(7 años de extravagantes aventuras)

domingo, 2 de septiembre de 2012

La batalla de los cinco ejércitos (de nerds) PARTE III


Como os estaba contando, los clanes orcos se habían aliado para dirigir su ataque final contra la Tierra Media. Los primeros afectados fueron los enanos, que, poco después de empezar la partida, fueron atacados por sorpresa. Casi todos resultaron muertos en el ataque, a excepción de tres o cuatro desgraciados. Uno de los supervivientes incluso había sido afeitado a la fuerza (es decir, que le quitaron la barba postiza).

Esto era un problema. Al parecer, todo el sistema comercial de nuestro autárquico microverso partía de los puñeteros enanos. Ellos extraían los minerales que luego se convertían en materias primas para hacer funcionar la rueda del comercio. Esto provocó una terrible escasez de alimentos y pertrechos que acabó con la vida de muchos buenos aldeanos. Y esto no es coña, por que las reglas planteaban que o tenías cada X horas una ficha de "comida", una ficha de "bebida" y una ficha de "pieles" o perdías varios puntos de vida. La inanición era un peligro muy real.

Impactado por estas noticias, decidí que era necesario hablar con los misteriosos elfos del bosque negro, en busca de su ayuda y consejo. Como los burócratas de la ciudad no parecían escucharme, tomé la determinación de ir yo en persona como embajador de la humanidad.

Un inciso: hay quien tuvo la suerte de interpretar a personajes de Tolkien. Nosotros tuvimos la suerte de pasear entre ellos.

Por supuesto, entre estas celebridades se encontraba Thorin escudo de roble y tres de sus valientes amigos. También estaban por ahí Bilbo Bolsón y el mismísimo Gollum, aunque el papel de ambos fué mas bien reducido. Si Gandalf aparecía, no le recuerdo.

Pero el mejor de todos, con mucha diferencia, era Smaug, el dorado, señor de la montaña solitaria. Una monstruosidad fabricada con telas iridiscentes y paper maché que debían manejarse entre cinco personas. Las reglas para este bicho eran muy simples: si lo tocas, estás muerto. Si te acercas, estás muerto. Si te oye, estás muerto. Eso sí, cualquier persona de bien consideraba un orgullo ser asesinado por semejante maravilla de la técnica. Al final, fue destruido por Bardo, haciendo uso de la infame flecha negra. Pero nuestros corazones siempre permanecerán junto a este simpático gusano de Morgoth.

Como iba diciendo, me adentré por mi cuenta y riesgo en las tierras perdidas de los eldar. Nada más llegar, me rodearon un centenar de arqueros (en realidad, eran dos, pero "un centenar" suena mejor). Mis ruegos, advertencias y súplicas fueron desoídas... hasta que llegó el noble senescal del rey. Accedió a concederme una áudiencia privada. Preocupado, le conté todo cuanto sabía y rogué por su ayuda. El senescal no podía prometerme nada, pero me permitió permanecer con su pueblo y me nombró "amigo de los elfos" lo cual, se supone, es un grandísimo honor.

Pasé mucho tiempo en el bosque negro, que era más agradable que estar a la solera en la zona de los seres humanos. Además, mi colega el senescal había diseñado un sistema comunista de repartición de alimentos para sobrevivir durante las vacas flacas. Cosa que a nadie más parecía habérsele ocurrido. También debo decir que la gente se fabricó unos graciosos equinos de madera para simular a los soldados de caballería... pero, dada la hambruna, acabieron comiéndoselos. Siniestro.

Fué en una de estas excursiones cuando tuvo lugar cierta experiencia que me marcó de por vida.

Mantenía con mi amigo una conversación sobre la calidad del vino de Dorwinion (que ni es blanco ni tinto ni tiene color), cuando, de entre las sombras, surgió un ejército de monstruos verdes. No sabíamos cuantos eran ni de donde provenían pero sabíamos algo: querían nuestras cabezas. O nuestros puntos de vida. Lo que sea.

Yo nunca he estado en muy buena forma física y tampoco se puede decir que sea una persona muy violenta. Eso, y que no tenía nada con lo que defenderme, me convertía en blanco fácil de la horda enemiga. Pero esquivé los golpes, salté, giré, corrí, me arrastré por el suelo y, como el improbable héroe de una peli de transformers, me zafé de mis enemigos.

Había mirado la guadaña de gomaespuma de la parca y me había reído de ella.

Aunque logramos suprimir la amenaza, estaba claro que el enemigo se estaba volviendo más atrevido. Pensé que lo mejor sería volver a la ciudad del lago, para reclutar unos cuantos valientes en la lucha.

No conseguí convencer a nadie. Eso sí, me gasté todo mi dinero de mentirijillas en comprar (por un precio abusivo) una de las espadas de sobra de la guardia de Bardo.

Ya pertrechado, me crucé con otro de mis amigos, uno al que le había tocado interpretar a un aburrido pescador. De algún modo, él también se había hecho con un arma. Nos miramos a los ojos. Ambos sabíamos como nos apetecía echar la tarde. Tras una corta conversación, tomamos una decisión: íbamos a combatir contra los orcos. No importaba cuantos fueran, no importaba su ferocidad ni su malicia. Mientras nos quedaran fuerzas, lucharíamos con ahínco, y, si era necesario, moriríamos en la lid.

Para llevar a cabo nuestra acción heroica, el compañero y yo nos adentramos en la maleza. No conocíamos la situación exácta del campamento enemigo pero sabíamos de donde venían los ataques. ¡Esos bellacos no podían andar muy lejos!

Como ya he dicho, el sitio era, en realidad, bastante pequeño. Pero, no sé muy bien como, logramos perdernos. Empezamos a dar vueltas en círculos, nos desviamos el camino y no distinguíamos un árbol de otro. Tras casi una hora de caminata absurda, llegamos, finalmente, hasta el campamento orco. Y no había nadie. Ni un miserable guardia. Nos dimos un voltio por el sitio, gritamos unos cuantos insultos e incluso nos sentamos a esperar en unas sillas de picnic que había por ahí. Pero nada. Nada de nada.

Decepcionados por el fracaso de nuestra misión sucida, dimos media vuelta y volvimos a la ciudad por donde habíamos ido. Esta vez, el camino se hizo algo más corto. Al llegar al punto de partida, nos encontramos con Esgaroth destrozada, sus ciudadanos aniquilados y su ejército dado a la fuga. Eso sí, de los orcos ni rastro. Habían terminado con lo que tenían que hacer y habían vuelto a casita.

No sabíamos si estar cabreados por habernos perdidos toda la acción o dar gracias de que nuestra estupidez nos hubiera salvado de la muerte. Era una situación extraña.

A todo esto se me ha olvidado mencionar que la ciudad tenía una guardia extraordinariamente bien armada, con corazas, escudos y lanzas. Eran soldados imponentes, ágiles y con gran resistencia física, expertos en el combate cuerpo a cuerpo. Se les conocía como "los maricas" (incluso entre los elfos). Por que no se movían de los límites de la ciudad bajo ninguna circunstancia. Los orcos se descojonaban de ellos constantemente mientras se paseaban por el campo con total tranquilidad. Muchos ciudadanos eran asesinados delante de sus narices pero los tipos estos no movían un músculo. Les daba igual todo, por que les habían dicho que se quedaran quieros y eran muy buenos obedeciendo órdenes. Afortunadamente, hasta el último de estos indeseables fué aniquilado en el asalto a Esgaroth.

También se me ha olvidado decir que, como si de una invasión zombie se tratase, los orcos cada vez aumentaban más y mas sus números. Y es que cada jugador que era dado muerte, regresaba a la partida como un maligno trasgo, engrosando de esta forma las huestes de Sauron. Eso sí, nunca estuve muy seguro de que ocurría con los trasgos cuando les mataban.

Deseoso de derramar sangre y tras haber sobrevivido a mil y un peligros, empecé a acompañar a Bardo (que, por cierto, estaba interpretado por una mujer) en sus patrullas. Pasé tanto tiempo con el grupito que acabaron nombrándome miembro honorario de la guardia. ¡Una carrera militar sin precedentes, amigos!


En una de estas, acabé volviendo al bosque negro (tampoco es que hubiese muchos sitios a los que ir). Esta vez, éramos una multitud de hombres, elfos y enanos, tratando de acordar una alianza que fuera beneficiosa para todos. En el punto álgido de las negociaciones, empezamos a oír rugidos desde el bosque.

Esta vez, el mal no pretendía pillarnos por sorpresa, sino que anunciaba su presencia, con cruel sentido del humor.

¡La horda orca estaba avanzando!

Nos superaban en proporción de 3 a 1. El más débil de los suyos tenía el doble de puntos de vida que el mejor de los nuestros. Estaban descansados, deseando hacer la guerra. Y contaban con catapultas. Unas catapultas de cagarse. Las susodichas consistían en unas putas cajas de zapatos llenas de bolas de papel de periódico. Las bolas volaban sobre el campo de batalla como las cagarrutas de un dios colérico. Según las delirantes reglas, a quien le rozara uno esos proyectiles, era aplastado irremediablemente. Una locura, vamos.

Cuando la batalla dió comienzo, no podíamos sino esperar una masacre. Estábamos condenados. Pero entonces, ocurrió algo mágico. Los enanos empezaron a cantar. La canción era bastante estúpida pero a nosotros, en esa situación desesperada, nos resultó verdaderamente evocadora. Nunca olvidaré la letra de tan emotiva elegía:

Los enanos van a la guerra,
Bajo nuestros pies temblará la tierra,
Las afrentas serán vengadas
Cuando Erebor sea liberada.


En un momento, combatientes de las tres razas estábamos cantando en voz alta. Yo recogí de la tierra el estandarte de Bardo y lo ondeé con orgullo. Los guerreros de la luz nos mantuvimos firmes, observamos al enemigo con furia y, sin ningún temor, empezamos a avanzar. Los orcos, cobardes por naturaleza, no podían entender semejante determinación y acabaron dándose a la fuga. Nosotros corrimos detrás de ellos. Flechas acolchadas rebotaban contra la espalda de los malvados soldados de Sauron mientras que nuestras espadas de látex se cebaban con los rezagados. Lo que debía haber sido la más triste derrota, se convirtió en una victoria sin paliativos.

Eran muy superiores en cifras, armamento y fortaleza. Pero les aniquilamos, gracias a la fuerza de nuestros corazones. Demostrando, una vez más, que la moral es el único factor que importa en cualquier guerra. Y si no, que se lo pregunten al general Patton.

El resto de la partida, aunque divertida, no puede ni igualarse a los momentos que he relatado arriba. Probablemente me olvide de algo, pero tampoco voy a escribir una novela. El caso es que hablamos mucho entre nosotros, dejamos atrás viejas rencillas, repartimos los escasos recursos de forma equitativa y, de este modo, construimos una comunidad nueva y más hermosa sobre las cenizas de la anterior. Muy pocos habían cumplido sus "tramas", pero todos habíamos ganado.

Luego vino la gran batalla final.

Esta batalla final era un invento un poco artificial, por que, en realidad, la historia ya había llegado a su conclusión. Pero el caso es que quedaban un par de horas de evento... y siempre es mejor terminar a hostia limpia que desafinar temas de Blind Guardian alrededor de una estufa eléctrica.

Uno de los organizadores (uno especialmente grande y peludo), se disfrazó de Beorn. Combatía utilizando unas garras de corcho con las que "despedazaba" a hordas de enemigos. Aquí los orcos ya hacían el tonto, y ni siquiera se esforzaban en defenderse. Se limitaban a tirarse al suelo con cómicas muecas de dolor. Los reyes, mientras tanto, alzaban sus banderas mientras entonaban chungos discursos, sin miedo a ser impactados por una flecha. Alguien había por ahí que simulaba ser un águila y emitía sonidos de pollo.

Puede que la imagen fuera un poco lamentable. Pero lo cierto es que, al fin, la peña empezó jugar DE VERDAD, dejando a un lado ese infame sentimiento de competitividad que nunca debería hacer presencia en el rol.

Cuando el polvo se disipó, los "master" nombraron vencedoras a las fuerzas del bien. Thorin logró el trono de la montaña solitaria y Gollum, al parecer, recuperó el anillo único de las garras de Bilbo. Un final satisfactorio, sin duda. Tras esto, como en un tebeo de Asterix, celebramos una última comilona todos juntos, en amor y compañía.

Poco antes de abandonar el albergue, mis colegas y yo decidimos probar nuestras propias armas en un emocionante torneo de gladiadores. Después de todo, nos había costado muchas horas fabricarlas y era injusto que ni la "espada de He-man" ni la "polla morada" hubiese entrado en combate. Pues bien. Por error, golpeamos una litera y casi la partimos en dos (sin exagerar). Tras esto, decidimos guardar los artilugios y no hacer mención de lo ocurrido.

A lo largo de los años, participé en otros eventos de rol en vivo. Ninguno pudo igualarse a este. Incluso aprendí a fabricar espadas acolchadas que no eran un peligro para mí mismo y los demás. Finalmente, llegó el día en el cual colgué los leotardos y abandoné el hobby para siempre. Pero nunca, jamás, abandonará mi recuerdo las emociones que viví durante "La batalla de los cinco ejércitos".


FIN

sábado, 1 de septiembre de 2012

La batalla de los cinco ejércitos (de nerds) PARTE II



Pues sí. Llegamos hasta el albergue donde iba a tener lugar el juego de Rol en vivo. Tres días y dos noches, amiguitos.

Como ya he comentado, la mayor parte de la peña tenía unos 30 tacos. Esto nos convertía, oficialmente, en LOS CRIOS del lugar. Afortunadamente, no nos trataron con demasiada condescendencia.

Sabíamos que la acción transcurría en Esgaroth, la "ciudad del lago". En el entorno de juego también se incluía el norte del bosque negro, la montaña solitaria y las colinas de hierro. Estábamos ansiosos por saber como habían recreado estos míticos escenarios o las distancias que los separan. En nuestra infinita ingenuidad, llegamos a plantearnos que, realmente, hubiera un lago. Pero no. En su lugar había unas cuerdas que señalaban los límites de la costa. El bosque negro era una pequeña arboleda. Las colinas de hierro pasaban a ser LA colina de hierro. Lo cierto es que el sitio era bastante pequeño y podía recorrerse entero a pata en menos de quince minutos... pero daba igual.

Molaba un huevo estar allí. Cualquier jarra de cerámica o estandarte nos parecía fascinante.

El nivel de los disfraces, por su parte, era bastante heterogéneo. Había gente que llevaba cota de malla fabricada a mano mientras que otros se paseaban por ahí con un indigno saco de patatas. Se podía ser orco, elfo, enano o miembro de la raza humana. Los orcos se pintaron de verde (aunque no recuerdo que ninguno llevase dientes falsos o uñas postizas), los elfos tenían pelucas y esparadrapo en las puntas de las orejas, los enanos simulaban ser bajitos... todos daban bastante bastante el pego. Excepto los humanos, claro.

Me saltaré nuestra primera noche en el albergue, las presentaciones y mis desventuras con una araña de cuarenta centímetros. Basta decir que hubo algunos momentos bastante vergonzosos y no todos lo protagonizamos yo o mis amigos.

Pero lo cierto es que el juego fué absolutamente genial.

Habéis de saber que toda partida de rol en vivo se basa en las "tramas". Unos folios que debe conservar cada jugador y en los cuales se puede leer su pasado, ambiciones y objetivos. Hasta aquí bien. El problema es que las tramas eran una BASURA inconmesurable.

Los elfos debían montar, atención, una "fiesta de cumpleaños". Además, debían desenmascarar a un bandido que había estado haciendo pinturas ofensivas, llenando el bosque de palabras como "orejotas" o "comeflores". Por ahí había alguien con problemas con el alcohol y otro empeñado en vender su excedente en calabazas. Mi gran aventura épica consistía en encontrar al ladrón de mi carro (lo cual nos retrotrae a cierto clásico de Manolo Escobar). Maravilloso, ¿eh? ¡Un material digno de ganar el premio Hugo!

Con este trabajo de guión tan lamentable, ¿como es posible que el juego fuera absolutamente genial? Por que nos pasamos las tramas por el ojete. Obviamente.

Los primeros en hacer caso omiso a estos intrigantes argumentos literarios fueron los jugadores orcos. Al parecer, había tres tribus distintas enfrentadas, cada una con un millar de ridículos conflictos internos. Esto era deliberado, claro, para impedir que atacaran a la media hora. Pero los adorables monstruitos verdes decidieron dejar a un lado sus diferencias hasta que hubiesen aniquilado a elfos, hombres y enanos. De forma que atacaron a la media hora. Los "masters" se cabrearon, por que, según ellos, habían actuado fuera de sus personajes. Yo no puedo estar menos de acuerdo. Hicieron EXÁCTAMENTE lo que habrían hecho los putos orcos de Tolkien.

Al parecer, la intención inicial de los organizadores era construir un juego basado en el comercio y la administración de recursos. ¡Afortunadamente, llegaron las fuerzas de Sauron para salvar la partida!

Los alimentos escaseaban, haciendo la supervivencia realmente complicada. Las batallas se contaban por docenas, los soldados caían por doquier y en cualquier momento podías ser víctima de una flecha perdida. Las fuerzas del mal habían invadido valles y aldeas, mientras que los hombres buenos se agrupaban en las profundidades del bosque. Esta situación sólo puede calificarse de una forma:

MAD MAX vs WARCRAFT
La hostia, vamos.

Fué de este modo como lo que se prometía como una versión coñazo de "Los colonos de catán" se convirtió en una epopeya que sería recordada por generaciones venideras.

Como es lógico y normal, ni la "espada de He-man" ni la "polla morada" fueron admitidas por los jueces. De forma que, en mi grupo, estábamos desarmados frente a las hordas de trasgos.

Los orcos, además, eran muy superiores a los demás personajes por alguna razón que nunca entenderé. Tenían más puntos de vida y mejores habilidades. Mientras que en las historias de la Tierra Media son masacrados como si fueran de mantequilla, para esta gente (criada con horteras ilustraciones de los 80), debían comportarse como putas máquinas de matar. Según uno de los master, "el equivalente a enfrentar un panadero con un boina verde con metralleta". Imaginaos la situación si, encima, nos superan en número y no tienen más meta que la destrucción total de sus rivales.

Nuestro deber a partir de este punto, como valerosos miembros de los pueblos libres, era detener la amenaza. Eat or be eaten. Y aquí se ve realmente quién juega para divertirse y quién juega para "ganar" (lo cual me parece de un ridículo mayúsculo).

Recuerdo a gente que decía cosas del tipo "lo importante no es el combate, es la interpretación". Lo cual demuestra que no se habían enterado de una mierda. El combate ES la interpretación. En un mundo cruel y violento donde las guerras duran décadas, es importante defender tu vida, demostrar fortaleza y saber luchar por los tuyos. Es realista que existan aldeanos que prefieren evitar los problemas, claro. Y siempre habrá ratas cobardes dispuestas a ocultarse bajo una roca al mínimo signo de peligro. Pero la lógica nos dice que en medio de un conflicto bélico de proporciones apocalípticas, nadie va a gastar su tiempo en encontrar componentes para fabricar un astrolabio casero.

Cualquier acción que ejecutes debe ser coherente con tu personaje, aunque esto te aleje de tus "objetivos" iniciales. ¡Igual que en las películas! Si de verdad prefieres ganar puntos cumpliendo una estúpida yincana en lugar de participar en un emocionante enfrentamiento entre el bien y el mal... es que eres gilipollas. De forma que los que decían tener más experiencia en este tipo de eventos demostraron ser, precisamente, los que menos interés tenían en "vivir" la experiencia. Que es de lo que trata el juego al fin y al cabo. Muchos preferían "cumplir su trama" sin pararse a pensar si aquello que hacían era realmente lo que haría su personaje. Les daba lo mismo lo que pasaba a su alrededor (destrozando en gran medida la atmósfera de ficción). Afortunadamente, estos supuestos "veteranos" no eran suficientes como para arruinar la partida.

Habíendome desahogado, continuo con el relato principal:

Todo comenzó una mañana como otra cualquiera en la bella ciudad de Esgaroth. El gobernador contaba su dinero. Bardo y su guardia permanecían atentos al horizonte. Los ciudadanos iban de un lado a otro, pensando en sus quehaceres diarios y preocupados por minucias. Cuando de repente, algo se avistó en la lejanía. Dos miembros de la raza de los enanos. Sus escudos estaban abollados, sus armas melladas y sus rostros cubiertos de sangre seca. Al parecer, su nación entera había sido masacrada en cuestión de minutos. Los que habían sido reyes ahora necesitaban asilo. ¡¡Se avecinaba una terible tormenta!!


CONTINUARÁ...

viernes, 31 de agosto de 2012

La batalla de los cinco ejércitos (de nerds) PARTE I

Hacía mucho tiempo que quería contar esta anécdota... pero hasta hace poco no me he atrevido a plantarme frente al teclado y narrarla como se merece. Me parece especialmente pertinente ahora que Peter Jackson ha decidido hacer "El Hobbit" y, ya de paso, adaptarlo en nueve putas horas cargándose toda la magia y sentido de la obra original. No, mi historia no tiene nada que ver con el cine.

Esta gran aventura tuvo lugar hace muchos, muchos años, cuando vuestro narrador era un tímido adolescente con poco dinero y una admiración no correspondida hacia el sexo opuesto (cosas que, en realidad, no han cambiado demasiado). En aquel entonces, tenía aficiones un tanto extrañas. Una de ellas me atormenta. Y ha llegado ya el momento de confesarla.

Lo cierto es que consumía todo tipo de productos de entretenimiento relacionados con el infame universo de la fantasía chunga. Primero los libros, más tarde películas, comics e incluso música. Luego vinieron los juegos. Juegos de ordenador, juegos de cartas, juegos de mesa y, obviamente, juegos de rol. Pero, claro, para un yonqui del frikismo como yo, aquello no era suficiente. No me bastaba con mi dosis habitual de warhammer para cubrir mis antinaturales necesidades. Una tarde de Dungeons & Dragons apenas me colocaba. Necesitaba algo más fuerte. Y lo encontré. Resumiendo, así es como entré, junto con mis bienintencionados colegas, en un universo sórdido y tenebroso. Me refiero obviamente a...

EL ROL EN VIVO

Decidimos empezar fuertecito. Si íbamos a meternos en esto había que hacerlo en serio. No íbamos a comenzar nuestras hazañas con batallitas de un día ni mariconadas de recreaciones históricas. Queríamos espectáculo, queríamos implicación, queríamos peligro. Queríamos sentirnos, de verdad, en la piel de un héroe perteneciente a otro tiempo y otro lugar. Nos fijamos en un evento de fin de semana que estaba siendo organizado por la "Sociedad Tolkien española" (una secta que da más miedo que la del emperador Xenu).

Nos enteramos de todo el percal por internet, obviamente. Estábamos suscritos a la lista de correo oficial. ¿Os acordáis de las listas de correo? Madre de Dios. Que espanto. Aquella era, también, la época del "modem". ¿Os acordáis de los "modem"? Madre de Dios. Que espanto.

Echando la vista atrás, no sé como perdí tanto tiempo con semejantes gilipolleces. Aunque lo más probable es que, dentro de unos años, piense exáctamente lo mismo de este puto blog.

¿De qué estaba hablando? Oh, sí.

La puñetera "Sociedad Tolkien española" estaba organizando un macro-evento épico del rol en vivo. Basado en uno de los pasajes más celebres de "El Hobbit". Hablo, como no podía ser de otra forma de...

¡¡LA BATALLA DE LOS CINCO EJÉRCITOS!!

Más adelante descubriríamos que el 90% de los participantes nos doblaba la edad. Pero voy a dejar este tipo de revelaciones para el segundo capítulo.

Hicimos nuestra reserva con celeridad. Pero se conoce que nos enteramos tarde del asunto, por que ya no quedaban papeles molones. En total éramos cuatro friksi sedientos de emociones fuertes. Y tres de nosotros tuvimos que lidiar con humanos apestosos. Granjeros de las afueras de la ciudad o algo así, no me acuerdo muy bien. Lo cierto es que no prestamos mucha atención a los resúmenes que nos mandaron por email ni a las fichas de personaje que nos dieron. En parte por que nuestros nombres eran jodidamente impronunciables, en parte por que nuestras habilidades eran inútiles y en parte por que nuestro trasfondo parecía escrito en quince minutos por un lemur puesto de crack.

Sin embargo, un miembro del grupo sí consiguió un rol relevante. El compañero se hizo nada menos que con el senescal de los elfos. Ahí es nada. Esta persona está ahora, atención, en HARVARD. De forma que, probablemente, acabaría con mi vida si diera su nombre. Pero sí, empezó su carrera política disfrazado de mamarracho entre gente que le sacaba quince años. Sólo diré esto: hasta la más hermosa perla no deja de ser el vómito de un molusco repugnante.

Ahora debíamos fabricar nuestros ropajes medievales y (atención, que viene la parte más divertida) nuestras espadas.

El combate era "real", pero debían utilizarse siempre armas acolchadas, se prohibían los impactos en la cabeza y era necesario retener los golpes. Nosotros, que éramos unos putos salvajes, creímos que bastaría con llevar espadas de esgrima recubiertas de cinta aislante o algo así. Pero, al parecer, esta gente tenía una política muy estricta con respecto a los artefactos podían llevarse al campo de batalla. Ningún arma que no pasara un concienzudo test podía entrar en el juego.

De forma que había que fabricar el arsenal desde cero. ¡No es problema!

Nunca he presumido de mi destreza como artesano. Básicamente, por que soy un negado total en la mayor parte de los trabajos manuales. ¿Sabéis eso que dicen, de que lo único importante es la paciencia y las ganas? ¿Que si pones esfuerzo en algo siempre lo conseguirás, sin importar la suerte o tus aptitudes? Pues no es el caso.

Yo decidí forjar un mandoble fotorealista con láminas de cartón superpuestas, pegadas con superglue. Pasé varias semanas diseñando el invento y, mas adelante, construyéndolo. Recubrí el puñetero cartón con gomaespuma y, tras esto, decoré la espada. Para este último paso utilicé tela plateada en el filo y tela blanca en la parte roma (pues me permitía pintar originales diseños con rotulador). Más tarde, tuve un último contratiempo. El mango se dobló al terminar el invento. No hay problema. Lo "soldé" con un pedazo de madera y cubrí el remiendo con una cuerda bien ajustada. Ni Hattori Hanzo, amigos.

Asi nació "la espada de He-man", un vergonzoso artilugio con aspecto de varano muerto que había que agarrar como si se tratase de un cartón de leche. No sólo era fea, sino incómoda de manejar, poco resistente y, contra todo pronóstico, letal cual motosierra.

Pero, asombrados lectores, "la espada de He-man" no era rival para lo que uno de mis amigos había preparado. Un tubo metálico recubierto de varios centenares de capas de cinta americana blanca, con una pelota en la punta a modo de glande. Y pintado en tonos violáceos. El resultado era una descomunal abominación más dura que el diamante y más antiestética que un cáncer de páncreas. Todos cuanto la han visto han sido incapaces de sacarla de sus pesadillas. Bautizamos esta cumbre de la ignominia como "la polla morada".

Lo de los disfraces no fué difícil. Todo el mundo sabe que una tunica y un gorro valen para prácticamente cualquier mundo de fantasía.

¡¡Ya estábamos pertrechados!! La epopeya daría comienzo muy pronto...

CONTINUARÁ...

jueves, 30 de agosto de 2012

¡¡LA GUERRA DE LOS SATÉLITES!!


Título original: War of the satellites
USA - 1958
Duración (min) 72
Blanco y negro
Dirección – Roger Corman.
Guión – Lawrence L. Goldman.
Música – Walter Greene.
Reparto – Richard Devon, Dick Miller, Susan Cabot, Michael Fox,
Robert Shayne, Jered Barclay, Eric Sinclair, Bruno VeSota, Jay
Sayer, Mitzi McCall, Roy Gordon.

Al parecer, Roger Corman decidió comenzar el rodaje de esta película cuando apareció por televisión el lanzamiento del Sputnik. Literamente agarró el teléfono y dijo “No tengo ni idea de que vamos ha hacer, sólo que quiero poner una película sobre viajes espaciales en cartel antes de 90 días.” Recibió 77.000 dólares para ello. 70.000, que era lo que costaban normalmente sus películas y 7000 más para las naves espaciales.

¿Que esperar de una producción con semejante origen? Rodado en 10 dias y
contando con poco más de una docena de actores, el sr. Corman nos presenta un melodrama pobremente interpretado en escenarios dignos de obra de teatro de primaria. Pero las (escasas) naves son muy bonicas y los trajes de cosmonauta verdaderamente elegantes. ¡¡Diversión asegurada para los amantes de la ciencia ficción retro!!

Preciosas chicas con cardados y efectos de sonido extraidos de "la guerra de los mundos". Que más se puede pedir en esta vida.

El guión está basado en un cuento corto de Irving Block y Jack Rabin, los cuales entraron en el proyecto como productores asociados y asistentes de efectos especiales. La historia es tal que la siguiente:

La ONU planea el lanzamiento del primer cohete tripulado al espacio. Es entonces cuando se recibe un mensaje de amenaza desde los rincones más oscuros del cosmos. Un malhumorado ente extraterrestre habla de la siguiente forma: si los humanos siguen adelante con sus planes, la Tierra será destruida. Sin embargo, ya sabemos que en los USA nos e negocia con terroristas, y los artífices de la misión deciden hacer oidos sordos. Mientras tanto, el científico que iba a subir a la nave, el doctor Von Ponder, sufre un accidente y muere. Tras esto su cuerpo es tomado por el malicioso ser de otro mundo, dispuesto a cumplir su venganza. El amigo de Ponder, Dave Boyer, se dispone a ser enviado más allá de la atmósfera... pero el cuerpo resucitado del científico intentará sabotear la misión. Tras momentos de gran confusión y peligro, Boyer meterá un tiro al alienígena disfrzado y logrará llegar al espacio exterior.


Un típico producto de su tiempo. Como de costumbre, la película, llamada "la guerra de los satélites" no incluye ni guerras ni satélites. Eso sí, Corman prometió tenerla en cartel en menos de noventa días desde su concepción... y consiguió este objetivo con creces. Sólo tardó 56 (casi la mitad, para los que vayan mal en mates). Podemos reirnos mucho pero yo eh visto pelis hechas con el doble de dinero y en el triple de tiempo y el resultado es muy inferior. Aquí al menos se entiende lo que pasa, todos los planos están enfocados y existe un relato que seguir, con sus puntos de giro y todo.

Para ver la peli entera (en inglés, sin subtítulos), AQUÍ.

Por cierto, que en esta sale el propio Corman. Hace un cameo, como técnico aeroespacial.

martes, 28 de agosto de 2012

Capitalismo extraterrestre



"Nexus OPS" es un juego de estrategia y combate repleto de simpáticos monstruos que se dan de hostias en una luna lejana. Pueden participar de dos a cuatro jugadores y la duración media de una partida oscila entre 45 minutos y una hora.

Aunque este título no está basado en ninguna novela ni película de ciencia ficción, su trasfondo resulta la mar de interesante y se integra perfectamente con las propias mecánicas del juego: cientos de años en el futuro, numerosas empresas se enfrentan entre sí en mundos distantes por el control del "Rubium", un mineral extraordinariamente valioso. Cada jugador deberá escoger una de estas corporaciones y, utilizando ejércitos de clones, mutantes y bestias alienígenas, debe recolectar todo el "Rubium" posible en el camino para aplastar a sus rivales.

El juego es fácil de encontrar en tiendas bajo el siempre fiable sello de "fantasy flight games". Su precio oscila entre los cuarenta y los sesenta euros (según donde se compre). Tengo entendido que el producto se ha vendido bien, y es posible que sus artífices ya estén planeando expansiones. Al parecer, se trata de una reedición... pero el original es prácticamente imposible de encontrar actualmente. Y, como suele ocurrir en el mundo de los juegos de tablero, esta nueva edición incluye numerosas mejoras tanto en los materiales como en las reglas.

Las reglas son extraordinariamente fáciles de aprender y explicar. Incluso los menores de 14 años podrán entender y disfrutar el invento. Lo cierto es que, acostumbrado a manuales que parecen el códice calixtino, me ha sorprendido mucho encontrarme con un folleto de apenas veinte páginas. Al principio pensé que tanta simplicidad iría en detrimento de la estrategia y la diversión: nada más lejos de la realidad. Muy al contrario, se trata de una ventaja notable frente a otros entretenimientos similares.

En su turno, cada jugador recluta nuevas tropas utilizando el "Rubium" acumulado, explora el tablero, destruye los enemigos que encuentre a su paso y recolecta más recursos. Conquistar nuevos hexágonos es necesario para obtener minas y controlar los caminos, pero algunas unidades tienen prohibido el acceso a ciertas secciones del tablero. Y luego está el "monolito", en el centro de la mesa. El jugador que logre conquistarlo, obtendrá numerosas ventajas para el resto de la batalla. ¡A la mierda la economía! ¡A la porra la intriga! ¡Que se joda la diplomacia!

Ver tantas cartas y figuritas puede, al principio, confundir al neófito. Pero no necesitará ni dos turnos para entrar en este universo. De hecho, la mecánica acaba siendo similar a la de una partida de RISK... aunque mucho mas táctico, claro.

Los combates son sencillos. Cada unidad tiene un valor de "ataque" que indica los resultados que necesita obtener en un dado normal de seis caras para provocar una baja entre las fuerzas del rival. El agredido escoge qué tropas que retira del tablero. Las unidades poseen también ciertas habilidades a tener muy en cuenta según el terreno en el cual se encuentren.

El manual incluye también numerosas variantes y reglas opcionales para fomentar la rejugabilidad. El tablero es diferente en cada partida, se puede escoger entre distintas las condiciones de victoria, existen dos sets distintos de guerreros espaciales para escoger... en definitiva, no se incluye un único "juego" sino muchos, muy distintos para, evidentemente, alargar la vida del producto. Estoy seguro de que esto alegrará el día a más de un jugón, harto de comprar cajas muy coloridas que apenas ofrecen tres partidas antes de repetirse como el ajo.

La calidad de los componentes es notable. Las criaturas de plástico tienen muchísimo detalle y resulta imposible confundirlas. Por su parte, todas las ilustraciones (tanto las de las cartas como las del tablero) cumplen perfectamente su función.

La caja, eso sí, es un desastre. En lugar de venir cómodos separadores de plástico, nos encontramos con un cubo de cartón inútil que ocupa el 80% del espacio. Afortunadamente, vienen numerosas bolsas de plástico para separar las diferentes unidades (algo que he echado de menos en otras ocasiones).

Pues eso, una de las sorpresas del año. Un juego estupendo en todos los aspectos, tanto para veteranos en estas lides como para recién llegados. No está basado en ninguna gran franquicia de éxito. Tampoco es uno de esos productos espectaculares con cientos de enormes figuritas y fortalezas a escala. Quizás, para algunos, sea demasiado dependiente del azar. Y quizás, para otros, resulte poco "sofisticado". Pero yo me lo he pasado muy bien todas las partidas que he jugado (incluso cuando he perdido) y tengo la firme creencia de que seguiré pasándomelo bien por muchos años.

viernes, 24 de agosto de 2012

Maratón basuril


Este viernes 24 de agosto se celebra el #basumaton en Canal+ Xtra. Más de 5 horas de chustas audiovisuales a partor de las 23 horas.

Los títulos seleccionados son:


AFTER DEATH (ZOMBI 4)

Mierda italiana de muertos vivientes estrenada en el año del señor 1989. Los que la han visto entera aseguran que nada de lo que ocurre tiene el menor sentido y de que se sufre riesgo grave de hemorragia ocular. Lo único que sabemos a ciencia cierta es que tiene un 3.2 en la IMDB.


ROBOWAR

Extraño cruce entre Robocop y Depredador, también de 1989. Su artífice no es otro que el inefable Bruno Mattei, camuflado por los hábiles individuos de marketing tras un nombre anglosajón inventado. El prota, por cierto, es un entrañable intérprete que sigue haciendo mierda hoy día.


BLACK ROSES

Demonios rockeros de 1988. O algo así. Un truño insoportable de hora y media que parece un día entero. Eso sí, algunas citas son verdaderamente gloriosas: "sólo dos tipos de personas llevan pendientes. Los piratas y los maricas. Y yo no veo que tengas un barco".


SUPERSONIC MAN

El clásico de superhéroes, acción y ciencia ficción del adorable Juan Piquer Simón. De 1979, nada menos. Sin duda, la más entretenida de las cuatro propuestas y la que tiene el tema principal más pegadizo. Sale un robot de los años 40 y el héroe convierte pistolas en plátanos.

Nos esperan en www.canalplus.es/cinebasura para comentar en el chat. Viruete y Paco Fox están de vacaciones, aunque han prometido pasarse... en algún momento.

¿Habrá alguien tan triste (o tan genial) para tragarse esta colección de despropósitos enterita de principio a fin? ¡Pronto saldremos de dudas!

jueves, 23 de agosto de 2012

"Brave" no es nada valiente


¡¡Otra decepción!!

Fuí a ver esta aventura de fantasía Disney con muchas, muchas ganas. Y mis esperanzas se vieron cumplidas... durante la primera media hora, apróximadamente.

El principio me parece absolutamente brillante. Así, sin matices. Los personajes resultan adorables (todos). Estéticamente, es una maravilla. Los clanes se llaman "Dingwall", "McGuffin" y "Mcintosh". Sale Conan. El universo en el cual transcurre la acción tiene miles de posibilidades. Por un momento, da la sensación de que nuestra heroina va a protagonizar su propia serie de Dark Horse. Red sonja para todos los públicos, vaya. El conflicto madre-hija planteado resulta la mar interesante (y humano). Pero es a a partir del minuto 30 cuando todos sabemos que la acción se va a complicar. Vemos a Mérida, con los ojos llorosos, recorriendo Escocia a lomos de su fiel corcel. ¿Que intrigantes derroteros puede tomar la historia a partir de este emocionante punto de inflexión? O, hablando en plata, ¿¡de que va a tratar EN REALIDAD la puñetera película!?

Las opciones que se abren a los guionistas son, literalmente, infinitas. Nosotros, miembros de una audiencia ilusionada, nos inclinamos con curiosidad frente a la pantalla. Por San Andrés que prestamos toda la atención posible. Y, finalmente, se nos regala una respuesta.

Oh. Trata de esto. Vale.

Sale una bruja supuestamente graciosa. Y a partir de aquí, cuesta abajo y sin frenos. Es decir, la película no es MALA. Pero tampoco es BUENA. Es muy triste decir esto de un relato que comienza prometiendo tantísimo. Todo el hilo argumental se va resolviendo de forma tópica, simplona, convencional, aburrida, predecible y tremendamente infantil. No hay aventura ni sutileza, el humor resulta poco efectivo y la acción parece impostada. Hacia el último tercio hay dos o tres momentos interesantes, lo admito, pero no ayudan a recuperarse del batacazo. En sus cien minutos de metraje, no hay nada especialmente estúpido... pero tampoco nada que llame mínimamente la atención al espectador varón mayor de 18 años. La historia bien podría pertenecer a una peli de dibus directa a video (con doblaje venezolano, claro).

No sé si el obstáculo eran mis desmesuradas expectativas. Como podéis comprobar, no he querido soltar detalles de la trama, por que opino que, si os llama la atención el proyecto, deberíais darle una oportunidad. Igual os gusta y todo. Pero, sinceramente, no creo que el problema de este producto sea que me haya me parecido mediocre "para tratarse de una de Pixar". El problema es que es decepcionante en general.

Y odio a los osos.