(7 años de extravagantes aventuras)

sábado, 11 de julio de 2009

El señor de la guerra (1965)


"El señor de la guerra" ("The war lord" en su idioma original) es una película histórica de 1965 ambientada en la alta Edad Media y protagonizada por Charlton Heston. Está basada en la obra de Broadway "The Lovers" (escrita por Leslie Stevens y que protagonizó el propio Heston) aunque el resultado final es muy cinematográfico y nada teatral.

En el siglo XI, Chrysagon de la cruz, un guerrero normando, es nombrado amo de un cenagal en el norte de Europa. Acompañado de su fiel Bors y su hermano menor Draco, deberá cuidar el lugar de los belicosos Frisios y mantener la paz entre los campesinos. Un día queda inmediatamente prendado de la hermosa Bronwyn, una aldeana que está a punto de casarse. El señor de la guerra empecerá entonces a plantearse el uso del "derecho de pernada"...


Se buscó un entretenimiento adulto y una veracidad histórica muy poco habitual en la época. Esto se nota desde el propio argumento hasta el vestuario, asi como los ambientes en los que se desarrolla la acción. Quizás por esto, la película resultó un fracaso de taquilla y hoy es poco conocida.

El director es el gran Franklin J. Schaffner, un grandísimo realizador, responsable también de "El planeta de los simios", "Patton" y "Los niños del Brasil". En mi opinión, Schaffner no es tan apreciado hoy como debería.

La estética de "El señor de la guerra", está muy alejada del ingenuo romanticismo de "Los caballeros del rey Arturo" o la caricaturesca suciedad de "Los señores del acero". Ojo, ambas son grandes películas, pero, en mi opinión, no reflejan la realidad medieval con tanta cercanía como este filme. En su lugar, tenemos un mundo rudimentario a la vez que dominado por complicados principios de lealtad. Una era difícil y peligrosa, pero en la cual se puede vivir y donde la felicidad, aunque fugaz, también puede alcanzarse.


El inteligente guión genera más preguntas que respuestas y la dirección acompaña estupendamente a los acontecimientos. La tensión no decae nunca, funcionando el ritmo a las mil maravillas y aunque el final resulta un poco abrupto, no deja insatisfecho en absoluto.

Se plantean, además, preguntas que si bien en el cine moderno son comunes, no tanto en el Hollywood de los 60. ¿Puede la PASIÓN llevar al AMOR cuando tradicionalmente ha sido al revés? Chrysagon no conoce de nada a Bronwyn. Carece de la menor conexión con ella y ni siquiera son de la misma clase social. Pero es una mujer hermosa y él lleva años sin sexo... el señor feudal utiliza sus inmorales poderes y se hace con el cuerpo de la chica. Pero tras la primera noche ya no quiere separarse de ella. No se trata de una posesión egoista, sino de un aprecio sincero, profundo. Al mismo tiempo, ella tampoco quiere separarse de él. ¡Se han enamorado!


¿Que es verdaderamente el poder? ¿Son más libres los poderosos? Los campesinos sufren, pues apenas son los esclavos del Señor feudal. Pero en un sistema tan restrictivo y estratificado como aquel, no existe la verdadera libertad. Tampoco para los líderes. Chrysagon se encuentra atrapado en ese espantoso territorio, literalmente encerrado en una torre ruinosa y obligado a mantener la paz. Sus decisiones sólo abarcan hasta donde permite la voluntad del Duque el cual puede, en cualquier momento, poner a otro gobernante en su lugar.

Por otro lado, se explora la convivencia del cristianismo con los últimos paganos. El feudo donde transcurre todo el argumento es una espantosa ciénaga cuyos habitantes compaginan su fé católica con la adoración de seres inanimados, en este caso, "El árbol" y "La roca". Tal circunstancia es vista por algunos como una espantosa aberración y por otros con comprensión paternalista.


Se trata con inteligencia la superioridad física y legal (que no moral) del Señor feudal, personificado por el héroe ambiguo que es Chrysagon. Él ejerce como juez, como alcalde, como jefe militar y como dueño de las tierras y cuantos las habitan. Su palabra es ley, tocarle significa la muerte. Pero no es un dios lejano, como los reyes orientales. Es apenas un cacique, que los aldeanos identifican como humano y contra el cual no tienen problemas para revelarse si no ejerce su labor correctamente (lo cual no tiene por que implicar "justicia").

También estamos ante una película trepidante que no olvida los necesarios momentos de acción y heroismo. Abrimos con un enfrentamiento contra los Frisios, donde se aprecian las cualidades guerreras de nuestros protagonistas. Y a partir de la segunda mitad, estalla nuevamente la violencia. Esto tiene lugar mediante tres emocionantes batallas en las cuales centenares de guerreros bárbaros combaten contra un puñado de valientes soldados. Pero el clímax llega más adelante, cuando nuestro protagonista se enfrenta al despechado prometido de su amada e incluso a su propio hermano.

Otro elemento que merece la pena destacar es la maravillosa banda sonora de Jerome Moross. La pista llamada "The War Lord in Battle" resulta increíblemente evocadora. Las trompetas anuncian la entrada en combate de nuestro protagonista, contra legiones de frisios. La música adquiere un tono glorioso, triunfante, conforme se hace patente la grandeza de los soldados normandos, mejor armados, entrenados y liderados.


El "Main Title" es un melancólico tema de romance que nos acompaña en todo el metraje, siendo esencial para entender la piscología de los silenciosos amantes. El compositor construye una partitura con la cual identificamos rápidamente la época en la que tiene lugar el relato. De hecho, el acertado uso combinado de instrumentos medievales (sobre todo cuerdas y vientos), nos traslada a una era oscura pero de grandes esperanzas.

Otra anécdota curiosa es que el ciclo de poemas "Bronwyn" se inicia cuando Juan Eduardo Cirlot ve, en la Barcelona de 1966, esta película.

El autor escribió cientos de páginas inspirado por el rostro de la actriz y la imposible historia de amor. Cirlot forma, en torno al personaje, un complejo mito poético sobre el amor imposible, los ángeles rilkeanos, las diosas trascendentes, los que pudimos ser en otra edad, en otro tiempo, la transmigración, el retorno, el rechazo a “esta” realidad, la muerte como resurrección o renacimiento...

En definitiva: estamos ante una obra indispensable para amantes de la Edad Media, admiradores de Charlton Heston o, directamente, fanáticos del buen cine.

4 comentarios:

Kike dijo...

Originalmente el artículo iba a ser el doble de largo y AÚN MÁS pedante... Asi que nada, disfrutadlo como una síntesis de lo que puede aportar la peli.

Haciendo Amig@s dijo...

Te ha quedado genial el artículo. "El Señor de la guerra" es una de esas pelis que no son especialmente recordadas por el gran público (hace poco hablaste de "El Cid", que sí que es un blockbuster clásico) pero que cuando la ves inmediatamente se te queda grabada en la memoria como una peli excepcional. Y aciertas en explicar las complejidades de una historia que excede con mucho a la de una simple peli de aventuras...

Dr. Quatermass dijo...

Estoy de acuerdo con el olvido de Schaffner. Muy buena reseña de esta gran película.

Ryben dijo...

Oye, pues me han entrado ganas de verla. Buena reseña.