(7 años de extravagantes aventuras)

martes, 20 de abril de 2010

Vale más una nota que mil planos digitales (PARTE I)



“Canta oh, musa, la cólera del Pelida Aquiles”.

-La Ilíada, Homero. Siglo VII A.C.

Desde el principio de los tiempos la música ha sido tan importante como las palabras para comunicar mitos. Los héroes de leyenda vivían sus peripecias entre rimas y sonatas, alrededor de hogueras y a través de los labios de los bardos.

Hoy día no nos reunimos junto al fuego, sino frente a una inmensa pantalla (en ocasiones llevando unas molestas gafas de plexiglás) pero el resultado es muy parecido. Ver moverse al tipo del látigo y el sombrero no tiene sentido hasta que entra esa enérgica melodía para acompañar sus hazañas.

Para la mayor parte de los mortales las “bandas sonoras” son esos molestos baches que pone el ayuntamiento para reducir la velocidad. Para menos personas, se trata bonitos discos repletos de canciones pop que, curiosamente, no aparecen en ningún momento en la película a la cual el título del recopilatorio hace referencia. ¡Cuantas veces habremos oído afirmar por televisión que la banda sonora del “Señor de los anillos” era de Enya o que Prince había hecho un estupendo trabajo con “Batman”!

Sin embargo, existe una aldea de irreductibles galos que conocen a los autores de estas artes infravaloradas y disfrutan con su trabajo de lo lindo. ¿Por qué uno puede pasar el rato oyendo un disco de Oasis o Motorhead pero está mal visto disfrutar de una tarde soleada junto al “Beowulf” de Alan Silvestri?

El gran Ray Harryhausen, mago de los efectos especiales y contador de historias nato, dijo en una ocasión que en una buena película de fantasía el diálogo se reduce al mínimo y la música cobra un valor esencial. El poder de “lo maravilloso” se sustenta en las ilusiones. Y esas ilusiones se consiguen siempre combinando imágenes impactantes con sintonías evocadoras como en una buena ópera. Lo interesante de los mundos imposibles no es sentir que podemos pisarlos, sino disfrutarlos, rodeados por el sortilegio.


No se puede negar que el cine fantástico siempre ha estado ligado a sus potentes temas musicales. Incluso en la era del cine mudo, las partituras de “El ladrón de Bagdad” o “Los nibelungos” se consideraban importantes (recordemos que los mejores cines de los años 20 contaban con una orquesta propia). En los años 30 las producciones de horror de la Universal se preocupaban en incluir evocadora música clásica en los títulos de crédito. King Kong apoyaba la grandiosidad del simio con el magnífico trabajo musical de Max Steiner.

Pero habría que esperar hasta finales de los 50 para ver un auténtico oficio en el género. Los dos primeros grandes compositores de cine fantástico de aventura son Bernard Herrmann.y Miklos Rózsa. Al primero, más allá de sus numerosas colaboraciones con Alfred Hitchcock, le recordamos por “Simbad y al princesa”, “Viaje al centro de la tierra” o “Jasón y los argonautas” mientras que el segundo nos regaló magníficas composiciones en numerosas producciones épicas tales como “Ivanhoe”, “Ben-Hur”, “El Cid” o la entretenidísima “El viaje fantástico de Simbad”.


Y así, como suele decirse, es como llegamos a nuestros días. Claro, que si el tema de hoy van a ser las bandas sonoras en el cine fantástico moderno, hay un nombre y sólo uno que merece ser mencionado en primer lugar: John Williams.

¿Qué decir de nuestro admirado John Williams que no sepamos ya todos? Este hombre es, con toda probabilidad, el mejor compositor de bandas sonoras vivo. Aunque nos ha decepcionado con sus últimos trabajos (el nuevo siglo no esta sentando nada bien a este genio), sería absurdo no resaltar sus logros del pasado. ¿Quién no ha tarareado la mítica sintonía de “Indiana Jones”? ¿Quién no se ha encogido de terror al oír los acordes de “Tiburón”? ¿Quién no se ha emocionado con las letras amarillas de “Star Wars” acompañados de tan poderosa fanfarria? ¿Quién no conoce el legendario tema de “Superman”? ¿Quién no ha recordado momentos mejores con la melancólica melodía de “Parque Jurásico”?


Este neoyorquino de setenta años cuenta ya con cinco oscars y 45 nominaciones, unos honores la mar de merecidos que le han brindado la fama que posee actualmente. Habitual de Spielberg, no hay año desde 1972 en el que no nos regale una o dos obras maestras nuevas. Incluso las espantosas precuelas de “Star Wars” quedan dignificadas por los potentísimos temas de este maestro (véase como ejemplo el corte Duel of the fates de “La amenaza fantasma”).

Hablando de “La guerra de las galaxias”, es difícil continuar escribiendo sin remarcar el trabajo realizado en los episodios originales de la saga, plagado de hallazgos magníficos que llegan a rivalizar con “Los planetas” de Gustav Holst… y no es una comparación gratuita, pues esa era originalmente la música que George Lucas tenía intención de incluir en sus filmes, antes de ser convencido para usar banda sonora original. ¡Lo que nos habríamos perdido!



CONTINUARÁ...

2 comentarios:

Elperejil dijo...

La inmensa partitura de Star Wars está inspirada, como abierto homenaje, en la de "King's Row" de Korngold (a este buen hombre le dediqué un par de entradas en mi blog).

Williams era amigo del hijo de Korngold e hizo esa partitura para recuperar el favor popular para ese gran músico, en aquel momento un poco olvidado. Korngold es el "papi" de la música de cine.

Y, dentro del fantástico, hay compositores y cosas muy curiosas (quizá me adelante, pues esta es una primera parte), como la banda sonora que hizo el gran Arthur Bliss (más conocido por sus piezas orquestales y su música "seria") para la peli de ciencia ficción "Things to come", toda una bellísima rareza, o la influyente composición de George Auric (otro músico "serio") para "La bella y la bestia" de Cocteau. Por no hablar de la banda sonora de Alex North para 2001 y que nunca llegó a oírse en los cines.

Seguiré leyendo, es un tema que me encanta y promete...

padawan dijo...

Tienes muchísima razón con lo de Holst. Cuando era pequeño, al escuchar "Marte" siempre me venía a la cabeza la Marcha Imperial. Es un disco que siempre recomiendo, sobre todo las piezas más tremebundas, como la ya mentada, "Urano", "Júpiter"...