(7 años de extravagantes aventuras)

lunes, 5 de marzo de 2007

Cartas desde Iwo Jima


Clint Estwood finaliza su díptico sobre la Guerra del Pacífico con "Cartas desde Iwo Jima", donde la famosa batalla se ve desde el punto de vista de los derrotados, los japoneses. El mero planteamiento ya significa darle la vuelta a la tortilla y aunque no es especialmente original sí resulta novedoso.

En "Banderas de nuestros padres" se nos descubrió como la batalla de Iwo Jima no fue tan romántica como pretendieron los medios y que la famosa fotografía no era un montaje pero sí una casualidad sin la menor importancia.
En "Cartas desde Iwo Jima", vemos como la segunda guerra mundial representó un duro golpe para Japón que descubrió su vulnerabilidad. Asimismo la propia cultura bélica japonesa obligaba a los soldados a comportarse como máquinas cuando son en realidad, y ante todo, humanos.

En general la saga de Iwo Jima de Clint Estwood no presta gran atención a la acción como a las conversaciones y lso sentimientos de los personajes, quedando el desarrollo de la propia batalla en un segundo plano. Aun así, el parecido con la versión americana es mínimo lo cual es, a mi parecer, un error, ya que no da la sensación de ser la misma historia desde la perspectiva opuesta sino, simplemente, otra película totalmente distinta. Sólo tres o cuatro escenas coinciden y son, precisamente, tres de los mejores momentos de la película. Eso sí, yo ya expresé lo maravillosa que me pareció al anterior. Pues bien, esta es, aun mejor.

El desarrollo no carece de flashbacks y momentos extraidos del año 2005 pero en general se trata el relato de forma completamente lineal lo que ayuda a su comprensión y la inmersión en el mismo.

En "Cartas desde Iwo Jima" se nos cuenta como el general Tadamichi Kuribayashi llega al islote a tomar el control de las tropas. No sólo deberá lidiar con los americanos en una defensa imposible, sino que también se verá obligado a luchar contra sus propios oficiales que, oscurecidos por una mentalidad casi feudal, estan dispuestos a suicidarse antes de ceder sus posiciones. Mientras tanto Saigo, un humilde panadero, hará todo lo que pueda para salir vivo de la guerra y regresar con su amada esposa.

El personaje de Saigo es el auténtico protagonista de la cinta, a pesar de que Ken Watanabe hace un trabajo excelente interpretando al general, cuyo mayor interés reside en que vive entre dos mundos, el oriental y el occidental, ya que pasó largo tiempo en EEUU. Su decisión e integridad contrasta con su supuesta cobardía, debida unicamente a que no quiere morir ¿Y quien puede culparle por ello?

La fotografía es opresiva y oscura, lo que aumenta la sensación de vernos realmente inmersos en los túneles y cavernas donde los soldados se veían obligados a vivir y luchar. La documentación histórica resulta perfecta.

En definitiva: Una obra imprescindible, que cierra el círculo de un gran director sobre una guerra que en realidad fue, como todas, aterradora.

No hay comentarios: