(7 años de extravagantes aventuras)

jueves, 24 de enero de 2008

PELÍCULAS QUE NUNCA FUERON (V)

¡Vuelven las Películas que Nunca Fueron! Y en esta ocasión con una producción muy especial en todos los aspectos. Para empezar por que es la primera (y segun dicen, mejor) película basada en un videojuego. Para seguir por que es "direct-to-video", una categoría de la cual aun no habíamos disfrutado en las Películas que Nunca Fueron. Y, sobre todo, por que se trata de una aportación original de... ¡¡ Juanjo Ramírez !!
Disfrutad de esta joya olvidada del cine ochentero inexistente.


La mejor película sobre un videojuego jamás hecha se rodó en una época en que todavía no se había puesto de moda eso de hacer adaptaciones de videojuegos. La lástima es que los ejecutivos que trabajan para el señor De Laurentis no pensaban igual que yo, y se encargaron de que la peli no trascendiese.
¿Cómo puede pasar sin pena ni gloria la peli más esperada por todo adolescente mínimamente digno? Lo voy a explicar aquí. Pero vayamos por partes:
Año 1988. La productora de Dino de Laurentis se encapricha con un guión que adapta a largometraje el mítico videojuego Ghouls and Goblins. El autor de ese guión era Stephen Souza, responsable de guiones como Comando, Perseguido y… ¡Jungla de cristal! Aunque hay que reconocer que en esta ocasión la cosa iba más por la línea casposa de Comando y Perseguido que por la elegancia de La jungla de Cristal.
De Laurentis no conocía el videojuego (y yo creo que tampoco lo apreciaba) pero quedó enamorado del potente y pegadizo tema musical del juego. En un arranque de megalomanía, el propio Dino de Laurentis llegó a la conclusión de que ese tema musical, bien orquestado, vendería la película por sí solo. Se apresuró a comprar los derechos de esa música. Fue su prioridad, por encima de los derechos de la historia. Aún no tenía director, ni había cerrado el contrato del guión, pero se hizo con los derechos de la sintonía del Ghouls and Goblins, comprándoselos directamente a los japoneses de Capcom que los gestionaban.
Luego Dino decidió que para instrumentalizar adecuadamente el tema musical, quería coros como los de La profecía. Contrató a Jerry Goldsmith (compositor de la música de La Profecía). Jerry dijo que aceptaría o no dependiendo de quién dirigiese la peli.
Dino de Laurentis aún no se había decantado por ningún director. Le dijo a Goldsmith: “Proponme uno”.
De esta manera, el asunto llegó a manos de Joe Dante.
Dante no pudo encargarse de la peli por cuestiones de incompatibilidad de agendas, pero fue él quien recomendó al director que finalmente se encargó del tema. Un tipo que aún no había dirigido ninguna peli, pero del que se hablaba muy bien, pues había trabajado en los departamentos de dirección artística de ILM. En realidad, Joe recomendó a otro mítico Joe:
Joe Johnston. Que un año más tarde haría la peli que realmente le presentó en sociedad (Cariño, he encogido a los niños) y más adelante nos regalaría joyitas como Rocketeer, Jumanji y Parque Jurásico 3.
Johnston hizo un gran trabajo con Ghouls and Goblins, y si hoy día la peli no ha trascendido, no es por su culpa. Además, Joe Dante no se desvinculó del proyecto del todo. Figura en los agradecimientos de la peli, y las malas lenguas dicen que hay mucho que agradecerle. La peli está llena de detalles de agudísima mala leche y referencias cinéfilas que dejan entrever la mano de Dante.
Y Joe Dante, sin él saberlo, fue responsable de algo que fue al mismo tiempo lo mejor y lo peor que le sucedió a la película: Antes de contactar con Dante, De Laurentis quiso ver la última película que había dirigido este señor, para ver si la recomendación de Goldsmith era acertada. En aquellos tiempos, la peli más reciente de Dante era El chip prodigioso (Innerspace. 1987). No sé si a Dino de Laurentis le gustó la peli, pero en cuanto vio a Dennis Quaid en la peli de Joe Dante, tuvo clarísimo que era el protagonista perfecto para Ghouls and Goblins. Según la “leyenda urbana”, De Laurentis, nada más terminar de ver El chip prodigioso ordenó que le consiguiesen una foto de Dennis Quaid. Una vez tuvo la foto en sus manos, cogió un rotulador y le pintó barba al señor Quaid. No cabía duda. Iba a ser el protagonista perfecto.
Dennis Quaid aceptó y, en efecto, fue perfecto. Puro carisma, combinando a la perfección el porte y la entereza del caballero medieval con el encanto del héroe gamberro ochentero. Era un personaje bastante amargado, pero caía bien. Muy en la línea del Serpiente Pliskin de Carpenter, o el Schwarzenneger de Comando (que como mencionamos más arriba, es otra creación del guionista Stephen Souza).
Hay que reconocer que no había demasiada química entre Quaid y Diane Lane (que interpretaba a la princesita en apuros). Pero daba igual. Sólo coincidían al principio y al final. Y por separado ambos estaban inmensos.
Aunque Stephen Souza era fan entusiasta del videojuego, la trama de su guión va un poco por libre y sólo conserva lo básico:
- Caballero barbudo que se va a casar con una princesita.
- Demonio que irrumpe en la ceremonia y secuestra a la novia.
- Caballero con su armadura matando zombies y monstruos.
Todo lo demás, es un guionista de oficio rellenando con su buen hacer los agujeros que dejaba el videojuego. En el guión de Souza, el protagonista es Arthur, un mercenario rudo, muy poco refinado. La princesa y él pertenecen a dos mundos totalmente opuestos, y toda esa mierda.
Pero la princesita está enamorada de nuestro amigo Dennis Quaid, y aprovecha el reciente fallecimiento de su padre (que quería aparearla con otro príncipe de un reino vecino) para casarse por amor con quien le da la ganas.
Así pues, el primer acto de la peli consiste en ver cómo el protagonista llega al castillo para casarse, acompañado de un viejo y tuerto compañero de fatigas (Dick Miller) y lo pasa fatal, intentando adaptarse a los buenos modales y las cursilerías de la vida palaciega. Todos sabemos que en la edad media los reyes y los príncipes eran tan educados como cerdos de granja, pero en Ghouls and Goblins: La película se acepta esa pequeña licencia: Palacio más versallesco que medieval, con Arthur renunciando a su armadura, vistiéndose con ropas de cortesano que no le hacen ningún favor, haciendo el ridículo en la mesa por no ser capaz de usar los cubiertos, etc.
Para más inri, todos los consejeros de la princesa, que desaprueban a Arthur, han invitado a la ceremonia al príncipe vecino con el que quería desposarla su padre antes de morir, con la esperanza de que el príncipe vecino consiga cortejar a la princesa antes de la boda. No quieren a Arthur como rey.
El príncipe vecino estaba interpretado por un tipo muy parecido a Martin Short (De Laurentis intentó conseguir también al propio Short tras ver El chip prodigioso, pero no pudo ser) y el personaje es odioso, muy en la línea del Owen Wilson de Los padres de ella. Se dedica a poner en evidencia la falta de modales y clase de nuestro caballero, y en cierto modo, la propia princesa parece albergar dudas y plantearse las cosas.
Pero las cosas cambian cuando, durante los preparativos de la boda, aparece para secuestrar a la princesa una criatura alada hecha con stop-motion entrañable. Hay quien dice que Sam Raimi se acordó muchíiiisimo de esa criatura cuando metió la suya en El ejército de las tinieblas (peli que, acuérdense, también produjo De Laurentis. Ejem…). Todos los cortesanos gritan, aterrorizados (la criatura se come a un par de ellos) y el principito del reino vecino, en lugar de proteger a la princesa, la usa como escudo humano.
Uno de los mejores momentos de la película viene justo a continuación de eso. Arthur ha desaparecido, y los consejeros reales, tras ver cómo la bestia alada se aleja volando hacia el horizonte con la princesa entre las garras, empiezan a preguntar dónde coño se ha metido el caballero. En ese momento, ven desparramadas por el suelo las ropas de cortesano que le habían obligado a vestir a Arthur para la boda. El reguero de ropa llega hasta un armario. Es el armario en el que al principio Quaid guardó su armadura. La armadura ha desaparecido.
“¿Dónde se ha metido ese paleto?”, exclama uno de los consejeros. Entonces el personaje de Dick Miller señala hacia una de las ventanas y responde: “Está salvando a su novia, capullo”. A través de la ventana, todos pueden ver a Arthur, vestido con su armadura, cabalgando hacia el horizonte. Y justo en ese momento, subidón musical, con la sintonía del Ghouls and Goblins a toda pastilla, tremendamente bien orquestada por Goldsmith. Dicen que en los pocos cines en que se puso, la gente gritaba, aplaudía y coreaba en ese momento. Y no me extraña. Es jodidamente mágico.
Y entonces, de repente, interrumpen lo climático del momento con una de las ideas más iconoclastas de la historia del cine. De repente, la fanfarria se corta de forma brusca, cuando el caballo de Arthur está atravesando el cementerio y… ¡¡una mano de un zombie atraviesa la tierra y agarra una de las patas delanteras del caballo!! La música se interrumpe, el caballo cae al suelo, relinchando de dolor porque la mano del zombie retuerce la pata. Está hecho un poco cutre, pero con mucho encanto. Se nota el truco, pero es efectivo.

Y a partir de ese momento, acción, acción, acción, acción. Armas, monstruos, hostias. El cementerio es de un siniestro que tira para atrás. Muy oscurito. Muy rollo Mario Bava o Lucio Fulci. Y salen zombies por todas partes. Uno llega a temer por la integridad de Arthur a pesar de la armadura. Es de estas pelis que hacen que el espectador se retuerza en el asiento y dé mandobles imaginarios para ayudar al prota.
El resto de los “escenarios” no son tan fieles al juego original. Yo tengo la teoría de que al ser tan condenadamente difícil el juego, pensaron que la gente estaba acostumbrada a no pasar de la primera fase, y fue la única que respetaron con fidelidad.
A partir de ahí, Souza le da al asunto un trasfondo retorcido para explicar la presencia de los zombies y los monstruos. Poco a poco, Arthur descubre que el rey (el papá de la princesa) flirteaba con la magia negra y chateaba con algunos demonios de los círculos del infierno.
Y sí: Por muy excesivo que parezca, el espíritu del rey se cabrea desde el otro mundo al ver que su hija se va a casar con un mercenario sin pedigree, y moviliza a sus fuerzas infernales para alejar a su hija de Arthur.
Parece un argumento estúpido. Incluso lo es. Pero les aseguro que el argumento es lo de menos. Lo realmente importante es ver a Dennis Quaid repartiendo leña y cargándose a todo tipo de monstruos.
¡Usa todas las armas que salen en el videojuego! Además de llevar espada, Dennis Quais arroja puñales, pelea con lanzas, con hachas…
Hay incluso una secuencia memorable que demuestra el cariño que sentía Stephen Souza hacia el videojuego: Arthur es acorralado en una habitación de un castillo por cuatro o cinco monstruos estilo “orcos”. Tras él hay una pared en la que cuelgan todo tipo de armas. Arthur, sin perder el contacto visual con los monstruos, alarga su brazo hacia atrás para coger alguna de las armas, la que sea. Se da cuenta demasiado tarde de que lo que ha cogido no es ninguna de las armas, sino la antorcha que hay en la pared iluminando la estancia. Sin perder un instante, Arthur arroja la antorcha contra el monstruo más cercano, pero esa antorcha resulta ser igual de inútil que en el videojuego.
Otro guiño ineludible: Para entrar en el castillo del que hablamos, Arthur tiene que bucear dentro del foso del castillo. Para no hundirse, tiene que quitarse la armadura, y de esta manera tenemos al prota vestido únicamente con unos calzoncillos blancos. ¡Igual que en el juego! ¡Todo lo que ocurre en ese castillo es con Arthur en calzoncillos! ¡Menudos cojones! Y eso genera una sensación de vulnerabilidad tremenda.
Las criaturas estaban diseñadas por un tal Henrick Muller, discípulo directo del gran Rob Bottin. De hecho, el malo final (un demonio gigante poseído por el espíritu del rey) alberga un sospechoso parecido con el demonio que diseñó Rob Bottin para Legend.

Ghouls and Goblins: La película tenía todos los ingredientes para ser uno de esos títulos emblemáticos e inolvidables de nuestra infancia/adolescencia. Pero, como decíamos más arriba, lo mejor de la película terminó destruyéndola: Dennis Quaid.
Todos recordamos que Dennis Quaid sucumbió al alcoholismo y a las drogas en aquella época. Se metió en varios líos, y en varias clínicas de desintoxicación. De Laurentis y sus directivos decidieron que un drogadicto camorrista no podía ser el estandarte que representase a la productora.
La película fue estrenada directamente en vhs. Echaron tierra sobre el asunto y nadie volvió a hablar del tema. Las únicas salas de cine que acogieron Ghouls and Goblins fueron los pases de público que hizo la productora antes de que la decadencia de Quaid generase tan mala imagen.
La película acabó en algún sótano o almacén de la productora, y no volvió a ver la luz hasta que en el año 2003, la heredera del cotarro, Rafaela de Laurentis, convenció a su padre para sacar una edición en dvd. La edición fue muy cutre, y la tirada muy limitada, pero gracias a eso, algún alma caritativa la colgó en el emule.
Sólo está disponible en inglés sin subtítulos, y la calidad de imagen no es precisamente envidiable. ¡Pero merece la pena!

¡Gracias Juanjo por la peli! ¡Y gracias a vosotros por seguir ahí!

ENTREGAS ANTERIORES:

Mistery of the Bat-Man

Dungeons & Dragons: La Gran Aventura

La Leyenda de Sigfrido

El Hobbit

8 comentarios:

Bolinga dijo...

hey!! quizas sea mucho pedir pero me han entrado unas terribles ganas de verla... si no dar el elink al menos podrias decir el nombre exacto de la pelicula para buscarla en el emule ;)

Kike dijo...

No voy a decir que esto no me guste, pero la verdad es que después de 5 entregas, me sorprende más que nunca.

Así que vamos allá:

Mucho me temo que esta peli no existe.

Pero gracias por seguir el blog y disfrutar con nuestras paranoias, Bolinga ¡También comento un montón de pelis de verdad, lo juro!

Gonzalo Navas dijo...

Madre mía,que exhorcismo ha resultado leer todo eso escrito,después de tanto tiempo he podido ver a Dennis Quaid atabiado como Arthur.
Juanjo,aquello fue de escalofríos.

Bolinga dijo...

vale!! xDDDD
ciertamente me engatusaste con tu prosa y si, me lo crei hasta el fondo xD q se le va a hacer
y no no no, gracias a ti, en esa gran mentira q es la web 2.0, y con la cantidad de cuentamierdas q hay en la blogosfera, peloteos aparte, el tuyo es el unico q reviso a diario cuando regreso de la facultad.

saludetes

John Ponstantine dijo...

tioo, no se juega asi con los sentimientos de la gente.

zombi dijo...

Muy bueno. Soberbio. Me ha encantado lo de Goldsmith, de veras. XDXDXD

Yo le hubiera añadido algo macabro como que la mala suerte se cernía sobre la película, que cayeron algunos rayos aquí y allá y que finalmente decidieron prescindir de Jerry para la banda sonora por ser un gafe de mil pares.

Enhorabuena.
:D

PD: e increíble el efecto de verosimilitud conseguido. Sobre todo teniendo en cuenta el título de la sección, ¿no? No me lo habría imaginado.

Anónimo dijo...

Habría sido una gran película, yo habría añadido una secuencia final en la que el prota al volver al castillo con su princesa le da una paliza al capullo del principe vecino.

Dis View dijo...

Muy interesante el post, pero me gustaría hacer una puntualización. No se trata de un juego llamado Ghouls and Goblins, sino de dos juegos: Ghosts'n'Globlins y su secuela Ghouls'n'Ghosts.
Me dejé muchas pesetas como para olvidarme de los nombres :D