(7 años de extravagantes aventuras)

domingo, 5 de octubre de 2008

Crítica literaria muy profunda: Teo en avión


La celebérrima Violeta Denou vuelve a deleitarnos con las aventuras de su creación de ficción más famosa, en el relato "Teo en avión".

A lo largo de trece intensas páginas que apenas pueden calificarse de trepidantes, sino de convulsas, nos es narrada la ventura y desventura en el cielo de uno de los héroes más conocidos de la historia moderna.

En la trama propuesta, el infante de cabellos de fuego ha de tomar un vuelo intercontinental para recuperar una amistad perdida. Por supuesto nos encontramos ante una excusa argumental que poco tiene que ver con la intencionalidad auténtica de la escritora, que desea introducirnos cuanto antes en su complejo mundo personal. Apenas se nos ha presentado el conflicto, hacen su aparición las primeras críticas sociales, tales como la crisis del petróleo o el abandono del niño en la civilización actual.

Más adelante, el susodicho artefacto despega al fin, desafiando con furia a Eolo o, citando la obra "se eleva a gran velocidad, y cada vez vuela más alto". Existe entonces un intento de introspección psicológica (en la humilde opinión de quien esto suscribe, poco conseguido) al asegurarnos que la profesión escogida por Teo para el futuro es la de piloto (los aficionados ya habrán descubierto que esto entra en conflcito con otras afirmaciones hechas por el personaje en el pasado).

Aquí podemos encontrar un pequeño valle en las gloriosas montañas narrativas a las que se nos ha sometido a subir. Efectivamente, nos hallamos en un fragmento del libro en el cual los acontecimientos se tornan mucho más tranquilos, de modo que apenas se apunta una referencia a la muerte (insinuada por un grupo de sonrientes paracaidistas), asi como el contraste eterno entre pobres y ricos y una humorística burla (a la par que una aterradora revelación) a los mal llamados "vuelos de bajo coste" que se llevan tantas vidas al año.

A partir de aquí nos encontramos con un punto de inflexión en la obra, que confundirá a más de uno (no a mi, claro está). Cuando el rumbo de la ficción parece totalmente establecido, la autora se desmarca absolutamente de nuestras espectativas, dando lugar a una gloriosa vuelta de tuerca. De repente, y sin previo aviso, el aeroplano cruza la atmósfera y se dirige al espacio exterior. Tras vagar por el cosmos, el avión llega hasta el cual, se supone, siempre fué su destino, el planeta Marte. Obviamente, este fué el mundo escogido (dentro de los muchos posibles) debido a su connotación bélica, asi como su misteriosa y mítica historia. Ningún detalle es dejado al azar en las novelas de Denou. Marte aparece como un valle de color y luminosidad, en claro contraste con el mundo gris y frio que representa la Tierra, donde son los nativos los que huyen aterrados de los hombres (clarísima referencia al neocolonialismo).



Es aquí cuando al desconcertado lector aprende las reglas de semejante fantasía romántica, sólo para ser arrancada de ella como cuando somos arrancados del vientre materno. Tal y como algunos suponíamos y otros no querrán creer, todos los eventos transcurridos más allá de nuestro planeta son apenas una ensoñación alucinatoria del chiquillo de melena ardiente. Su rostro refleja confusión y dolor, a la par que el resto de pasajeros parecen antinaturalmente felices, como si se rieran de su desgracia.

Tiene entonces lugar el clímax, que, curiosamente, resulta bastante anticlimático. Se nos presenta la India, con gran fidelidad geo-política, pero es que el libro, cuando debería terminar de convencernos de su grandeza, hace aguas en un punto fundamental, que es el choque cultural. Si bien el resto de la novela ha intentado hacernos reflexionar sobre las diferencias inexplicables entre los hombres, en este tramo final se muestra con un naturalismo casi Rousseauano en el cual se nos descubre de un modo ciertamente idílico los procesos globalizadores de occidente para con sus vecinos.

Desgraciadamente, el tomo completo es incapaz de alcanzar la sobriedad, complejidad, ingenio y esplendor literarios de "Teo va al circo" al ser este, probablemente, la más completa aportación al personaje. Sin embargo, no hemos de menospreciar "Teo en avión" sin antes meditar muy seriamente, pues nos hallamos ante una más que digna incursión de la autora (y el ya cuasi legendario protagonista) en temas mucho más elevados, como la realidad dentro de la realidad, las injusticias sociales o ese simbólico acercamiento al mismo cielo, digno del mejor Hemingway.

Una prosa fluida a la par que inteligente, ilustración de intencionalidad claramente postmoderna y una entidad estructural razonablemente sólida, completan un producto que, si bien no brillante, quizás merezca un sitio preferente de en la colección del lector.

7 comentarios:

Guybrush dijo...

Magistral. Corro a mi club de lectura a recomentar la obra.

engelson dijo...

excelente crítica, observo mirando la última foto que cada tomo de esta magna colección parece venir acompañado por un cd o dvd, me pregunto si la experiencia lectora es más auténtica o es una estrategia de marketing

Kal Zakath dijo...

Jajajaja! WTF!

Haciendo Amig@s dijo...

Ya era hora de que existiera un sitio en interné con crítica literaria DE LA BUENA.

Un apluso.

Ghortaur dijo...

que bueno, yo, que tenía este libro de pequeño, no supe llegar a captar entonces las dobles lecturas que nos has descubierto

copepodo dijo...

Sólo de leer la crítica he sentido una congoja existencial difícil de explicar. No sé si esperar a que me lo traigan los del Círculo de Lectores, estoy ansioso.

PD. No dices nada de los icononos situacionales. Lo mismo es que no e hiciste con la edición coleccionista.

videodromo dijo...

JAJAJAJAJAJJAJAJAJAJJAJAJAJAJJAJAJA, es el mejor análisis literario que he leido en mucho tiempo. Discrepo en cuanto a la ilustración, yo más que postmoderno lo catalogaría de claro homenaje a Georges Seurat. JAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJJAJAJAJAJA