(7 años de extravagantes aventuras)

lunes, 21 de enero de 2008

La verdad sobre el WENDIGO





ABSOLUTAMENTE TODOS LOS HECHOS RELATADOS A CONTINUACIÓN SON COMPLETAMENTE VERÍDICOS. NO HAY RASGO DE FICCIÓN O CREACIÓN LITERARIA EN ELLOS.

Esta es una historia que he contado en decenas de ocasiones. Pero no a vosotros. A vosotros aun no. Es una historia terrible y puede que no apta para lectores poco intrépidos o demasiado impresionables. Os advierto que el Horror que estáis a punto de presenciar sólo es equiparable al que se siente en las más profundas pesadillas y sí acaso continuais es sólo por vuestra cuenta y riesgo.

Todo ocurrió en un campamento de Semana Blanca (cuando aun existía), hará ya unos siete años. Acabábamos de descubrir a Lovecraft con el relato de "El Wendigo"... bueno, nosotros creíamos que era de Lovecraft. Luego resulta que no lo había escrito él. Pero eso da igual. Lo importante es que conocíamos al personaje.

Esa noche un colega y yo, aburridos, decidimos adentrarnos en el bosque, como el par de ridículos gallos de pelea adolescentes que éramos. Sí, queríamos pasar miedo.. Pero no lo lográbamos. No parábamos de burlarnos de los tópicos de las películas de terror y acordarnos de chistes malísimos.

Hasta que, de repente, lo oímos.

Un rugido gutural, profundo, angustiado, una especie de espeluznante grito de alerta, un sonido que no provenía de hombre ni bestia que yo conociera.

¡Tal y como debería sonar el WENDIGO!

Aterrados, salimos huyendo de ahí. En menos de diez segundos habíamos regresado a la zona civilizada. No tardamos en contárselo a todo el mundo.

Todos nuestros compañeros de clase estaban en un botellón en la otra punta del campamento o en la cama durmiendo. Nuestros profesores se habían reunido en el edificio principal a charlar y fumar un poco antes de ir a descansar. Nadie en el bosque.

Tras contar la historia, uno de nuestros amigos más grandotes se decidió a acompañarnos, mientras no paraba de reírse de nuestra falta de coraje y ridículas supersticiones. Armado con un bate y sin tomarse en serio de la situación, creímos que todo terminaría en sus burlones comentarios... pero nos equivocamos.

El rugido volvió a oírse, más fuerte todavía, y esta vez no éramos dos personas los que lo percibimos sino tres... y como si de una serie de dibujos animados se tratara, nuestro grandullón y gracioso amigo salió despedido el primero, a una velocidad aproximada a la de la Luz.

Los tres fuimos de nuevo ha hablar con seres humanos de nuestra edad. Estábamos asombrados pero una especie de insana curiosidad corroía nuestros cuerpos. Queríamos efectuar una última expedición a Lo Desconocido.

Así que volvimos yo, el colega, el amigo grandón y tres chicas. Eramos seis personas contra una criatura de ficción. Pero volvió a oírse el maldito rugido y todo cuanto creíamos se desmoronó.

Mas esta vez la huida no tuvo el éxito del pasado.

Mientras todos corrían ¡Noté que algo me agarraba del cuello! ¡Caía irremediablemente al suelo! ¡Nadie iba a parar a ayudarme!

Mi destino parecía sellado ¡Iba a ser devorado por el Wendigo! El terror se apoderó de mí. No sabía que pensar. Sólo era capaz de sentir pavor...

Estaba tirado en el suelo, pero ningun Dios Cósmico vino a reclamarme. De repente, empecé a sentir una quemazón en la cara. Me di cuenta de que tenía una herida enorme. Joder, como dolía. Me levanté. Mire al frente y observé con que me había estrellado...

¡¡UNA PUTA RED DE VOLEIBOL!!

Los monitores del campamento de los huevos me dijeron que "un centímetro más a la derecha y te llega a sacar un ojo". La cara se me quedó como un parrilla LITERALMENTE durante casi una semana.

Pero el caso es que ningún compañero ni monitor nos dijo si él había producido el terrible rugido. Se nos juró que en la zona los únicos animales eran "ardillas y gorriones". No había mamíferos grandes que pudieran emitir un ruido semejante. Nadie encontró una explicación racional.

Nunca averiguamos que era en realidad el sonido. Pero aun hoy resuena en mi cabeza. Y cada vez que me adentro en la espesura de un bosque, todavía temo hallar la presencia del Wendigo.


2 comentarios:

Juls dijo...

Seguramente fué autosugestión, y más teniendo en cuenta que no hubo tirada de cordura posterior.

Yo cuando leí a lovecraft veía constantemente sombras moviéndose por el rabillo del ojo. Y vigilaba las esquinas por donde podían aparecer los perros de tíndalos...

Una cosa ¿te puedo llamar "cara de red"? Piénsalo, es un gran nombre, digno de un villano de Batman. jejeje. Menos mal que nos podemos reír de estas cosas cuando no pasa nada grave. ¡Nodens cuida de nosotros!

Lord Repux dijo...

Si bueno bueno, yo estuve allí, y no se me acercó ningun Wendigo, aunque quizas mi mera presencia fue bastante para mantenerla a raya y salvaros la vida, ya sabes que el Emperador Repux solo tiene un temor, Las ZURRAS MANDURRIAS, esas si que dan miedo, señores...