Comedia de terror fantástico 100% española. Estreno el 2 de marzo.
domingo 29 de enero de 2012
sábado 28 de enero de 2012
¡¡Los titanes están libres!!
Lo del título me parece absurdo. Todo el mundo sabe que la traducción correcta para esta secuela sería "Choque de titanes".
Ira de Titanes Trailer Español por ent18
Pues sí, estoy deseando ver esta película. Es decir, ¿habéis visto la cantidad de MONSTRUOS que salen en tres minutos? ¿¿Que enfermo mental NO querría ver la peli??
Estreno en marzo, amiguitos griegos.
Ira de Titanes Trailer Español por ent18
Pues sí, estoy deseando ver esta película. Es decir, ¿habéis visto la cantidad de MONSTRUOS que salen en tres minutos? ¿¿Que enfermo mental NO querría ver la peli??
Estreno en marzo, amiguitos griegos.
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jueves 26 de enero de 2012
EL INFORME FRENILLO: Volumen tres (& finale)
Me cuesta mucho escribir estas palabras, mientras lloro amargamente como un niño que ha perdido a su madre.
No esperaba una próxima entrega del "informe frenillo" hasta, por lo menos, el año que viene. Claramente, me equivocaba, como cuando dije que Camps nunca se saldría con la suya. Los neófitos, podrán encontrar la primera parte de esta extraña serie aquí y la segunda aquí. La tercera (y, aparentemente, última), se presenta a continuación. Y es verdaderamente desgarradora. Un documento único, necesario, que demuestra los extremos infames hasta los cuales puede llegar un ser humano desesperado.
Reitero mi profundo pesar por lo que yo ya he leido y vosotros pronto leereis. Tampoco quiero que mi labor divulgativa parezca de interés comercial (pienso donar todo lo recaudado a una asociación protectora de caracoles).
La versión que os muestro aquí ha sido convenientemente editada en defensa de la salud mental de los lectores. Aun con todo, el texto es especialmente repugnante y ofensivo, más incluso que los documentos anteriormente publicados. Pero también debe considerarse el relato sincero de un alma torturada.
Evidentemente, el relato se ha acompañado de imágenes de corchos. Como Frenillo Impetuoso hubiese querido.

Una vez encontré las compresas de la marca favorita de Massogui (Intima Nutria Forte), empecé a revolotear por la zona. Al parecer, el lugar donde me encontraba debía de ser la sección de congelados, puesto que por todos lados había carteles de lo nuevo de César Vidal. No pude resistirme a coger un paquete de espinacas congeladas de la marca Nintendo. Me asombró que ahora las espinacas fueran también negras (nunca las había probado). De regalo con las espinacas venía un mortero y un videojuego llamado “Wii Sports”, el cual había pensado en salpimentar aquella misma noche. Hasta este momento no había reparado en la presencia del simpático personaje que me acechaba. En apariencia, no tendría más de cincuenta años ni menos de quince. Salivaba abundantemente por las comisuras de los labios y realizaba extraños movimientos espasmódicos en un período comprendido entre los cuatro y los cinco segundos. De sus manos emanaba un líquido viscoso, y su cuerpo desprendía un cierto olor a requesón anal mezclado con azúcar glass. Me seguía allá a donde iba, oliéndome la espalda y tomándome el pulso en el cuello de manera aleatoria. Yo ya estaba esperando para pagar mis espinacas en la caja registradora cuando al fin se decidió a hablarme… Me preguntó que por qué no me compraba la edición de espinacas blanca clásica, a lo que le respondí que me gustaban los riesgos. Luego preguntó que si era miembro del “Club de Fans Oficial de Star Wars España”, a lo que le respondí que solo sin azúcar. Entonces me enseñó sus nalgas, donde me dijo que tenía tatuada la cara de un tal George Lucas (yo sólo aprecié el dibujo de un montón de carne deforme de pelo cano). Me preguntó que si me importaba acompañarle a una tienda de comics, a lo que accedí de buen grado. Mi madre siempre decía que “hay días de lluvia y días aguados, el resto es sólo viruta y has de dejar que los demás decidan por ti siempre”.
Fui al coche y le dije a Massogui que se pusiera la radio, que cerrara el pestillo por dentro y que no me esperara despierta. Me puso esa cara que sólo saben poner las hembras cuando se quedan sin ver su programa favorito por nuestra culpa. Acto seguido, caminé con mi acompañante rumbo a la tienda de comics. Durante el trayecto observé atónito cómo desenvolvía los deuvedés, los brurréis y las figuras de plástico que se acababa de comprar. Extendió su mano y me regaló una figura de un tal Bioshock en señal de lealtad. Me dijo su nombre, Ambrosio Estupendamente, pero me pidió que, por favor, de ahora en adelante le llamara Lord WoW. Le dije que no habría ningún problema con eso, porque no volveríamos a vernos en la vida… Fue entonces cuando se paró me miró a los ojos. Dijo que hasta entonces no había conectado de forma tan directa con nadie, y que no podía decirle eso siendo yo su único amigo.

Aquellas palabras llegaron a mi corazón. No podía imaginar lo difícil que habría resultado su existencia, sin amigos, ni nadie con quien hablar o a quien contarle sus bajezas. Incluso me dijo que ni en Facebook (que es una empresa de construcción de empresas de construcción) había logrado superar nunca los dos amigos con los que contaba: Guillermo del Toro y uno creado por él mismo de forma ilícita. ¿Cómo iba yo a negarle mi amistad a aquel sujeto que conocía desde hacía tantos minutos? Como resultado, hicimos una pausa en nuestro camino hacia la tienda de comics y nos unimos en un largo abrazo en mitad de la calle, ante la atenta mirada de tres vagabundos, y de un niño que orinaba de forma consensuada encima de uno de ellos.
Una vez transcurrieron tres cuartos de hora de sentido abrazo, comencé a notar una extraña presión en mi pecho. Un bulto carnoso parecía golpearme con manifiesta violencia y empezaba a resultarme incómodo. Le pregunté que a qué se debía aquella invasión territorial, y me dijo que procurara entenderle, que hacía veinte años que no tocaba a nadie, y que considerara normal que su pajarillo buscara un cálido agujero donde anidar. Aquella presión estomacal obligó a separarnos al menos cuatro centímetros, espacio suficiente para comprobar que me había metido en el bolsillo de mi chaqueta dos entradas para una premiere privada de Star Wars en 3D (según él, el futuro no sólo del cine, sino también de la televisión y de la agricultura de regadío). ¿Acaso no eran aquellas muestras de amor sincero? ¿Acaso iba alguien a pensar que “sólo” se trataba de sexo? Seamos sinceros. Massogui no estaba mal, físicamente hablando, pero su continuo intento de incubar en mi persona la idea de traer progenie a un mundo como el nuestro me parecía una ofensa y empezaba a hacer mella en nuestra relación. Más aún cuando su principal condición era emplear para ello un esperma que no fuera el mío. Así las cosas, decidí, en un arrebato de locura inusitada, no sólo aceptar las entradas para la premiere, sino también jurarle a Lord WoW amor eterno delante de un juez.

Corrimos al coche y le solté la parrafada anterior a Massogui. Lo único que me dijo al respecto fue que me concedía la anulación del matrimonio a cambio de que cerrara la puerta del coche, porque estaba entrando biruji. Antes que nada, debía recuperar mi estupendo aspecto inicial, así que llamé a Escroto, el cual se encontraba en una convención de transplantes de uñas de acrílico en Malasia, y acordamos que la operación de cambio de especie fuera vía What’s Upadance. Lord WoW asumió labores de bisturí, mientras que yo le daba indicaciones precisas para ensamblar mis apechusques. Salvo el problema que supuso implantar mi poblado bigote en su sitio, la cosa no tuvo mayor complicación. ¡Al fin volvía a ser el Frenillo original, con sus escasas virtudes e innumerables defectos biológicos! WoW y yo corrimos, acto seguido, hacia los juzgados de Pradillo, donde conseguimos la anulación y el nuevo casamiento en el acto, gracias a una oferta de 2x1 del Family Check que llevaba en mi cartera. Consumamos nuestro amor en los establos del viejo Sam “El Cuclillas”: diez minutos ininterrumpidos de besitos y vejaciones, vestidos con trajes regionales de Cuenca. Aún con esas, fíjate, nos sobró tiempo para visitar a última hora la tienda de comics, y estar cenados y acostados antes de la media noche de aquel día.
Pero mi enfermedad, manifiesta en este tercer incidente, el afán de jugar hasta límites insospechados con las leyes de la Naturaleza, me había llevado, sin yo saberlo, a un punto sin retorno. Cuando comencé a escribirte este informe, no podía imaginar que la cosa se pondría tan chunguita, tan malita, tan, si me permites la palabra, jodidita. No quiero culpar a WoW. Todo esto no habría pasado si me hubiera ocupado únicamente de seguir el camino que me marcaron mis padres: coleccionar sellos y esperar una muerte rápida y sin descendencia. Pero no… tenía que complicarme la vida de esta forma… Henry, no te lo vas a creer, pero… Lord WoW, Ambrosio Estupendamente, resultó ser un “friki”. Sí… lo sé… ¿quién me mandaba a mí emparejarme con alguien perteneciente al estrato más denostado de la sociedad? ¿Por qué no hice caso a tu consejo? "Dedícate a los sellos y no te juntes con frikis". Era sencillo… Pero la vida es caprichosa, y, como dijo el poeta, “al final ya verás como picas”.
Las tiendas de comics fueron sólo el comienzo… Luego vinieron las premieres, las partidas de rol en vivo, los logros del Steam… Más tarde las redes sociales, los coloquios en Bellas Artes, los juegos de Reiner Knizia… Llegaron los rezos a Harryhausen, los cantos diurnos a Peter Jackson, los nocturnos a Mark Hamill… Mi perfil de editor de la Frikipedia, mi cuenta en OGame, mi colección de disfraces mitológicos… No tardarían los menús diarios en Burguer King, las quedadas de World of Warcraft, las lecturas colectivas de Lovecraft… Mi ritmo de vida se volvió asfixiante… y con él mi propio olor corporal: eliminé mi ducha de los miércoles y la cambié por una ducha mensual, tras comprobar que el género femenino acusaba un rechazo casi enfermizo hacia mi persona y mis congéneres… Con el paso de los meses, mi salud mental empeoró, y la física, simplemente, fue desapareciendo paulatinamente.

Hace apenas un mes, mientras me peinaba y daba volumen a mi entrecejo, asistí atónito a la aparición de un quiste de grasa en mi frente. Cuando se lo dije a Lord WoW, me comentó que era algo normal por lo que no había que preocuparse, me había metido muy de lleno en el frikismo y estaba empezando a mutar. Le hice caso, y empecé a preocuparme únicamente cuando aprecié que el quiste adquiría el tamaño de una sandía y me doblaba en peso. Para cuando decidí ir al médico, el quiste era ya tan grande que no cabía en la consulta y no pudieron atenderme. Un señor que leía un periódico en un banco me diagnosticó dos semanas de vida para el quiste y una para mí. Esta es la verdad. Lo que en un principio quería ser un informe para pedirte consejo acerca de si es mejor posicionarse del lado de un original o del remake, ha acabado siendo el más triste documento que jamás he firmado ni firmaré. Me muero. Y quiero que seas la primera persona en saberlo.
Mi querido Enrique, amigo y mascota, tú sabes que te aprecio un poco menos que a mí mismo, y que siempre he procurado apoyarte y aconsejarte. No quiero ponerme ninguna medalla, por eso simplemente diré que todas las sabias decisiones que has tomado en tu vida me las debes a mí, todo cuanto has conseguido me lo debes a mí, e, incluso, me debes veinticinco euros todavía. Quiero que sepas que te perdono todo. Mi último aliento una vez me asomo a las puertas del Infierno, mi consejo final, es que te dejes de blog, que vivas un poco la vida, y que tomes fibra regularmente. Al final me lo agradecerás. No olvides transmitir a tus lectores mi más cálido abrazo. Dedicaré mis últimos pensamientos lúcidos a la redacción de un testamento, ya te lo haré llegar de alguna forma. Estoy tramitando el divorcio con WoW por esto mismo. De igual forma, te digo: olvídate de agenciarte mi colección de figuras de ESDLA pintadas con los pies durante mi estancia en el psiquiátrico.
Al menos me queda el consuelo de que abandono este mundo con una buena mata de pelo. Adiós, amigos, siempre adiós, y para siempre. Gracias.

La tragedia cae sobre esta casa, normalmente repleta de risas. Todavía me cuesta creer que hayamos perdido a Frenillo para siempre. Un personaje tan auténtico, tan entrañable. Ojalá hubiese podido ayudarle de algún modo en sus últimas horas...
Quiero creer que, al menos, disfrutó de una vida feliz. O todo lo feliz que puede ser la vida en este loco mundo.
FIN
No esperaba una próxima entrega del "informe frenillo" hasta, por lo menos, el año que viene. Claramente, me equivocaba, como cuando dije que Camps nunca se saldría con la suya. Los neófitos, podrán encontrar la primera parte de esta extraña serie aquí y la segunda aquí. La tercera (y, aparentemente, última), se presenta a continuación. Y es verdaderamente desgarradora. Un documento único, necesario, que demuestra los extremos infames hasta los cuales puede llegar un ser humano desesperado.
Reitero mi profundo pesar por lo que yo ya he leido y vosotros pronto leereis. Tampoco quiero que mi labor divulgativa parezca de interés comercial (pienso donar todo lo recaudado a una asociación protectora de caracoles).
La versión que os muestro aquí ha sido convenientemente editada en defensa de la salud mental de los lectores. Aun con todo, el texto es especialmente repugnante y ofensivo, más incluso que los documentos anteriormente publicados. Pero también debe considerarse el relato sincero de un alma torturada.
Evidentemente, el relato se ha acompañado de imágenes de corchos. Como Frenillo Impetuoso hubiese querido.

Una vez encontré las compresas de la marca favorita de Massogui (Intima Nutria Forte), empecé a revolotear por la zona. Al parecer, el lugar donde me encontraba debía de ser la sección de congelados, puesto que por todos lados había carteles de lo nuevo de César Vidal. No pude resistirme a coger un paquete de espinacas congeladas de la marca Nintendo. Me asombró que ahora las espinacas fueran también negras (nunca las había probado). De regalo con las espinacas venía un mortero y un videojuego llamado “Wii Sports”, el cual había pensado en salpimentar aquella misma noche. Hasta este momento no había reparado en la presencia del simpático personaje que me acechaba. En apariencia, no tendría más de cincuenta años ni menos de quince. Salivaba abundantemente por las comisuras de los labios y realizaba extraños movimientos espasmódicos en un período comprendido entre los cuatro y los cinco segundos. De sus manos emanaba un líquido viscoso, y su cuerpo desprendía un cierto olor a requesón anal mezclado con azúcar glass. Me seguía allá a donde iba, oliéndome la espalda y tomándome el pulso en el cuello de manera aleatoria. Yo ya estaba esperando para pagar mis espinacas en la caja registradora cuando al fin se decidió a hablarme… Me preguntó que por qué no me compraba la edición de espinacas blanca clásica, a lo que le respondí que me gustaban los riesgos. Luego preguntó que si era miembro del “Club de Fans Oficial de Star Wars España”, a lo que le respondí que solo sin azúcar. Entonces me enseñó sus nalgas, donde me dijo que tenía tatuada la cara de un tal George Lucas (yo sólo aprecié el dibujo de un montón de carne deforme de pelo cano). Me preguntó que si me importaba acompañarle a una tienda de comics, a lo que accedí de buen grado. Mi madre siempre decía que “hay días de lluvia y días aguados, el resto es sólo viruta y has de dejar que los demás decidan por ti siempre”.
Fui al coche y le dije a Massogui que se pusiera la radio, que cerrara el pestillo por dentro y que no me esperara despierta. Me puso esa cara que sólo saben poner las hembras cuando se quedan sin ver su programa favorito por nuestra culpa. Acto seguido, caminé con mi acompañante rumbo a la tienda de comics. Durante el trayecto observé atónito cómo desenvolvía los deuvedés, los brurréis y las figuras de plástico que se acababa de comprar. Extendió su mano y me regaló una figura de un tal Bioshock en señal de lealtad. Me dijo su nombre, Ambrosio Estupendamente, pero me pidió que, por favor, de ahora en adelante le llamara Lord WoW. Le dije que no habría ningún problema con eso, porque no volveríamos a vernos en la vida… Fue entonces cuando se paró me miró a los ojos. Dijo que hasta entonces no había conectado de forma tan directa con nadie, y que no podía decirle eso siendo yo su único amigo.

Aquellas palabras llegaron a mi corazón. No podía imaginar lo difícil que habría resultado su existencia, sin amigos, ni nadie con quien hablar o a quien contarle sus bajezas. Incluso me dijo que ni en Facebook (que es una empresa de construcción de empresas de construcción) había logrado superar nunca los dos amigos con los que contaba: Guillermo del Toro y uno creado por él mismo de forma ilícita. ¿Cómo iba yo a negarle mi amistad a aquel sujeto que conocía desde hacía tantos minutos? Como resultado, hicimos una pausa en nuestro camino hacia la tienda de comics y nos unimos en un largo abrazo en mitad de la calle, ante la atenta mirada de tres vagabundos, y de un niño que orinaba de forma consensuada encima de uno de ellos.
Una vez transcurrieron tres cuartos de hora de sentido abrazo, comencé a notar una extraña presión en mi pecho. Un bulto carnoso parecía golpearme con manifiesta violencia y empezaba a resultarme incómodo. Le pregunté que a qué se debía aquella invasión territorial, y me dijo que procurara entenderle, que hacía veinte años que no tocaba a nadie, y que considerara normal que su pajarillo buscara un cálido agujero donde anidar. Aquella presión estomacal obligó a separarnos al menos cuatro centímetros, espacio suficiente para comprobar que me había metido en el bolsillo de mi chaqueta dos entradas para una premiere privada de Star Wars en 3D (según él, el futuro no sólo del cine, sino también de la televisión y de la agricultura de regadío). ¿Acaso no eran aquellas muestras de amor sincero? ¿Acaso iba alguien a pensar que “sólo” se trataba de sexo? Seamos sinceros. Massogui no estaba mal, físicamente hablando, pero su continuo intento de incubar en mi persona la idea de traer progenie a un mundo como el nuestro me parecía una ofensa y empezaba a hacer mella en nuestra relación. Más aún cuando su principal condición era emplear para ello un esperma que no fuera el mío. Así las cosas, decidí, en un arrebato de locura inusitada, no sólo aceptar las entradas para la premiere, sino también jurarle a Lord WoW amor eterno delante de un juez.

Corrimos al coche y le solté la parrafada anterior a Massogui. Lo único que me dijo al respecto fue que me concedía la anulación del matrimonio a cambio de que cerrara la puerta del coche, porque estaba entrando biruji. Antes que nada, debía recuperar mi estupendo aspecto inicial, así que llamé a Escroto, el cual se encontraba en una convención de transplantes de uñas de acrílico en Malasia, y acordamos que la operación de cambio de especie fuera vía What’s Upadance. Lord WoW asumió labores de bisturí, mientras que yo le daba indicaciones precisas para ensamblar mis apechusques. Salvo el problema que supuso implantar mi poblado bigote en su sitio, la cosa no tuvo mayor complicación. ¡Al fin volvía a ser el Frenillo original, con sus escasas virtudes e innumerables defectos biológicos! WoW y yo corrimos, acto seguido, hacia los juzgados de Pradillo, donde conseguimos la anulación y el nuevo casamiento en el acto, gracias a una oferta de 2x1 del Family Check que llevaba en mi cartera. Consumamos nuestro amor en los establos del viejo Sam “El Cuclillas”: diez minutos ininterrumpidos de besitos y vejaciones, vestidos con trajes regionales de Cuenca. Aún con esas, fíjate, nos sobró tiempo para visitar a última hora la tienda de comics, y estar cenados y acostados antes de la media noche de aquel día.
Pero mi enfermedad, manifiesta en este tercer incidente, el afán de jugar hasta límites insospechados con las leyes de la Naturaleza, me había llevado, sin yo saberlo, a un punto sin retorno. Cuando comencé a escribirte este informe, no podía imaginar que la cosa se pondría tan chunguita, tan malita, tan, si me permites la palabra, jodidita. No quiero culpar a WoW. Todo esto no habría pasado si me hubiera ocupado únicamente de seguir el camino que me marcaron mis padres: coleccionar sellos y esperar una muerte rápida y sin descendencia. Pero no… tenía que complicarme la vida de esta forma… Henry, no te lo vas a creer, pero… Lord WoW, Ambrosio Estupendamente, resultó ser un “friki”. Sí… lo sé… ¿quién me mandaba a mí emparejarme con alguien perteneciente al estrato más denostado de la sociedad? ¿Por qué no hice caso a tu consejo? "Dedícate a los sellos y no te juntes con frikis". Era sencillo… Pero la vida es caprichosa, y, como dijo el poeta, “al final ya verás como picas”.
Las tiendas de comics fueron sólo el comienzo… Luego vinieron las premieres, las partidas de rol en vivo, los logros del Steam… Más tarde las redes sociales, los coloquios en Bellas Artes, los juegos de Reiner Knizia… Llegaron los rezos a Harryhausen, los cantos diurnos a Peter Jackson, los nocturnos a Mark Hamill… Mi perfil de editor de la Frikipedia, mi cuenta en OGame, mi colección de disfraces mitológicos… No tardarían los menús diarios en Burguer King, las quedadas de World of Warcraft, las lecturas colectivas de Lovecraft… Mi ritmo de vida se volvió asfixiante… y con él mi propio olor corporal: eliminé mi ducha de los miércoles y la cambié por una ducha mensual, tras comprobar que el género femenino acusaba un rechazo casi enfermizo hacia mi persona y mis congéneres… Con el paso de los meses, mi salud mental empeoró, y la física, simplemente, fue desapareciendo paulatinamente.

Hace apenas un mes, mientras me peinaba y daba volumen a mi entrecejo, asistí atónito a la aparición de un quiste de grasa en mi frente. Cuando se lo dije a Lord WoW, me comentó que era algo normal por lo que no había que preocuparse, me había metido muy de lleno en el frikismo y estaba empezando a mutar. Le hice caso, y empecé a preocuparme únicamente cuando aprecié que el quiste adquiría el tamaño de una sandía y me doblaba en peso. Para cuando decidí ir al médico, el quiste era ya tan grande que no cabía en la consulta y no pudieron atenderme. Un señor que leía un periódico en un banco me diagnosticó dos semanas de vida para el quiste y una para mí. Esta es la verdad. Lo que en un principio quería ser un informe para pedirte consejo acerca de si es mejor posicionarse del lado de un original o del remake, ha acabado siendo el más triste documento que jamás he firmado ni firmaré. Me muero. Y quiero que seas la primera persona en saberlo.
Mi querido Enrique, amigo y mascota, tú sabes que te aprecio un poco menos que a mí mismo, y que siempre he procurado apoyarte y aconsejarte. No quiero ponerme ninguna medalla, por eso simplemente diré que todas las sabias decisiones que has tomado en tu vida me las debes a mí, todo cuanto has conseguido me lo debes a mí, e, incluso, me debes veinticinco euros todavía. Quiero que sepas que te perdono todo. Mi último aliento una vez me asomo a las puertas del Infierno, mi consejo final, es que te dejes de blog, que vivas un poco la vida, y que tomes fibra regularmente. Al final me lo agradecerás. No olvides transmitir a tus lectores mi más cálido abrazo. Dedicaré mis últimos pensamientos lúcidos a la redacción de un testamento, ya te lo haré llegar de alguna forma. Estoy tramitando el divorcio con WoW por esto mismo. De igual forma, te digo: olvídate de agenciarte mi colección de figuras de ESDLA pintadas con los pies durante mi estancia en el psiquiátrico.
Al menos me queda el consuelo de que abandono este mundo con una buena mata de pelo. Adiós, amigos, siempre adiós, y para siempre. Gracias.
Fdo:
Vuestro eterno amigo, Frenillo Jeremy Impetuoso
Vuestro eterno amigo, Frenillo Jeremy Impetuoso

La tragedia cae sobre esta casa, normalmente repleta de risas. Todavía me cuesta creer que hayamos perdido a Frenillo para siempre. Un personaje tan auténtico, tan entrañable. Ojalá hubiese podido ayudarle de algún modo en sus últimas horas...
Quiero creer que, al menos, disfrutó de una vida feliz. O todo lo feliz que puede ser la vida en este loco mundo.
FIN
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La Saga de Frenillo Impetuoso
¡Al nocillaje!

Ayer mismo me terminé "EL CORSARIO NEGRO", de Emilio Salgari (creador del mítico Sandokan).
Este clásico de la literatura de aventuras ha inspirado varias películas, una serie de dibujos, un bizarro anuncio de nocilla, e incluso un juego de wii (que por cierto, tiene una pinta horrible).
La verdad es que no he disfrutado tanto una lectura en mucho, mucho tiempo. La peripecia tiene un ritmo endiablado, personajes majísimos, entornos exóticos e inolvidables momentos de trepidanete emoción. Como tiene que ser. Que nadie busque complejas parábolas sobre la vida y la muerte, ejercicios de historia-ficción o estudios psicológicos. ¡¡A este barco se ha venido a DISFRUTAR, grumete!!
El estilo, si bien es algo tosco, resulta directo y enérgico, sin detenerse en detalles superfluos. De vez en cuando, el autor nos regala uno o dos párrafos en los que expone sus conocimientos sobre la flora y fauna del caribe, asi como la política del siglo XVIII o las armas de los filibusteros. Estos momentos, tan innecesarios como entrañables, proveen de necesario contexto a una epopeya sin un momento de respiro.
Entonces llego a la esperada resolución... ¡Ay! ¡Mi gozo en un pozo! Resulta que la historia termina como el culo. El villano no recibe su merecido, los eternos amantes no acaban juntos y, por si esto fuera poco, nuestro protagonista es humillado delante de sus hombres.
¿A estas alturas de la vida nos ponemos intelectuales? ¿Pero que mierda es esta, amigos?
Me meto en la wikipedia. Y confirmo mis peores sospechas: la novelita en cuestión tiene tropecientas millones de secuelas. Ah, claro. Ahora se entiende todo. El problema no es que en las últimas dos páginas al autor le diera un ataque de desmitifación postmoderna...
EL PROBLEMA ES QUE EL PUTO LIBRO NO TERMINA.
Cojones. Pues que bien.
No esperaba que un señor que lleva muerto más de cien años me estafase de semejante manera. Los escritores con bigotón del siglo XIX eran igual de cabrones que los productores de Hollywood del siglo XXI. Una vez más, se demuestra que los tiempos cambian... pero la gente no.
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miércoles 25 de enero de 2012
¿Eres lo bastante funky para aprender mates...?
Schoolhouse Rock! es un programa educativo de dibujos animados emitido en la cadena ABC de 1973 a 1985. Al parecer, empezó cuando David McCall quiso enseñar a sus hijos la tabla de multiplicar con una de sus canciones. El resultado, es la rehostia.
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martes 24 de enero de 2012
Memorias de tiempos futuros

El día 20 salió a la venta un disco recopilatorio especial de Blind Guardian. Se llama, muy adecuadamente, "Memories of a time to come". Al parecer, la banda ha tratado de reunir lo mejor de estos últimos 25 años de carrera musical con un mayor trabajo de estudio. ¡Celebrando el cumpleaños a lo grande, amiguitos!
Mentiría si no dijera que este grupo me ha proporcionado muchísima felicidad a lo largo de mi vida. Pero no recuerdo haber comprado uno sólo de sus discos. Nunca. Asi que me parecía de recibo hacer una excepción con el consabido "Best of album". Ahora me arrepiento de mi decisión, hermanos del metal.
Estas canciones ya las he oido. Y, francamente, veo pocas variantes de interés en las nuevas mezclas. No sé si soy tonto o qué. PERO NO NOTO NINGUNA PUÑETERA DIFERENCIA ENTRE LOS "REMIX" Y LOS ORIGINALES. En serio. Ninguna.
Igual es que hace falta ser músico profesional para hallar las "mejoras" entre los rasgueos de guitarra y los golpes de batería. Albricias. En los foros que he explorado hablan de este invento como si fuera la segunda llegada de Odín. Yo me siento un poco estafado, francamente. Las pocas veces que mi oído ha identificado variantes, como en "Nightfall", han sido A PEOR (ese eco superchungo). Y la que debería ser la gran sorpresa del disco, "And then there was silence" no me parece superior, en absoluto, a los 14 minutos que ya oímos en 2002.
No todo van a ser quejas, claro. "The bard's song" en versión orquestal suena verdaderamente genial (aunque la versión acústica sigue pareciéndome más evocadora). Y el clásico vikingo "Valhalla" mejora mucho con las voces actuales de nuestros frikiartistas favoritos.
Además, que todas las cancioncillas me gustan. De verdad que sí. Y ya sabía que no iba a encontrar composiciones nuevas. Sencillamente, me habría gustado un poco más de riesgo, de magia, de innovación...
Quizás los fans muy fans disfruten con el susodicho recopilatorio. Yo, por mi parte, tengo otros reinos que visitar y otros dragones que derrotar.
Los contenidos de los dos discos son los siguientes:
CD 1
Imaginations from the Other Side (7:11) *
Nightfall (5:34) *
Ride into Obsession (4:46) *
Somewhere Far Beyond (7:32) *
Majesty (7:29) *
Traveler in Time (6:01) *
Follow the Blind (7:11) *
The Last Candle (6:03) *
CD 2
Sacred Worlds (9:17)
This Will Never End (5:07) *
Valhalla (5:13) **
Bright Eyes (5:15) *
Mirror Mirror (5:09) *
The Bard’s Song (In the Forest) (3:26) *
The Bard’s Song (The Hobbit) (3:41) **
And Then There Was Silence (14:06) **
* Remezclado en 2011
** Regrabado en 2011
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lunes 23 de enero de 2012
Skirym en una calculadora
Acojonante invento, amigos.
¿Quién necesita un solitario teniendo gigantes de hielo?
¿Quién necesita un solitario teniendo gigantes de hielo?
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domingo 22 de enero de 2012
Arkham City: a love story

BATMAN: ARKHAM CITY es, sin duda, el JUEGO DEL AÑO 2011. Y la única razón por la cual no es, también, JUEGO DEL AÑO 2012 es por que existe este.
Una aventura divertidísima, desafiante y extremadamente fiel a la mitología del personaje. Puedes combatir contra bandas enteras con tus puños desnudos o asaltar a los criminales uno a uno mientras permaneces oculto en las sombras. Puedes resolver complejos crímenes usando tu ingenio como un auténtico detective o combatir contra terribles criaturas semihumanas. Visitar antiguas catacumbas, pasear por callejones oscuros o vigilar desde los rascacielos... ¡¡Impartir JUSTICIA!!
Curiosamente, lo que más me ha decepcionado del conjunto es el guión de Paul Dini, uno de mis escritores favoritos del mundo de la animación. El tipo se extiende tropecientas páginas en un disparate en toda regla con muchas tramas pero pocos misterios. Ahora bien, no quiero hablar ni de las numerosas virtudes del juego ni sus escasos (aunque llamativos) defectos. Quiero hacer una reflexión sobre EL FINAL.
A partir de aquí, Spoilers a cascoporro. Pero seamos sinceros, a estas alturas o bien te has pasado el título cien veces o ni lo has tocado.
En una ruinosa sala de cine, el Joker mata a traición a Talia Al'Ghul, uno de los eternos romances del desgraciado Bruce Wayne. A mi ese personaje me parece francamente ridículo. Y su aparición a lo largo de la historia la mar de forzada. Asi que tres hurras por el malo.
Es entonces cuando surge nuestro viejo amigo Clayface, una horripilante mole de fango con alma de poeta. Cuando el hombre murciélago le pregunta, extrañado, por qué obedece al Joker, el monstruo responde con total sinceridad "¡Es el papel de mi vida!"
ESTO es entender a un personaje. Punto para Dini.
Batman derrota a Clayface de una forma que podríamos denominar "cruel" y "definitiva". Esto es importante. Nuestro héroe no ha dejado de aclarar en voz alta una y otra vez su intención de mantener sus manos limpias de sangre... pero la verdad es que se carga a unos cuantos. A unos cuantos matones que aparecen "fallecidos" en lugar de "inconscientes" y a unos cuantos tipos deformes que, según sus estándares, no deben ser personas.
Pero al Joker no le puede matar.
El caso es que una vez que Clayface ha sido destruido, se nos recuerda el conflicto principal... el príncipe payaso del crimen está moribundo y sólo Batman posee la cura. El Joker trata de arrebatar el vial a su archienemigo pero sólo consigue tirarlo al suelo y que se parta en mil pedazos.
El villano trata, patéticamente, de consumir la medicina que hay esparcida en el piso. Pero ya ha perdido la oportunidad de salvarse. Batman se acerca al demente y, tranquilamente, le dice "a pesar de todo, te habría salvado". Joker le mira. Ríe. Y cae, muerto.
Las inmensas puertas de acero de Arkham City se abren de par en par. En el exterior, espera el comisario Gordon con un ejército de policías. Pero de la niebla no surge una jauría de criminales enajenados ni una horda de mercenarios armados con metralletas. Sólo surge una sombra vestida de negro que lleva en los brazos un cuerpo... ¿el cadáver de Talia?
PUES NO. ¡¡EL DEL JOKER!!
Gordon pregunta que ha ocurrido. Pero Batman, destrozado, no responde. Se limita a dejar el cuerpo de su rival sobre uno de los coches de policía. Y, tras esto, se marcha, tan misterioso como vino.
Es entonces cuando uno entiende de qué trata de verdad este juego. Y toda la saga del murciélago, en realidad. ES UNA HISTORIA DE AMOR. Pero no entre un "superhéroe" y un par de "tías buenas". En absoluto. Es una historia de amor entre un justiciero perturbado y un asesino de masas. En lugar de besarse con entusiasmo, se golpean con pasión, en lugar de buscar formas para estar juntos, buscan formas de despedazarse... pero el hecho es que se entienden. Y se necesitan. ¿No es acaso la contradicción tristemente notoria e inevitable en el desarrollo de cualquier relación humana? Pues eso.
Nosotros, los usuarios, como seguidores incondicionales del universo de Gotham y participantes activos en esta epopeya, entendemos y compartimos el sentimiento del héroe. La muerte de Talia nos importa un pito. La del Joker no.
Y es que hemos aprendido a amar al murciélago y al payaso de forma profunda y equitativa. Lo que les ocurra en la ficción nos afecta profundamente.
Lo facil sería decir que todo este asunto es una especie de chiste barato o una reivindación "gay". Pero considero un error simplificar el asunto hasta esos puntos. El interés de este desenlace radica, precisamente, en que ambos AMANTES son hombres heterosexuales sin problemas de erección (Harley plantea abiertamente en más de una ocasión las noches locas que disfruta con el señor J y Batman... bueno, es Batman).
No es importante la atracción física ni el romance. Existen muchas formas de amor. Y esta es, precisamente, la más humana: darse de hostias con aquel a quién deberías abrazar. Hasta que uno de los dos la diña... y el otro se da cuenta, de repente, lo que significaba para él.
Ay. Que final tan bonito.
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viernes 20 de enero de 2012
miércoles 18 de enero de 2012
EL INFORME FRENILLO: Volumen dos
Jamás habría creído que publicaría esto. Un viejo conocido del blog, Frenillo Impetuoso, me ha mandado un nuevo correo electrónico. Sí, él. Nos trae, como no podía ser de otro modo, una chabacana colección de disparates que más de uno encontrará (con razón) repugnante... pero es que, amados lectores, mis deberes como defensor de la verdad me obligan a publicar estos relatos completos y sin censura.
Recordemos que el primer "informe frenillo" fue publicado hace más de 15 meses. La disculpa que me envió el personaje por dejar su relato inconcluso tiene prácticamente un año. ¿Cómo esperar, a estas alturas, un nuevo capítulo? Pero aquí está.
Por lo que he podido descifrar entre sus numerosos mensajes SMS, al parecer decidió tatuarse la contraseña de su correo electrónico en la planta del pie izquierdo durante uno de sus viajes a Tailandia. Por alguna razón, el programa informático del hardware del software del troyano incrustado en la base del teclado de la herramienta del escáner de la pantalla le pidió cambiar la contraseña, con tan mala fortuna de no tener la picardía de tatuársela en la planta del pie derecho (esto implicaba otro viaje a Tailandia para ir a su tienda de tatuajes favorita). Más tarde recordó la contraseña mientras compraba jamón de york. Es por ello, y no por otra cosa, que no ha podido enviarme la segunda parte de sus espeluznantes aventuras amorosas hasta este mismo día. También ha adquirido una extraña afición hacia lo que él llama "cuadros de bebés renacentistas tocando tetas".
Pero estoy divagando. Os ofrezco un documento único. A partir de aquí, que cada uno saque sus conclusiones.


CONTINUARÁ...
Recordemos que el primer "informe frenillo" fue publicado hace más de 15 meses. La disculpa que me envió el personaje por dejar su relato inconcluso tiene prácticamente un año. ¿Cómo esperar, a estas alturas, un nuevo capítulo? Pero aquí está.
Por lo que he podido descifrar entre sus numerosos mensajes SMS, al parecer decidió tatuarse la contraseña de su correo electrónico en la planta del pie izquierdo durante uno de sus viajes a Tailandia. Por alguna razón, el programa informático del hardware del software del troyano incrustado en la base del teclado de la herramienta del escáner de la pantalla le pidió cambiar la contraseña, con tan mala fortuna de no tener la picardía de tatuársela en la planta del pie derecho (esto implicaba otro viaje a Tailandia para ir a su tienda de tatuajes favorita). Más tarde recordó la contraseña mientras compraba jamón de york. Es por ello, y no por otra cosa, que no ha podido enviarme la segunda parte de sus espeluznantes aventuras amorosas hasta este mismo día. También ha adquirido una extraña afición hacia lo que él llama "cuadros de bebés renacentistas tocando tetas".
Pero estoy divagando. Os ofrezco un documento único. A partir de aquí, que cada uno saque sus conclusiones.

Estimado Sir Henry:
Quizás fueran sus ojos, puede que el tanga con el logo de "El Capitán Pescanova", pero la única verdad es que la moneda de cinco céntimos fue a parar a su trasero, y con ella yo misma, que dos días después me encontraba hechizada por sus encantos de manera completa y terminal. ¿Cómo iba yo a saber entonces que sucumbiría a los encantos de una nutria?
Cuando a la mañana siguiente le pedí el divorcio a Sebas, no supo aceptarlo. Su proposición de ménage à trois con la nutria obtuvo mi tajante negativa y dimos por disuelta nuestra empresa. Se presentó con dos abogados trajeados en el puente y fuimos a visitar al juez especializado en divorcios H. Fitzgerald Chistorras, famoso en el mundillo judicial por haber conseguido separar amistosamente a Mariano Rajoy de su propio pene. Sebas se quedó con todo… Mi boli de varios colores, mi goma de borrar Milán edición especial de cinco metros cuadrados, mi falso título de licenciado en Comunicación Audiovisual (el cual usaba para tapar una humedad de la pared), y mi falso título de licenciado en Odontología (el cual usaba para tapar el falso título de licenciado en Comunicación Audiovisual).

La nutria resultó llamarse Massogui Alpunto. Su pasado es, cuanto menos, curioso. Natural de Senegal, le costó ganarse el respeto de los suyos, por obvios motivos de especie. Hija de inmigrantes franceses, en concreto de Anne-Marie Torrijas y Jean-Claude Van Dame Alpunto I de Francia y XXI de Andorra, había crecido en el seno de una familia pudiente.
Sus padres se dedicaban, como tantos otros padres, al cultivo masivo de marihuana y su posterior comercialización a nivel mundial (famosas son sus semillas “All-In-One-In-Two”, las cuales tienen tal efecto narcótico que te garantizan un viaje de cinco horas con varios personajes de los Looney Tunes a la Isla de Perejil, portes no incluidos). El nacimiento de Massogui no deja de tener cierto misterio… no sólo por el hecho de haber nacido nutria (un fenómeno que se da únicamente en un 0’0% de los nacimientos humanos senegaleses, y en un 0’00% de los nacimientos humanos mundiales), sino por ser el resultado de una reproducción por esporas. El rechazo entre los suyos fue brutal desde sus primeros años de vida. Massogui no era negra, y, además, era nutria, vistiendo de Prada, pero nutria. Y como es bien sabido, las nutrias están completamente vetadas en las formaciones de equipos deportivos de barrio, razón por la cual no pudo desarrollar sus aptitudes para con el rugby, viéndose por ello obligada a emigrar a otros países más tolerantes. Fue así como llegó a Italia hace algunos años, donde formó parte de la comitiva nocturna de Berlusconi. Junto a prostitutas de pechos operados, enanos de pechos operados y trapecistas de pechos operados, amenizaba las noches del popular demócrata. Berlusconi financió su operación de pechos.
Más tarde, mientras el bueno de Berlu dilataba la entrada trasera de Massogui, como cada noche, éste le propuso matrimonio. Pero Massogui no resultó ser como las otras nutrias a las que acostumbraba a cortejar el mandatario, y ante su continua negativa a verse atada a ningún multimillonario que se llame Silvio, la desterró de Italia y del mundo. Meses después, Massogui consiguió trabajo en la sección de “víveres exóticos” de una carnicería de Móstoles, donde se la vendieron al peso a un tal Emir Sacalasandalia, quien al comprobar que era hembra, se deshizo de ella tirándola por el desagüe del baño, y es así como acabó en las catacumbas de Madrid, y es así también como llegó a mí… como tantas otras novietas mías…

Como te decía, fue entonces, y sólo entonces, cuando, mi querido Kike, se produjo mi segundo incidente… la segunda revelación…
Bastó una llamada a Escroto Punzante para apalabrar mi operación. Escroto se encontraba en un local llamado “Flowers” por motivos de negocios, y tuvo que operarme vía Twitter (que es un programa de televisión especializado en venta de leche condensada), desde donde me daba instrucciones para proceder al cambio de sexo interespecial. La operación fue todo un éxito, aunque en un primer momento los genitales fueron ensamblados en mi axila derecha, error que subsané más tarde con un poco de cinta americana y grapas.
Tras diez o quince minutos de reposo, me había convertido en nutria, otra vez (esta es una larga historia, que algún día te contaré tras dos o tres cervezas sin alcohol).
Así las cosas, adecuándome a mi nuevo cuerpo, aprendiendo a ver sin ojos lascivos el hecho de orinar encima de mi pareja para marcarla como propiedad, deseosos de una vida mejor, de una vida plena, tomamos la primera desviación a los juzgados de Pradillo, donde un simpático cura disfrazado de funcionario nos casó.
Nuestra luna de miel transcurrió por completo de la granja del viejo Johnson. Fueron tres largas horas de pasión desenfrenada que harían palidecer las normas básicas de la física moderna. Como curiosidad contaré que, una vez consumado el acto sexual, es costumbre entre las nutrias rozarnos las espaldas con marcos de puertas astilladas. Es un dato que aún no contempla la Wikipedia (que es un periódico de venta en gimnasios), pero que puede comprobarse en distintos vídeos virales de pornografía lutrina.

A la vuelta, mientras Massogui conducía, me hizo saber un dato que había guardado en secreto desde que nos conocimos… Al parecer ella también había cambiado de especie dos años atrás, en concreto se convirtió en un colibrí durante el verano de 2008, pero no contenta con las restricciones de ciertos pubs italianos, se vio de nuevo obligada a volver a ser nutria. Este detalle me dio bastante seguridad. ¡Al menos no estaba solo en este pequeño gran circo que es la vida! Habíamos desarrollado, poco a poco, una relación basada en la amistad y la fidelidad. Y es por ello que ambos éramos fieles a acostarnos con otros miembros de la misma especie, y como buenos amigos que nos considerábamos, jamás realizábamos actividades conjuntas. Éramos una pareja feliz.
No recuerdo el momento exacto en el cual tuvo lugar el tercer incidente, causado por una enfermedad que, como ves, iba creciendo por momentos en mí. Pero ten por seguro que ocurrió entre nuestro segundo día de casados y el último.
Encontrábame yo, nutria como yo sólo, y siendo yo el único capaz de ser mí en mí mismo sin que mi yo mismo negara mi mí en mí, en un local de intercambio llamado “Fnac”, buscando desesperadamente un paquete de compresas (sin usar) para mi señora Massogui, la cual aguardaba en el coche, cuando me topé con un individuo peculiar…
Estimado Kike, aún me tiembla el pulso mientras escribo… estoy a punto de relatarte el fin de mi Historia, y no hablo únicamente en términos literarios… Aún no sabría decirte cómo ni por qué… pero acabé metiéndole una moneda de cinco céntimos en la hucha a un tipo que lucía una camiseta con un logo estampado que rezaba “Star Wars Episodio I”, esa comedia de los sesenta basada en los libros de dietas proteicas…
Quizás fueran sus ojos, puede que el tanga con el logo de "El Capitán Pescanova", pero la única verdad es que la moneda de cinco céntimos fue a parar a su trasero, y con ella yo misma, que dos días después me encontraba hechizada por sus encantos de manera completa y terminal. ¿Cómo iba yo a saber entonces que sucumbiría a los encantos de una nutria?
Cuando a la mañana siguiente le pedí el divorcio a Sebas, no supo aceptarlo. Su proposición de ménage à trois con la nutria obtuvo mi tajante negativa y dimos por disuelta nuestra empresa. Se presentó con dos abogados trajeados en el puente y fuimos a visitar al juez especializado en divorcios H. Fitzgerald Chistorras, famoso en el mundillo judicial por haber conseguido separar amistosamente a Mariano Rajoy de su propio pene. Sebas se quedó con todo… Mi boli de varios colores, mi goma de borrar Milán edición especial de cinco metros cuadrados, mi falso título de licenciado en Comunicación Audiovisual (el cual usaba para tapar una humedad de la pared), y mi falso título de licenciado en Odontología (el cual usaba para tapar el falso título de licenciado en Comunicación Audiovisual).

La nutria resultó llamarse Massogui Alpunto. Su pasado es, cuanto menos, curioso. Natural de Senegal, le costó ganarse el respeto de los suyos, por obvios motivos de especie. Hija de inmigrantes franceses, en concreto de Anne-Marie Torrijas y Jean-Claude Van Dame Alpunto I de Francia y XXI de Andorra, había crecido en el seno de una familia pudiente.
Sus padres se dedicaban, como tantos otros padres, al cultivo masivo de marihuana y su posterior comercialización a nivel mundial (famosas son sus semillas “All-In-One-In-Two”, las cuales tienen tal efecto narcótico que te garantizan un viaje de cinco horas con varios personajes de los Looney Tunes a la Isla de Perejil, portes no incluidos). El nacimiento de Massogui no deja de tener cierto misterio… no sólo por el hecho de haber nacido nutria (un fenómeno que se da únicamente en un 0’0% de los nacimientos humanos senegaleses, y en un 0’00% de los nacimientos humanos mundiales), sino por ser el resultado de una reproducción por esporas. El rechazo entre los suyos fue brutal desde sus primeros años de vida. Massogui no era negra, y, además, era nutria, vistiendo de Prada, pero nutria. Y como es bien sabido, las nutrias están completamente vetadas en las formaciones de equipos deportivos de barrio, razón por la cual no pudo desarrollar sus aptitudes para con el rugby, viéndose por ello obligada a emigrar a otros países más tolerantes. Fue así como llegó a Italia hace algunos años, donde formó parte de la comitiva nocturna de Berlusconi. Junto a prostitutas de pechos operados, enanos de pechos operados y trapecistas de pechos operados, amenizaba las noches del popular demócrata. Berlusconi financió su operación de pechos.
Más tarde, mientras el bueno de Berlu dilataba la entrada trasera de Massogui, como cada noche, éste le propuso matrimonio. Pero Massogui no resultó ser como las otras nutrias a las que acostumbraba a cortejar el mandatario, y ante su continua negativa a verse atada a ningún multimillonario que se llame Silvio, la desterró de Italia y del mundo. Meses después, Massogui consiguió trabajo en la sección de “víveres exóticos” de una carnicería de Móstoles, donde se la vendieron al peso a un tal Emir Sacalasandalia, quien al comprobar que era hembra, se deshizo de ella tirándola por el desagüe del baño, y es así como acabó en las catacumbas de Madrid, y es así también como llegó a mí… como tantas otras novietas mías…

Como te decía, fue entonces, y sólo entonces, cuando, mi querido Kike, se produjo mi segundo incidente… la segunda revelación…
Bastó una llamada a Escroto Punzante para apalabrar mi operación. Escroto se encontraba en un local llamado “Flowers” por motivos de negocios, y tuvo que operarme vía Twitter (que es un programa de televisión especializado en venta de leche condensada), desde donde me daba instrucciones para proceder al cambio de sexo interespecial. La operación fue todo un éxito, aunque en un primer momento los genitales fueron ensamblados en mi axila derecha, error que subsané más tarde con un poco de cinta americana y grapas.
Tras diez o quince minutos de reposo, me había convertido en nutria, otra vez (esta es una larga historia, que algún día te contaré tras dos o tres cervezas sin alcohol).
Así las cosas, adecuándome a mi nuevo cuerpo, aprendiendo a ver sin ojos lascivos el hecho de orinar encima de mi pareja para marcarla como propiedad, deseosos de una vida mejor, de una vida plena, tomamos la primera desviación a los juzgados de Pradillo, donde un simpático cura disfrazado de funcionario nos casó.
Nuestra luna de miel transcurrió por completo de la granja del viejo Johnson. Fueron tres largas horas de pasión desenfrenada que harían palidecer las normas básicas de la física moderna. Como curiosidad contaré que, una vez consumado el acto sexual, es costumbre entre las nutrias rozarnos las espaldas con marcos de puertas astilladas. Es un dato que aún no contempla la Wikipedia (que es un periódico de venta en gimnasios), pero que puede comprobarse en distintos vídeos virales de pornografía lutrina.

A la vuelta, mientras Massogui conducía, me hizo saber un dato que había guardado en secreto desde que nos conocimos… Al parecer ella también había cambiado de especie dos años atrás, en concreto se convirtió en un colibrí durante el verano de 2008, pero no contenta con las restricciones de ciertos pubs italianos, se vio de nuevo obligada a volver a ser nutria. Este detalle me dio bastante seguridad. ¡Al menos no estaba solo en este pequeño gran circo que es la vida! Habíamos desarrollado, poco a poco, una relación basada en la amistad y la fidelidad. Y es por ello que ambos éramos fieles a acostarnos con otros miembros de la misma especie, y como buenos amigos que nos considerábamos, jamás realizábamos actividades conjuntas. Éramos una pareja feliz.
No recuerdo el momento exacto en el cual tuvo lugar el tercer incidente, causado por una enfermedad que, como ves, iba creciendo por momentos en mí. Pero ten por seguro que ocurrió entre nuestro segundo día de casados y el último.
Encontrábame yo, nutria como yo sólo, y siendo yo el único capaz de ser mí en mí mismo sin que mi yo mismo negara mi mí en mí, en un local de intercambio llamado “Fnac”, buscando desesperadamente un paquete de compresas (sin usar) para mi señora Massogui, la cual aguardaba en el coche, cuando me topé con un individuo peculiar…
Estimado Kike, aún me tiembla el pulso mientras escribo… estoy a punto de relatarte el fin de mi Historia, y no hablo únicamente en términos literarios… Aún no sabría decirte cómo ni por qué… pero acabé metiéndole una moneda de cinco céntimos en la hucha a un tipo que lucía una camiseta con un logo estampado que rezaba “Star Wars Episodio I”, esa comedia de los sesenta basada en los libros de dietas proteicas…
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