(7 años de extravagantes aventuras)

miércoles, 21 de abril de 2010

Vale más una nota que mil planos digitales (PARTE II)


De los muchos logros que se le pueden atribuir a John Williams, probablemente el más importante sea la recuperación del leitmotiv wagneriano, una herramienta musical que relaciona ciertas situaciones o personajes con sintonías recurrentes. A finales de los 70 estaba completamente perdido en la mayoría de largometrajes y él lo recuperó. Por ejemplo, en el “Drácula” de 1979, nuestro autor favorito utilizó su talento para crear una hermosa sinfonía que acompañara al conde transilvano cada vez que hacía acto de presencia.

Curiosamente, la banda sonora de Williams, aun poseyendo ese gran tema principal, palidece ante la del desconocido Wojciech Kilar, que realiza una partitura interesantísima para la desasosegante adaptación del mito que realiza Francis Ford Coppola. Claro, que la versión en la participó Williams tampoco merecía mucho más: una obra de teatro hortera protagonizada por un jovencísimo Frank Langella presumiendo de pelazo y con la camisa abierta al más puro estilo Nacho Cano.


Y siguiendo con los vampiros, bien podríamos decir que el archienemigo del Conde Drácula es James Horner. Por que se repite más que el ajo. Este célebre compositor de Hollywood ya tiene dos oscars en su haber, ambos por “Titanic”, aunque probablemente el mejor trabajo de su carrera sea en la infravalorada cinta de fantasía heroica de 1983 “Krull”. Cinco años después firma el score de “Willow”, a partir del cual ha sido incapaz de aportar la menor originalidad a su trabajo, copiándose a sí mismo o realizando sospechosos homenajes a compañeros de profesión. Los ejemplos más lamentables serían sin duda “Troya” y “Avatar” en los cuales a la falta de imaginación se añade una sobreutilización del tema del peligro que resulta vergonzosa. El susodicho tema del peligro no es otra cosa que tres notas encadenadas que Horner debe considerar el culmen de su carrera pues no puede evitar incluirlas constantemente en todas las películas en las que participa.


Regresando con “Troya”, el mediocre trabajo de Horner sustituía a una partitura verdaderamente maravillosa de Gabriel Yared que, de forma totalmente incomprensible, fue tachada de “demasiado pomposa” por los espectadores de los pases previos de la película. Los productores tomaron la absurda decisión de, a un mes del estreno, cambiar al compositor. La banda sonora compuesta por Yared posee tanta calidad que en cuanto aparecieron en la red unos cuantos minutos de música, miles de aficionados en todo el mundo afirmaron la abismal diferencia de calidad entre ambas obras. Se trata, probablemente, del mejor trabajo de su autor, con un uso impecable de la instrumentación y el leitmotiv, plagada de momentos imperecederos que nos recuerdan al mejor Herrmann. Otra obra capital sin trono…

Actualmente, existe una edición en CD con las grabaciones originales de Yared, lanzada por una marca alemana que aprovechó cierto vacío legal. Sin embargo, Warner Brothers sigue poseyendo los derechos del material y no parece tener la menor intención de utilizarlo en futuras producciones o publicarlo como se merece.


Pero no nos desviemos del tema: no se puede realizar un análisis de las bandas sonoras en el cine fantástico sin mencionar a Basil Poledouris. De origen griego pero nacido en los Estados Unidos (Missouri), este genial compositor murió de cáncer en noviembre de 2006. Evidentemente, el punto álgido de su carrera es la banda sonora de “Conan el bárbaro” de 1982, que se convirtió automáticamente en un referente para todos los compositores de cine fantástico. Se trata de una música tan hermosa como salvaje, tan sinfónica como evocadora, tan clásica en su elaboración como rebelde en su planteamiento. Los cortes Anvil of Crom, Theology/Civilization y Battle of the mounds son difíciles de olvidar para cualquier buen amante de la música. Otros de sus trabajos más destacables son el potente tema del largometraje “Los señores del acero” (que nos retrotrae con maestría a una sucísima Edad media) o la banda sonora de esa cínica parábola espacial llamada“Starship troopers”. Poledouris aportaría su talento sin tan elevados resultados en la mediocre “Conan el destructor”.
La última vez que la partitura de “Conan el bárbaro” se tocó en público dirigida por su autor original fue en Úbeda, el 22 de Julio de 2006, poco después de que un entregado Poledouris se hubiera sometido a una complicadísima operación.


De los mundos de espada y brujería saltamos a la alta fantasía de J.R.R. Tolkien…

Evidentemente, ahora voy a referirme a cierta saga que incluye a varios señores y un célebre anillo. Como ocurría al mencionar al bueno de John Williams, nos encontramos ahora ante un problema fundamental: queda muy poco que disertar sobre una obra tan premiada, admirada y comentada.


Planteada por el propio compositor como una ópera en seis actos, la magna opus de Howard Shore presenta un cuidado exquisito en el menor detalle, dejando en un pésimo lugar a TODAS las interpretaciones musicales anteriores de la obra de Tolkien. Mezclando el estilo sinfónico de los maestros del XIX con el Hollywood más clásico y ecos de viejas culturas europeas, Shore construye un score perfecto, sin fisuras, que ya ha entrado en la historia del cine. Desde las mazmorras de Isengard hasta el encendido de las almenaras, pasando por la traición de Gollum o la batalla del abismo de Helm, las más de cinco horas de música que componen esta composición captan a la perfección toda la magia, terror, grandiosidad y misterio de la Tierra Media, superando en más de una ocasión a las imágenes que acompañan. Evidentemente, se trata del trabajo de mayor calidad, complejidad y duración de su creador. Algo que este sabe hasta el punto de que este lleva dedicada la última década de su carrera a dirigir conciertos en directo en todo el mundo de lo que ha llamado “El señor de los anillos: una sinfonía en seis movimientos”.



CONTINUARÁ...

2 comentarios:

Dorgo dijo...

Ais, hablas de Poledouris pero olvidaste mencionar una de sus mejores composiciones: La banda sonora de Robocop.

Guybrush dijo...

Cierto bareto de mala muerte situado en los bajos de Argüelles, baluarte del jebismo madrileño, tuvo una temporada en la que cerraba con Anvil of grom. CERRABA con esa obra maestra del subidón épico... y así salíamos todos de allí, con ganas de más cuando solo restaba pillar un bus y volver deprimidos a casa porque no podíamos hacer el bárbaro por ahí.