(7 años de extravagantes aventuras)

martes, 2 de marzo de 2010

Cuento de hada


Érase que se era, en una oscura y triste habitación que vivía una humilde zapatilla deportiva de 1985 (el año que estrenaron Regreso al futuro, Los Goonies y salió la portada esa de la chica guapa que de mayor se convirtió en un cardo).


Esta zapatilla conservaba los cordones con orgullo, pero estaba sucia, rota, y destartalada... de forma que la pobre no se encontraba muy contenta con su existencia en aquella oscura y triste habitación. Trabajaba muchas horas y su compañera no era del mismo par, sino un mocasín de los 90, con lo cual siempre estaban peleándose.

La zapatilla era amiga de todas las prendas del lugar. Si acaso tenía un defecto, es que nunca terminaba nada. No terminaba de ponerse las plantillas, de atarse los cordones, dejaba las frases a la mit...

Pero no es cuestión de ser duros con ella. Lo cierto es que ser una All-star sucia, rota y destartalada resulta siempre una experiencia desagradable. Además de reñir constantemente con su pareja, debía soportar olores fétidos y aguantar el peso de un hombretón corriendo.

Secretamente, nuestro héroe tenía un sueño. Y es que lo que quería, más que nada en el mundo, era levantarse una mañana como un maravilloso IPAD de Apple. Aunque pareciera imposible, aquella esperanza era lo único que le mantenía con vida.


Un día, cuando el primer rayo de sol cruzó la ventana, apareció un hada mágica vestida con todos los colores del arco iris y, ante el asombro de nuestro protagonista, dijo agitando su varita:

-Hola, pequeña zapatilla de 1985. He venido de reinos lejanos para concederte tu mayor deseo. Tantos ruegos nocturnos al fin han sido escuchados por los poderes superiores (Banesto y Endesa) que me han enviado a mi, Occasio de Faerie, para utilizar esta varita en tu beneficio.

Nuestra amiga la zapatilla empezó a dar saltos de alegría, incapaz de creer lo que estaba oyendo.

-Pero no debes olvidar- prosiguió el hada -Que si en un fabuloso IPAD te quieres convertir, tres pruebas deberás superar. Y deberás superarlas con dilación, pues el tiempo se agota y la magia se desvanece.


-¡Dime, oh hada!- respondió la zapatilla -¿Que pruebas son esas a las que que debo enfrentarme? ¡Juro por todas las suelas del mundo que seré digno de tales honores!

-A ver, apunta.

La zapatilla cogió rápidamente papel y lápiz y prestó toda la atención posible a la mística interlocutora. Tras esto, el hada empezó a enumerar las pruebas.

-Pues bien, esto funciona así: 1) Limpia un poco el sitio, que está hecho un asco.



El lápiz manchó velozmente el papel en blanco.

-2) ve al extremo de la habitación y grita "¡VIVA LA REPÚBLICA!"

La zapatilla, algo escéptica, siguió escribiendo.

-Y la más importante: 3) te tomas un vaso de leche y te vas pronto a dormir.

Las palabras de Occasio despertaron las dudas del soñador calzado...

-¿Que puta mierda de pruebas son esas, a ver? ¿No te estarás riendo de mí? Mira que te arreo...

-No, hostias, no te enfades tan rápido.- se apresuró a responder el hada -Es que antes pedíamos cosas tan difíciles a la población que antes de cumplir sus sueños acababan todos muertos. Vamos, que esto de las pruebas es un trámite más que nada, tú date por convertido en IPAD.

-¿Pero un IPAD de los buenos? ¿Recién salido de fábrica, con toda la memoria y todas sus funciones? ¿Con la aprobación expresa de mi dios erótico Steve Jobs?

-El mejor IPAD del mercado. Te lo aseguro al 100%. En menos de 24 horas, además. Rápidas y efectivas, así somos las hadas del siglo XXI.

-¿Entonces me aseguras que las pruebas...?

-Pura burocracia.

La zapatilla no necesitó pensar su respuesta.

-¡Entonces sí! ¡Pues claro! ¡Como no me voy a apuntar!

Occasio de Faerie, con una hermosa sonrisa en el rostro, agitó su varita mágica y desapareció por la ventana, tan misteriosamente como había venido. Y es que la mágica dama era tan poderosa como sincera, pues muchos deseos había concedido ya a camisetas, cinturones o mesas camilla. Este era uno de los pocos casos en los que se tuvo que enfrentar al Alto consejo de Duendes y Elfos, pues no es lo mismo transformar un vhs en oro puro o un sillín de bicicleta en diamantes que a una zapatilla en IPAD... ¡¡UN IPAD, MALDITA SEA!!


Sin embargo, Occasio se mantuvo firme en todo momento pues sabía que la zapatilla deportiva de 1985 merecía más este don que ningún otro ser en el universo conocido. Tanta simpatía, inocencia y esperanzas aseguraban que se tomaría en serio su nueva función en el cosmos. Da igual cuanto maná azul fuera necesario para hacer realidad aquel conjuro: dentro de muy poco, otro sueño sería cumplido.

Finalmente, transcurrieron 24 horas y, con el primer rayo de sol, un hada vestida con todos los colores del arco iris, cruzó la ventana de cierta habitación.

-¡Aquí estoy para hacer que lo imposible sea posible y lo improbable, cierto!- Dijo alegremente la mágica doncella espacial.

-Hola.- Respondió la zapatilla, sin mucho ánimo.

Un vistazo rápido bastó al hada madrina de Disney para descubrir que el lugar seguía exáctamente igual que cuando se había marchado.

-Espera, espera, espera un momento. ¿No te dije que limpiaras un poco? Sólo un poco, vamos, que no tienes que dejarte la piel ni nada.

-Ya, es que no he tenido tiempo.

El hada parecía bastante sorprendida con aquellas palabras.

-Te he dado un día entero. ¿No has tenido diez minutos para adecentar el sitio?

La zapatilla respondió con apatía:

-No, si yo iba a ponerme. Pero es que mocasín me pidió que diéramos una vuelta. Y luego discutimos. Me eché una siesta. Tuve que respirar, ducharme. Ya sabes. Cosas.


-Mira, hacemos esto. Si me dices que has limpiado y luego se ha vuelto a ensuciar, pues damos la prueba por cumplida y punto.

-Es que no he limpiado.

-Joder, macho, no me lo pones nada fácil.

-¡No, no, no!- respondió la zapatilla con celeridad. -Hoy mismo me pongo. De verdad.

El hada, conciliadora, trató de solucionar rápidamente el asunto.

-¿Lo juras?

-Lo juro.

-¿Te vas a poner con ello SEGURO?

-Que sí, no seas pesada. Que en cuanto te marches me pongo.

-Mira, que esto es un asunto serio.

-¿No te estoy diciendo que en cuanto te marches me pongo? Si yo hacer las cosas, las hago, pero necesito plazos. Confia en mí.

El hada miro suspicaz a la zapatilla pero sus ojillos tiernos la ablandaron el corazón. Blandiendo su varita de poder, aquella criatura de pura magia volvió a desvanecerse.

Y pasó un día entero. Y el cuarto no había mejorado.

-No sé muy bien como tomarme esto- Dijo Occasio, algo mosqueada.

-Es que he tenido que salir ha hacer deporte. No es algo que escoja.

-Pero no habrás estado todo el puto día, me temo.

-¿Y cuando duermo?

-Puedes dejar lo de dormir para cuando seas un puto artefacto de última tecnología.

-No se tú, pero yo tengo un trabajo, ¿sabes?

-¿¿Pero no llevabas años suspirando por...??

-¡¡Cagoendios!! ¡¡Una cosa no tiene nada que ver con la otra!!- aseveró la zapatilla, gritando a pleno pulmón. -Mi vida es muy dura, ¿sabes? ¡Claro, una luciérnaga aristócrata como tú no puede comprenderlo!

La zapatilla resultó ser tan clara, directa y violenta en sus argumentos que, por lógica, tenía que llevar la razón. Su benefactora pasó veinte minutos disculpándose hasta que el calzado pareció más calmado. Y tras esto, la dama flotante dijo con angelical timbre:

-Mira, igual me he pasado con esto de las exigencias. El papeleo es secundario, ya veré como amaño el tema. De momento tú centraté en la segunda prueba.

-¿Ir a la esquina de la habitación y gritar "¡VIVA LA REPÚBLICA!"?

-Sí, eso mismo.

-¿Puedo gritar "¡VIVA LA TARTA DE QUESO!"?

-Hombre, la prueba dice...

-Es que a mi no me apetece gritar "¡VIVA LA REPÚBLICA!" que igual el polo de Lacoste me pega una paliza. Y a todo el mundo le gusta la tarta de queso.

El hada suspiró con desgana.

-Bueno, pues grita "¡VIVA LA TARTA DE QUESO!"


-Ah, estupendo.

-Pero, ¿lo harás?

-Pues claro. Vaya pregunta.

-¿Esta vez va en serio?

-A ver, que el interesado soy yo.

Ante semejante afirmación, el hada quedó completa y asbolutamente confundida. De forma que agitó su cetro mágico y, nuevamente, se desvaneció en una nube estrellada.

De esta forma, el planeta Tierra dió otra vuelta completa sobre sí mismo. Y terminado el plazo místico que los astros pedían para el cumplimiento de la segunda prueba, Occasio de Faerie apareció, envuelta en luz y color, en el centro de la puñetera habitación. Esta vez el hada no demostró su clásica simpatía sino que frunció el ceño y puso los brazos en jarras.

-Me han dicho mis agentes mágicos que no has gritado "¡VIVA LA REPÚBLICA!" ni "¡VIVA LA TARTA DE QUESO!" ni nada de nada. Vamos, que te has quedado ahí quieto.

-Es que me venía fatal.

El hada, aún vestida con todos los colores del arco iris, cerro los ojos con fuerza y se pasó la mano por la cara, en un tópico gesto de desesperación.

-¿Como que te venía fatal?

-Pues resulta que tenía que ordenar mis tachuelas. Y luego ir al centro a comprar betún.



-De que coño estás hablando.

-Me pareces muy malhablada para venir de una dimensión alternativa de flores y piruletas.

-¿Tanto te costaba ir al extremo de la habitación y lanzar un estúpido grito?

-Ya te he explicado que he tenido que ordenar mis tachuelas e ir al centro a comprar betún. Lo tenía programado desde hace dos meses.

-Y, se puede saber, ¿por que no me lo dijiste?

-Es que creí que me daba tiempo a todo. Pero al final no.

-Me juraste que...

-Cuidado, ¿eh? Que yo no juré nada. Yo dije que lo haría, pero sólo por que creí que me daba tiempo a todo.

-Estás empezando a tocarme los ovarios espaciales de flores y piruletas.

-¡Venga, que no es para tanto! ¡Si a mi me hace muchísima ilusión! Es que me has pillado en una semana mala.

-¿Me juras, perjuras y prometes sobre la memoria de tus ancestros que al menos cumplirás la tercera prueba? Sólo esa. Por favor.

-¿Beber un vaso de leche y acostarme pronto? Jo, que fácil. Pues of course. No te quepa duda.

-Pero, ¿te viene bien?

-Mañana me viene perfecto.

-Entonces, no has quedado con el mocasín.

-No.

-Ni tienes que ir a comprar nada.

-Nada en absoluto.

-Y tampoco tienes que trabajar.

-Hostias, que ya te he dicho que me viene perfecto.

-¿Estás seguro al 100% de que lo harás?

-Me molesta mucho que no me crean.

Tras unos instantes de tenso silencio, Occasio de Faerie desapareció una vez más. Al reunirse con el Alto consejo de Duendes y Elfos, nuestra amiguita mintió como una puta, soltando toda clase de chorradas y embustes. En parte para preservar su reputación pero, sobre todo, por que tenía sincera confianza en poder cumplir los sueños de aquella amigable zapatilla deportiva de 1985.

Horas después, cierto hada se presentó ante cierto curioso personajillo. El curioso personajillo en cuestión había bebido un zumo de naranja y se había acostado a las 4 de la madrugada.

-Pero es casi lo mismo,¿no?

-¡VETE A LA MIERDA!

Y una vez la mágica doncella se marchó para siempre, la zapatilla sólo dijo:

-Ya sabía yo que esa señora no era de fiar.

6 comentarios:

James C. Murphy dijo...

xDDDD
Grande kike, grande!

Wolfville dijo...

Jajaja, buenísimo. Jodida zapatilla XDD Y es que tampoco podemos fiarnos de ellas. Aunque tanta remolonería me hace sentirme identificado :P

Saludos!!

Spiderignacio dijo...

Este cuento parece más verídico de lo que sugiere su inicial extravagancia...

Seguro que a más de uno le pasaría.

LoboOscuro dijo...

uuuh! increible! Pero se me hace que es cierto, nunca me he topado con esta gente que no puede hacer ni las tareas simples y faciles a cambio, nunca, pero se que los hay. :S
muy buena la historia! XDDD

Kike dijo...

Al final no ha comentado la zapatilla a ver que opina de su propia historia... ¡Otra vez será!

Marcos dijo...

Iba a comentar este post, pero creo que mejor lo dejo para mañana... Tengo, tengo... tengo unas cuantas ideas que podrían cuajar, sólo tengo que redondearlas. Sí, puede que mañana lo tenga listo. Va ser un comentario genial. Quizás, a lo sumo, tengas que esperar una semana. Pero va a merecer la pena...

Aunque ahora que lo estoy pensando, puede que no sea para tanto. Mejor lo dejo ahora.

MIra, mejor lo dejo mañana. Tengo que masturbarme. Eso, una pajita y me pongo a ello.