(7 años de extravagantes aventuras)

viernes, 23 de julio de 2010

Robin Hood and Little John Walkin' through the forest...


Como es lógico, al pensar en "Robin Hood", todo el mundo piensa automáticamente en la versión de Michael Curtiz de 1938. Esta es, sin lugar a dudas, la mejor adaptación cinematográfica del personaje asi como el relato que mejor ha sabido configurar las cien mil aventuras de los hombres felices de Sherwood en una estructura dramática sólida y divertida.

Más vale que olvidemos la cosa esa protagonizada por Kevin Costner en la cual:

a) todo explota

b) hay sonrojantes planos subjetivos de flechas

c) alfanjes arrojadizos atraviesan a viejas desquiciadas

Regresemos pues al Hollywood Clásico. Que maravilloso technicolor...

Este célebre peliculoide, como muchos de las que hubo antes y después, está basada directamente en la novela "The Merry Adventures of Robin Hood of Great Renown in Nottinghamshire" (pedazo de titulo, por cierto). Un libraco de aventuras dirigido fundamentalmente al público infantil y escrito por Howard Pyle en 1883.

Aunque Robin Hood ya era un personaje popular inglés y todos los pasajes de la novela están inspirados en canciones y baladas medievales, fue Pyle quien introdujo los elementos icónicos del personaje. Sus amigos, sus enemigos, su atuendo, quitar a los ricos para dar a los pobres... Sin duda, Pyle se inspiró sobre todo en el Robin de Locksley que aparecía brevemente en la novela Ivanhoe de 1819 del gran Walter Scott. En aquella historia el buen arquero ya era todo un héroe que luchaba contra la injusticia, muy al contrario que en los poemas más antiguos, en los cuales todas sus acciones estaban motivadas por el enriquecimiento personal o la emoción del latrocinio.


Si uno espera encontrarse con el filme de Errol Flynn al abrir la novela de Pyle se levará un chasco curioso. Si no tenemos espectativa alguna y sólo queremos ver "que pasa", podremos disfrutar con un contenido que, en más de un aspecto, resulta insólito...

Para empezar, la novela se enmarca en el terreno de la literatura fantástica. El autor no teme hablar directamente a sus lectores potenciales como si fueran amigos de toda la vida e informar, abiertamente, que todo lo que va a encontrar es disparatadas aventuras ambientadas en una imposible Edad media.

No existe ningún intento de otorgar un falso halo de historicidad al texto como si ocurría, sin embargo, en las novelas de Walter Scott.


La historia comienza con Robin antes de ser proscrito. Se trata de un chavalín pobre (NO un caballero de Locksley, dato importante puesto que se convertirá en héroe del pueblo) que viaja por la campiña inglesa para participar en un torneo de tiro con arco.

En esta primera página ya se nos comenta que el buen Robin anda pensando en su queridísima Lady Marian. Habiéndose introducido tan pronto el elemento romántico uno supone que será un pilar fundamental de la trama. Vale. PUES NO. Aparte de esa línea miserable, la pobre Lady Marian no es mencionada NI UNA SOLA VEZ MÁS en todo el relato. No veremos besos apasionados, visitas secretas a los aposentos del castillo, hermosas palabras con las manos entrelazadas ni a la novia del protagonista siendo cortejada por algún malvado despistado. Si los amantes llegan en alguna ocasión a juntarse, es algo que al narrador le trae sin cuidado.


El caso es que Robin se cruza con unos guardabosques muy hijoputas que se ríen de él, le quieren quitar el arco, meter en chirona y un sinfin de bravatadas totalmente gratuitas. En medio de la disputa, el muchacho se ve obligado a matar a uno de los hombres del rey y salir corriendo. Esta acción le convierte inmediatamente en un proscrito, destino que aceptará, eso sí, con la cabeza bien alta. Robin Hood se convertirá en un bandido pero que sólo asaltará a quien se lo merezca y que nunca, jamás, volverá a matar a un hombre. El peso sobre su concienza de un asesinato ya es demasiado.

Acostumbrado a la virulencia de los duelos con espada o las flechas voladoras de Errol Flynn, resulta sorprendente que nuestro protagonista se niegue a quitar la vida, ni siquiera al extra con turbante #16. Me parece un giro interesantísimo que, curiosamente, jamás he visto explotado en las posteriores adaptaciones cinematográficas.


A partir de aquí, nos encontramos con una serie de episodios levemente encadenados entre sí, en los cuales disfrutaremos con las numerosas aventuras de Robin el encapuchado y los hombres del bosque de Sherwood. El tono de todas estas aventuras es distendido y alegre, sin ninguna tensión ni peligro reales, todo aderezado con un texto plagado de graciosos guiños, situaciones ridículas y comentarios ingeniosos.

¡¡Se puede decir que la versión más fiel "en espíritu" al texto original es la de Walt Disney de 1973!!


Evidentemente, nos cruzamos con el bueno de Little John o el Fraile Tuck, asi como muchas de las escenas ya míticas que han hecho famoso al arquero de Sherwood en todo el mundo. La pelea con palos sobre el puente o la gran competición arqueros son algunos de los momentos que esperamos encontrar y que, de hecho, encontramos.

No existe mención al Príncipe Juan, puesto que el rey de Inglaterra durante la mayor parte del relato es el rey Enrique Segundo y sólo al final aparece Ricardo Corazón de León. Sí aparece ese simpático usurero conocido como el Sheriff de Nottingham (que, recordemos, no es ninguna especie de "comisario" sino el gobernador de la provincia). A pesar de tratarse del villano principal de la historia, el Sheriff siempre resulta simpático al lector, quizás por sus continuos fracasos o quizás porque, en realidad, jamás lleva a cabo ninguna acción verdaderamente cruel.


El ser más malvado de cuantos Robin se cruza en su camino es Guy de Gisborne, que en el clásico de 1938 era el archienemigo de nuestro protagonista, interpretado por Basil Rathbone. Al bueno de Basil muchos le recuerdan por su "Sherlock Holmes" pero, para mí, siempre será el hijo de Frankenstein.

El caso es que Sir Guy apenas ha vuelto a aparecer en adaptaciones posteriores (eso sí, la última vez que le vimos fué en la ESPANTOSA serie de BBC). La aparición del personaje es breve, pero impactante. Con este bellaco sí se ve obligado nuestro héroe de mallas verdes a combatir, en un enfrentamiento brutal (y bastante gráfico) a vida o muerte.

Tras doscientas páginas de aventuras distendidas, charlas sobre vino, picaresca, fiestas en el bosque, escarmientos a avaros y alegres tropelías... nos encontramos con un último capítulo que significa un giro brutal en tono y estilo.

Aquí se narra el regreso de Robin de la Tercera Cruzada. En inglaterra acabará definitivamente con la vida del Sheriff y será envenenado vilmente por una pariente envidiosa. El propio autor sabe que lo que va a contar difiere mucho de lo que hemos degustado hasta ese momento y recomienda al lector no aficionado a los desenlaces tristes que, directamente, termine ahí la novela y no la abra nunca más.


El extraño experimento crepuscular de 1976 llamado "Robin y Marian" adapta, con bastante fidelidad, este fragmento final del libro que nadie antes había ni mirado. Curioso, cuanto menos. Desde luego, ninguno nos imaginamos al bueno de Errol Flynn terminando de semejante manera.

Y hasta aquí el análisis de la influyente, aunque no célebre, obra de Howard Pyle. Una clásica novela infantil del XIX, muy esquemática en sus planteamientos y que, para todo aquel que conozca mínimamente al personaje, tiene poco que aportar. Pero que contiene entre sus gastadas páginas el inicio de toda magia y aventura.

When as the sheriff of Nottingham
Was come, with mickle grief,
He talkd no good of Robin Hood,
That strong and sturdy thief.

FAL LAL DAL DE!



BONUS TRACK:

Como no podía ser de otra forma, el célebre pato Lucas también protagonizó un cortometraje basado en las alegres aventuras de Robin Hood. Aunque, como viene siendo habitual, se llevó unas cuantas hostias en el camino...

2 comentarios:

Senyor Merdevalista dijo...

Buena reflexión sobre el mito romántico, ese hecho trizas por el desalmado de Ridley Scott. Menuda basura nos dispensó...

padawan dijo...

Vaya, tengo por casa este libro pero nunca me había animado a leerlo, siempre me echó para atrás lo de "alegres aventuras" :D