(7 años de extravagantes aventuras)

martes, 1 de junio de 2010

¡Protesto, señoría!


Ya sabemos la indignación que provocan ciertas decisiones de “la justicia”, que parecen premiar al culpable y castigar al inocente. Yo no quiero ponerme catastófrico, pero hay días que viendo la tele, pues me pongo rojo de rabia. Como todos, supongo. Vivimos acordes a un sistema que nos brinda cierta independencia y seguridad pero las cosas no siempre marchan como deberían. Esta es una preocupación que ha estado especialmente presente los últimos años por ciertas razones que no vienen al caso en estos momentos. En el filme “Un ciudadano ejemplar” se nos plantea como dicha justicia pasa a ser injusticia y como un solo hombre puede desafiar a toda la sociedad...

¡TA-TA-CHAAAAAAN!

Lo curioso es que esta cuestión se plantea desde el punto de vista de los defensores del “Statu Quo” (una idea la mar de arriesgada si se busca una postura crítica). Así, nuestra bien conocida rata oportunista y trajeada se convierte en un intachable padre de familia mientras que el clásico “John McClane everyday hero” pasa a ser un fanático extremadamente peligroso.


Una película que reflexiona sobre los fallos del sistema judicial y juega con nuestras expectativas debería ser de lo más atractiva. Pero el resultado final deja mucho que desear, por convencional, efectista y poco creativo.

Hagámonos los listos un momentín: en 1934, “Manhattan Melodrama” ya trataba con mayor acierto las brechas de la ley (bajo un prisma de falsa infalibilidad) y planteaba dudas sobre la ética oculta tras víctimas y verdugos.

Regresando al siglo XXI... el tema principal de la cinta esta queda muy diluido ante incontables minutos de desmembramientos, disparos, explosiones y giros previsibles. La historia se olvida del interesante punto de partida para centrarse en incluir el mayor número posible de imágenes impactantes y personajes asesinados. Algo obvio ya en el minuto tres (no existe engaño) y, posiblemente, en el trailer. Jaime Foxx es incapaz de dotar del menor carisma a un abogado que se nos antoja antipático desde la primera secuencia. Gerart Butler pone mucha energía en su interpretación de Clyde Shelton, nuestro “ciudadano ejemplar”, pero poco puede hacer para salvar la cinta de unos defectos evidentes... como por ejemplo el inmenso poder que ostenta el antagonista, lo cual provoca que cualquier solución para derrotarle se torne en nada satisfactoria. Para justificar su pericia antinatural, el guión recurre a la aparición de un “personaje expositivo” que, tras vomitar sus tres folios de información, desaparece tan extrañamente como vino.


El referente más cercano, “The dark knight”, justifica los prodigios de sus personajes al tratarlos como iconos de la cultura pop y, a pesar de su pretendido realismo, se ambienta en un entorno de ciencia-ficción. Que sí, que soy muy pesado, y que no a todos os gusta Batman. Pero leches, al césar lo que es del césar, ¿o no?

Por otro lado, la venganza violenta por un acto abominable ha sido, desde siempre, la excusa perfecta del cine de acción. Los malos de Conan llevan dando vueltas por ahí décadas, dando por culo a "EL ELEGIDO" de un millón de ambientaciones diferentes. Se trata de un recurso fácil que alude a nuestros instintos más primitivos. Ideal para justificar las acciones de un guerrero salvaje que no teme aplastar cuanto se pone en su camino. Resulta interesante, por tanto, encontrar de vez en cuando un enfoque opuesto (y más real): estos instintos sólo generan monstruos, no héroes. Tristemente, la película se contradice a sí misma con una conclusión que aprueba expresamente el maquiavélico “el fin justifica los medios” y las tácticas del justiciero. Si hablásemos de un arco de transformación inverso en el cual el protagonista se convierte en aquello que intenta destruir, este final podría ser válido. Pero en el epílogo únicamente encontramos el típico tópico de “padre que decide ir a ver los partidos de Baseball de su retoño”. Típcio tópico, recordemos, que inmortalizó Resines en aquel anuncio de Mahou 5 estrellas.

En el filme de Takeshi Kitano “Policía violento”, la acción directa se ofrece al principio como una solución razonable (sólo hay que ver lo rápidamente que es despachado el jefe mafioso, un mágico momento de comedia). Sin embargo, la susodicha acción directa del copón acaba revelándose como el camino más fácil para convertirte en uno de tus enemigos.


Aunque, probablemente, el mayor problema de "Law Abiding Citizen" es la poco acertada dirección de Gary Gray. Da la sensación de que la cámara se regodea en la violencia con cierto placer, sin detenerse a pensar en sus consecuencias. La visión que se da de la muerte es cruel pero fría, bestial pero autocomplaciente. Un poco como en los planos cortos de Ren & Stimpy. El tono de thriller exagerado tampoco ayuda a crear una conexión emocional con el espectador, que sólo espera el siguiente golpe de efecto. Catapum. Chim pum. Riau riau. La tensión se hunde en cuanto no existe una preocupación real por ninguno de los hombres o mujeres que pasean por la pantalla (se supone que tenemos que llorar por una chiquilla rubia que nos importa tres pimientos) y toda intriga desaparece al descubrir que cada acontecimiento es otra excusa para alargar un metraje carente del menor interés temático y débilmente sostenido por un argumento inverosímil (hay una escena final con unos túneles de auténtica vergüenza ajena).

El ciudadano ejemplar este podía haber sido una gran, gran película y, en mi opinión, se ha quedado en la categoría "truñete".

2 comentarios:

joserrap dijo...

Vi esta peli hace unos dias y me estaba gustando hasta ese final tan inverosimil y con alguna que otra incoherencia. Una pena, otra buena peli destrozada, por querer hacer un final made in USA, donde el bueno siempre gana, por el hecho de ser el bueno y nada mas.

Toni Nievas dijo...

La serie web definitiva. Te ha pasado 4
http://www.youtube.com/watch?v=3lWrk4rfafw