos que el amantísimo papá de la cantante. Esto otorgaría al personaje una motivación convincente y mayor profundidad trágica... pero los productores pensaron que sería confuso e incluso inapropiado (a alguien le sonaba a relación incestuosa) y eliminaron toda explicación al respecto, obteniendo así un "plot hole" del tamaño de Godzilla.

No hay nadie más amigo de la comedia que yo. Pero el sentido del humor de esta cinta es, sencillamente, MALO y fuera de lugar. Uno agradece siempre algún chistecito para aliviar la tensión, pero resulta absolutamente patético cuando alguno de los personajes realiza un comentario gracioso... o la acción principal se detiene durante interminables minutos para escuchar un diálogo pretendidamente genial. Los secundarios cómicos son de los más hostiables y ocupan una cantidad de tiempo inadmisible. Ante tal bochorno, uno sólo puede llevarse las manos a la cabeza.

El propio ritmo narrativo va de lo meramente deficiente a lo verdaderamente insoportable. La simplísima trama principal se ve continuamente interrumpida por aburridísimos numeritos pretendidamente operísticos. Musicalmente hablando, algunas de las canciones que oiremos están muy conseguidas, aunque por desgracia, eso ayuda poco a librarse del tedio. Para muchos, este es el principal fallo de la cinta aunque, en mi opinión, es un mal menor.


Eso sí, el escenario de la ópera (construido específicamente para la ocasión) es verdaderamente majestuoso. La guarida del Fantasma, sin embargo, no es tan majestuosa. Es una pocilga. Lo cual, aunque sea malísimo para dar empaque al villano, debería tener más sentido (por eso de que no es fácil decorar una catacumba). Pero no, por que tenemos el problema del inmenso PIANO DE COLA que nadie sabe como ha llegado hasta allí.

Pues bien, en uno de los primeros borradores, nuevamente, esto quedaba explicado. Al parecer Erique está refugiado en una guarida que data de las guerras napoleónicas y cuenta con todo tipo de comodidades. Desgraciadamente, los productores decidieron quitar esas escenas para eliminar cualquier posible referencia a "conflictos bélicos".


Al final, Raoul y el tenor viajan a las profundidades en busca de Christine. Una vez llegan, el inspector de la policía pega un tiro al techo de la cavernosa habitación y esta se hunde en cuestión de segundos. ¡ALBRICIAS! Menuda mierda de arquitectos hay en Francia, ¿no? Me extraña que todo el sitio no se viniera abajo sencillamente al tocar el piano. Por supuesto, Claude Rains la palma en el derrumbe mientras que los heroicos jovenzuelos quedan ilesos.

En la gran mayoría de las pelis americanas, un triángulo amoroso queda resuelto cuando uno de los pretendientes es un farsante o muere. Aquí no ocurre nada de eso. ¿Como se soluciona pues?

Muy sencillo. No se soluciona. O, más bien, se resuelve en la manera que lo haría Almodóvar: ante la indiferencia de la fémina, ambos pretendientes acaban juntos, cogidos del brazo y riendo. Que cada uno entienda lo que quiera.


Por desgracia, este patético despropósito obtuvo un éxito comercial inmenso. Se me escapa totalmente que una producción tan desastrosa a todos los niveles (no hay novedades técnicas, no existe la menor profundidad temática, la historia carece de cualquier sentido, las interpretaciones son ridículas, la atmósfera es totalmente inadecuada) pudiera atraer a tan amplios sectores del público. Hoy día, sólo puede verse como un (mal) ejemplo de superproducción añeja. Una rareza tan insulsa como inofensiva que apenas satisface la curiosidad del aficionado. El ejemplo perfecto de como las cosas diseñadas por los ejecutivos para el público de un tiempo concreto se quedan por siempre atrapadas en su época.

Sólo hay una razón por la cual esta no es la peor adaptación del "Fantasma de la ópera": Dario Argento.


Aquí os dejo, gratuitamente, el trailer original. Casi tan penoso y rimbombante como la propia película. Y además... ¡¡lleno de spoilerazos!!

6 comentarios:

Doc Moriarty dijo...

Te admiro. Yo nunca he podido acabar de verla.
Menudo petardazo insufrible.

Kike dijo...

He visto TODAS las versiones del Fantasma de la ópera.

Excepto la de Chaney, son todas horribles. Y sí, esta es un petardazo enorme.

Asumo que la crítica tampoco la habrás terminado por que me ha salido un troncho de proporciones grotescas. Es que no sabía que quitar sin que pareciera que me dejo en el tintero detalles esenciales...

Eso sí, confio en que algún día lo mires por encima y el texto te resulte, como mínimo, divertido ;)

La Rosa Rusa dijo...

Hola Kike, soy María. Me ha picado la curiosidad al verlo en el caralibro, y he entrado a leerlo...
aunque ciertamente es un poquito bastante largo, lo he leído entero a bastante pastilla y sin respirar apenas de lo mucho de lo estaba flipando, ya que a pesar de lo divertidos que me resultan la mayoría de tus comentarios, también he tenido la sensación de estar presenciando no una autopsia, sino un auténtico destripamiento, hasta sus últimas consecuencias, sin dejar nada suelto...¡Diossss, es que no se libra nadie!
Por otro lado, otros comentarios me han hecho reflexionar y son muy interesantes, como "El propio fantasma tiene más minutos de metraje que Lon Chaney, pero eso no lo convierte en una figura de más peso. Más bien al contrario: le priva de todo misterio e interés" y algunos más, como las críticas a la frivolidad femenina y a la sociedad borrega. Ah, y las fotos intercaladas de Almodovar, del gato, etc...geniales.

Elperejil dijo...

¿Y esa pedazo sordidez que es "El fantasma del paraíso"? Vale que es la versión más libre de todas, pero también la más cachonda y desmadrada. Si diese clase de historia y tuviera que explicar a mis alumnos la cultura de los 70, les pondría la película y listo...

Además, esa peli es literal y anglosajonamente "freak"...

Sonja dijo...

Me descoyunto, pues mira los musicales me matan del asco pero el libro lo tengo en la mesilla de noche esperando que sea invierno para leerlo como no puede ser de otra forma...leyéndote dudo que recurra a las versiones cinematogáficas.
A mi no se porqué el pirado de "V de vendetta" me resulta una especie de emulación demente.

Kike dijo...

María: muchas gracias por estar por aquí dando vueltecicas. Te insto a que visites otros artículos del blog tan interesantes y bastante más cortos. La verdad es que eld estripe lo considero justificado por que la peli no hay por donde cogerla. Pero también es cuestión de comparar esta atrocidad con las que Hollywood comete ahora. Es un proceso terriblemente similar. Me alegra de verdad que te haya gustado el artículo ;)

Perejil: yo de aquella película no em acuerdo NADA. La vi de crío y creo que me gustó... no sé, soy incapaz de rememorar una sola escena.

Sonja: El libro tiene el problema de que es una novela de misterio y claro, TODOS sabemos ya quien es el Fantasma de la ópera, lo cual le quita mucha sorpresa al asunto. Aun así, merece la pena leerlo, aunque sólo sea pro comprobar las buenas ideas que hay ahí y que rara vez se han transladado al cine (excepto, quizás, en la versión de Lon Chaney de 125).