(7 años de extravagantes aventuras)

domingo, 16 de diciembre de 2007

El Cuervo de Roger Corman


Los magos resultan fascinantes. Un empollón-gafudo-inglés con traumas infantiles es un éxito mundial y no por casualidad precisamente. Merlín el Encantador, Mary Poppins y La Bruja novata son la trilogía Disney de los 60 sobre Magos. Los caballeros Jedi son, después de todo, verdaderos hechiceros medievales. Todo el mundo ama a Gandalf.
¿Que es un mago? Un tipo que hace magia. Todos querríamos hacer magia a las tantas cuando hay que coger el metro o si vemos el mando a distancia muy lejos de nuestras manos. Si un tio grande nos amenaza también nos vendría bien tener poderes mágicos.
Areté, Maná, Conjuros diarios... lo mismo da una cosa que otra. Todo son sistemas para convertirnos, por un momento fugaz, en verdaderos magos. O brujos, o hechiceros, o nigromantes, o conjuradores, o encantadores.

El cine fantástico de aventuras fue por mucho tiempo considerado feudo exclusivo de la infancia. Pero esto no significa que, aunque estén dirigidas a los crios, no pueda haber grandísimas películas fantásticas de aventuras. Películas donde realmente se entiende el "sentido de la maravilla", asombrosas, entretenidas, divertidas y con valores. A este respecto se puede uno centrar en el aspecto "aventurero" (como en los filmes de Harryhausen) o cómico... como en El Cuervo.


El cuervo, producida y dirigida por Roger Corman es fantasía cómica de aventuras para niños. Se trata de MUY buena fantasía cómica de aventuras para niños. En ningún momento causa, ni pretende causar, pánico, espanto, miedo, asco o repeluznos. Hay muertos vivientes y herejías, pero también los hay en la Phantom Manor de Disneylandia (la mejor atracción de la historia de la raza humana).

La cuestión primera es obvia... ¿Es El Cuervo de Edgar Allan Poe el mejor relato para transformar en un cuento para todos los públicos? En principio, no. El Cuervo es la obra de Poe más famosa y terrible. Habla de La Muerte y La Locura.



UNA VEZ, AL filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!


Aquí una lectura por aprte del gran gran gran Vincent Price.



En definitiva: transformar el terror gótico en humor fantástico requiere pelotas. Pero esto no significa que fuera una mala decisión: en realidad la película coge muy poco de "El Cuervo" de Poe y sólo lo menciona a modo de homenaje, de forma que la historia queda libre para resultar divertidísima.

El guión es del mismísimo RICHARD BURTON MATHESON, el megagenio escritor de El Increible Hombre Menguante y, sí, Soy Leyenda. Con lo que el resultado final del mismo es simplemente magnífico.

El reparto es perfecto:

¡Boris Karloff!

¡Peter Lorre!

¡Jack Nicholson!

y, por supuesto, Vincent Price en el papel principal.

También está la muy reivindicable Hazel Court una dama bellísima que a sus 81 añazos aun sigue con vida.

Aquí el trailer del filme



Este trailer original no hace absolutamente ninguna justicia a la película, que es muchísimo más alocada y entretenida que lo que aparenta.

El argumento:

El Mago Erasmus Craven lee un libro de sabiduría antigua cuando un cuervo interrumpe su paz. El cuervo es en realidad Adolphus Bedlo, un mago borrachín y patético que ha sido transformado en pajarraco por el pérfido Scarabus, el poderoso Gran Maestre de la hermandad de Brujos el cual, además, le ha robado su equipo mágico. Erasmus ha perdido a su esposa Leonora hará tres años y aun la añora. Adolphus le convence de que ha visto su espíritu encadenado paseándose por el castillo de Scarabus, de forma que juntos partirán al castillo del malvado uno en busca de su amada y el otro en busca de su magia. Junto a ellos les acompañan sus hijos, el apuesto Rexford Bedlo y la hermosa Estelle Craven. Por supuesto los muchachos caeran enamorados.
Una vez llegan al castillo de Scarabus, aparece el poderoso mago, que les convence de que todo ha sido un error. Tiene una criada peliroja pero no es el espíritu de Leonora. Y desde luego convirtió a Bedlo en cuervo pero por que este intentó matarle primero. Bedlo, enfurecido, le desafía y tras intentar un hechizo demasiado poderoso, se convierte en mermelada de frambuesa.
Los tres visitantes restantes pasarán la noche en el castillo debido a una terrible tormenta. Por la noche, Erasmus trata de conciliar el sueño cuando... ¡Ve por la ventana a su esposa! Más tarde descubrimos que, efectivamente, es ella, pero es malvada y está con Scarabus por propia voluntad. Rexford descubre que el plan de ambos era usar a Adolphus (que en realidad, esta vivo y había participado en la trama) para atraer a Erasmus y robarle sus poderes.
Finalmente, se encuentran atados a un poste Rexford, Erasmus y Adolphus (¡El traidor traicionado!). El pérfido Scarabus amenaza con torturar a la pobre Estelle si Erasmus no le cuenta sus secretos... En ese momento, Adolphus pide piedad ¡Quiere que le conviertan en cuervo! Esta dispuesto a ser un animal ridículo toda su vida si con ello salva el pellejo. Pero esta vez, se trata de un truco, y cuando nadie le ve, el pajarraco negro empieza a picotear las cuerdas que tienen preso a Erasmus que se libera y comienza... ¡¡Un duelo a muerte de magia contra Scarabus!!
Tras numerosas muestras de poder por parte de los contendientes, Erasmus derrota y deja sin poderes a su rival. Leonora trata de regresar con el que ahora es el mayor mago de la Tierra pero Craven, muy inteligentemente, la rechaza.
Ahora Erasmus es Gran Maestre de la hermandad de Brujos y su adjunto es un cuervo parlanchín.


Esta vez no hay monstruos... ¡Pero tampoco hacen falta!
Una película de fantasía para recordar. Conjuros, héroes, villanos, castillos misteriosos y muchísimos gags de humor físico ¿Orientado al público infantil? Como comenté al principio, sí. Pero esto no significa que sea ñoño o estúpido. Nada más lejos de la realidad. Actuaciones exageradas pero increiblemente expresivas, una historia sencilla pero llena de sorpresas, diálogos inteligentes y unos escenarios magníficos. El Cuervo es, en definitiva, un trabajo genial de Roger Corman para su serie sobre Poe aunque esta vez el género no sea el de terror precisamente.





Y NADA MÁS...

3 comentarios:

SuperSantiEgo dijo...

Ay que te me has adelantado, cabronazo, aunque yo pensaba irme también por los cerros de Úbeda e incluso hablar de la versión de Alan Parsons Project, y si no conoces el disco Tales of Mistery and Imagination ya puedes ir buscándolo.

La batalla mágica entre Vincent Price y Boris Karloff es impresionante, cada uno repantingado en su sillón. El ataque simulado de las gárgolas utilizando el zoom es tan descarado y descacharrante que sólo puede ser clasificado como genial. Hace años leí un anecdotario de esta película y varios de los actores principales reconocían que fue uno de los rodajes más divertidos de su carrera.

Kike dijo...

De hecho iba a escribir un artículo sobre El Cuervo con Karloff y Lugosi y la anterior película de ambos actores basada en la obra de Poe, El Gato Negro.

Y sí, la batalla mágica es la caña aunque a mi lo de las gárgolas me pareció excesivamente cutre, no em dio la sensación de que concordara con el resto de los efectos mágicos.

No me extraña que se lo pasarán genial ¡Eso se nota en la película!

Cecile B. Demente dijo...

Pues yo también la tenía preparada para criticarla, la tengo descargada y el otro dia vi los cinco primeros minutos y ya quedé encandilado por la estética y la puesta en escena...