(7 años de extravagantes aventuras)

domingo, 26 de abril de 2009

Kull contra los malvados Hombres-serpiente


Kull recorrió el salón con un rápido movimiento de su mirada. Sin lugar a dudas, aquí no había posibilidad alguna de que se cometiera un acto de traición. Había presentes diecisiete consejeros, a todos los cuales conocía; cada uno de ellos había abrazado su causa cuando ascendió al trono.
-Hombres de Valusia... -empezó a decir, a la manera convencional.
Y entonces se detuvo, perplejo. Lo consejeros se habían incorporado, como un solo hombre, y avanzaban hacia él. No había hostilidad alguna en sus miradas, pero sus actos resultaban muy extraños en una sala del consejo. El primero ya había llegado cerca de él cuando Brule se adelantó de un salto, encogido como un leopardo.
-¡Ka nama kaa lajerama!
Su voz restalló, rompiendo el siniestro silencio de la sala, y aquel primer consejero retrocedió, llevándose rápidamente la mano a la túnica. Brule saltó como un resorte y el hombre se precipitó de cabeza hacia la espada desenvainada del picto, y cayó ensartado mientras su rostro se desvanecía y se transformaba en la cabeza de una poderosa serpiente.
-¡Atacad, Kull! -rugió la voz del picto- ¡Todos ellos son hombres serpiente!
Lo demás fue una escena llena de sangre. Kull vio cómo aquellos rostros familiares desaparecían y sus lugares eran ocupados por horribles cabezas reptilianas, en el momento en que todo el grupo se lanzó hacia adelante. Había un gran desconcierto en su mente, pero su cuerpo no le falló.
El silbido de su espada llenó la estancia, y el grupo que se precipitaba contra él se transformó en una oleada rojiza. Pero los que quedaron volvieron a atacar, aparentemente dispuestos a entregar sus vidas con tal de eliminar al rey. Unas espantosas mandíbulas se abrieron ante él; unos ojos terribles miraron a los suyos, que devolvieron la mirada sin parpadear; un olor fétido y nauseabundo impregnó la atmósfera, el olor de la serpiente, que Kull había conocido en las selvas del sur. Las espadas y las dagas se precipitaron hacia él, y apenas fue consciente de que le herían.
Pero Kull se hallaba ahora en su elemento. Nunca, hasta ahora, había tenido que enfrentarse con enemigos tan crueles, pero eso le importaba bien poco; eran seres vivos, por sus venas corría la sangre que podía derramarse y murieron uno tras otro cuando su gran espada les arrancó las cabezas de un tajo o les atravesó los cuerpos. (...)
El rey se dejó llevar por su afán de lucha, combatiendo según el terrible estilo atlante que busca la muerte para enfrentarse con la muerte; no hizo el menor esfuerzo por evitar las acometidas y las cuchilladas, se mantuvo firme, y hasta se lanzó hacia adelante, sin otra idea en su enloquecida mente que la de atacar. No era frecuente que Kull olvidara su habilidad luchadora en su furia primitiva, pero ahora pareció como si un eslabón se hubiera roto en su alma, para llenar su mente de un afán incontenible por matar y derramar sangre. Se desembarazaba de un enemigo a cada estocada que lanzaba, pero aquellos seres le rodeaban, muy superiores en número, y Brule tuvo que parar una y otra vez estocadas que habrían alcanzado su objetivo. Permanecía agazapado junto al rey, esquivando y atacando con una fría habilidad, sin producir tantos estragos como ocasionaban los mandobles y arremetidas de Kull. pero sin dejar por ello de ser menos efectivo con sus golpes y embestidas cortas desde abajo.
Kull lanzó una risotada de locura. Los horribles rostros se agitaban a su alrededor como una mancha borrosa y escarlata. Sintió que el acero se hundía en su brazo y dejó caer la espada, trazando un arco relampagueante, que abrió una enorme brecha en el pecho de su enemigo. Luego, las brumas se disiparon, y entonces se dio cuenta de que él y Brule se hallaban solos sobre un montón de horripilantes figuras esparcidas por el suelo, inmóviles.
-¡Por Valka! ¡Qué matanza! -exclamó Brule limpiándose la sangre de los ojos.


Fragmento de "El Reino de las sombras", de Robert E. Howard, publicado en 1929. Este es el primer relato considerado de "Fantasía Heroica" y, para algunos, el mejor.

BONUS TRACK:

El trailer de la peliculilla de aventuras de 1997 "KULL, EL CONQUISTADOR", protagonizada por Kevin Sorbo y Tia Carrere. No es buena ni tampoco tiene mucho que ver con el personaje, pero para una tarde de domingo está entretenida y tal.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mola, no tenía ni idea de que fuera tan antiguo cuando lo leía. Mu rico.

Igor Von Slaughterstein dijo...

Genialísimo fragmento. Personalmente prefiero otros relatos con Kull, pero este es tan sumamente soberbio y rompedor que no puede más que ser el más mítico del lote.

Y sí, la espada y brujeria nació aqui. Dicen que a Howard se le adelantó Lord Dunsany en un relato del que no recuerdo el nombre. Pero por mucho que Dunsany hiciera algo parecido a la fantasía heroica antes de tiempo, esta más claro que el agua que el género nació gracias a Howard y a "El Reino de las Sombras".

Saludos!!